A vueltas con el arte efímero, uno de mis temas favoritos, la obra de Takamasa Kuniyasu me parece un bello ejemplo, que no tengo mas remedio que dejar por aquí.
Cuando miro sus increibles construcciones situadas entre la obra arquitectónica y la escultura, no puedo dejar de acordarme de algunos de los artistas del Land Art que más me gustan, Andy Goldsworthy y Nils-Udo, del que tengo que hacer un post un día de estos.
Este artista japonés trabaja con pequeños trozos de madera y ladrillos, con los que va tejiendo complejas estructuras con forma de espiral que va girando sobre sí misma y que inevitablemente me hacen pensar en nidos de pájaros gigantes.

Este tipo de obra «tan natural» se integra a la perfección con el entorno elegido, produciendo la sensación de contemplar un trabajo de gran calidad, donde el arte se amalgama a la perfección con el medio ambiente.
A mí, que no he tenido el gusto de acercarme a ninguna de sus obras y que solo las conozco por fotos, me da la sensación de que dentro de ellas se debe uno sentir en un espacio vivo, donde huele a madera y el viento se filtra por sus paredes caladas, algo similar a estar en un templo natural donde relajarse y reflexionar.







