Después de unos días de descanso, retomo actividad con un inspirador proyecto del artista Adán Frelin.
Se llama White Line y consiste en una larga fila de fluorescentes unidas a lo largo de un cable de acero suspendido entre 2 colinas. La línea de luces se curva levemente para simular el valle.
Según leo, en este contexto, la luz de los fluorescentes se asemeja a la luz de la luna y las sombras que crea y la manera en que se iluminaba el valle, le confieren una apariencia casi sobrenatural.
El sonido y el agua del post anterior me han traído a la mente, irremediablemente a este maravilloso artista que hace mucho tiempo debía haber estado aquí.
Se llama Finnbogi Pétursson y trabaja con el sonido, pero no en forma de música o ruido, sino en estado puro, partiendo de sus propiedades físicas naturales. Finnbogi captura fenómenos acústicos en el agua, viento, metal y fuego componiendo piezas elementales en su forma y contenido, crudamente hermosas y poéticas.
Las obras que más me interesan son esas en las que Pétursson trabaja con la onda sonora que se transmite mediante altavoces por el agua formando reverberaciones en la superficie que se transmiten por todo el espacio gracias a focos de luz colocados bajo el agua.
Quería dejaros una instalación que me ha conmovido, no solo por el formato, sino por el alto contenido simbólico que encierra.
Se trata de la obra 16 Tons, que el artista Seth Wulsin llevó a cabo en la ex cárcel de Caseros de Buenos Aires, un espacio políticamente muy significativo, ya que se utilizó durante la dictaduras militares para para albergar presos políticos.
En el 2001 fue cerrada y se planteó su demolición mediante cargas controladas de explosivo, pero fue obstaculizada varias veces por los vecinos que temían que un gran impacto medioambiental en la zona. Finalmente se decidió ir demoliéndola de manera manual, planta por planta y en ese proceso de derribo, fue cuando se gestó el trabajo de Seth.
Hace unos días, Luzinterruptusme invitó a colaborar en su última instalación del año, dándoles una palabra que resumiera lo más importante que había perdido en el 2011. Su intención era lanzarlas al cielo antes de fin de año. El resultado de las aportaciones de 46 de sus amigos dio lugar a la instalación Lo que perdimos en el 2011.
Transcribo lo que ellos cuentan en su web:
“Para nuestra última intervención del año, hemos querido contar con buenos amigos, esos que han estado con nosotros durante todo el año.
Amigos personales y queridos a los que hemos pedido que nos dijeran la palabra que mejor definiera lo más importante que han perdido durante el año 2011.
Path consistió en un túnel que de manera laberíntica y zizagueante, que ocupaba todo el espacio de la galería. La única fuente de luz provenía de cortes verticales y horizontales a lo largo de la construcción. Por los bordes afilados de la estructura, la luz se dispersaba de tal manera que se producían sombras erróneas en las paredes, de manera que se por más que se intentará siempre se perdía la noción del espacio hasta quedar completamente desorientados y sin poder encontrar la salida.
Según nos cuenta el artista “pretende así aumentar la conciencia de nuestro cuerpo a través de la pérdida de nuestra orientación espacial. Los visitantes son así constantemente expuestos a la experiencia espacial de la descentralización, la desorientación, la fragmentación y la inseguridad. Puesto que no hay diferencia física notable entre nosotros y los objetos de fuera, nuestra capacidad para conceptualizar nuestro espacio circundante se convierte en obsoleto”.