Hoy no voy a meter nada de rollo, que últimamente estoy muy peleona, así que os dejo imágenes de arquitectura efímera hecha en Chile por el artista, poeta y arquitecto Ignacio Balcells también conocido como El poeta de la mar.
Esta obra arquitectónica, escrita con letra minúscula, humilde y efímera, llamadaTorres de Agua-Corporación Amereida, fue levantada en Ritoque y poco hay que decir de ella que no se aprecie en las magníficas fotos de Felipe Fontecilla.
Cuanto más veo a la intervención del artista JR en Cartagena y tengo que decir que me la estoy encontrando por todas partes, más me acuerdo de Jorge Rodríguez Gerada, vaya por dios.
No se si os habéis dado cuenta que estos días me ha dado por enfrentas obras para ver qué pasa y hoy le ha tocado al trabajo estos dos artistas, por razones obvias.
Que JR esta muy muy de moda es evidente, ya lo estuvo en Londres y antes en Belén, ahora llega a España por la puerta grande para empapelar todo Cartagena con las caras de ancianos habitantes. Esta intervención se llama Los Surcos de la Ciudad y ha sido concebida para el festival La Mar de Músicas.
Que suerte tiene JR, le han puesto toda la ciudad a sus disposición y no hay localización de gran visibilidad que no se le haya brindado, hay que decir que sus intervenciones son bastante reversibles, lo que es un punto a su favor.
No sé exactamente por qué la obra de este autor nunca me ha enganchado, creo que puede ser porque sus imágenes me parecen muy evidentes y pretenciosamente provocativas y sus asociaciones de ideas para mí gusto tienen mucho que ver con las que se le ocurrirían a un diseñador al que le hacen un encargo publicitario.
Su trabajo, eso sí, es vistosísimo no voy a decir que no, magníficamente grande y muy muy decorativo, que no sería malo si no fuera porque creo que él pretende todo lo contrario, ser subversivo y provocativo.
Como fotógrafo, no tengo nada que objetarle, bueno eso si fuera reportero gráfico y su obra me llegara en un suplemento con el café del domingo, pero como artista urbano su trabajo en las paredes me deja fría.
Además su calidad artística como retratista, se tiene que medir, cara a cara y en las mismas fechas, con la del fotógrafo Pierre Gonnord que también expone en La Mar de Arte, en su caso 12 impresionantes retratos pictóricos de personas de origen gitano.
Total, todo esto de los retratos, me ha conducido a otro artista urbano que sí me gusta de verdad, se llama Jorge Rodríguez Gerada y para mí su trabajo tiene una coherencia artística que no encuentro con frecuencia en las calles de por aquí y de por allá.
Me gustan sus impresionantes pero delicadas caras dibujadas con la tradicional técnica del carboncillo que él ha adaptado a grandes formatos. Ver cómo sus retratos van desapareciendo en los muros medianeros, me reconforta puesto que este proceso de desintegración es parte importante, por no decir la esencia, de una obra generosa y altruista condenada a desaparecer por decisión de su creador, que ha optado por un material tan volátil como el carboncillo.
Además y sin que sirva de precedente, en el caso de este artista tengo que reconocer que me gusta escucharle, también ver cómo trabaja, ya que no oculta su cara ni actúa en la clandestinidad, ya pasó el tiempo en que fue un activista de la subversión y la culture jammer.
Se toma su tiempo, primero elige a sus modelos entre los vecinos del barrio, gente que le atrae y cuyo único requisito es que esté vinculada de alguna manera al espacio donde va a habitar su obra. Después, dibuja sin prisa, subido en su andamio parecer no preocuparse mucho por el tiempo que va a tardar en terminar y que, sin haber concluido, ya haya empezado el proceso de desaparición del mismo.
Recomiendo echar un vistazo a sus vídeos, que ilustran de maravilla la manera de pensar y de crear de un artista seguro de sí mismo que de puro coherente, a mi se me antoja de lo más subversivo.
Hubo un tiempo tampoco tan lejano, en que el trabajo de Gerada se podía ver por Madrid, era una época en que el arte urbano no estaba tan de moda y en la que casi nadie sabía nada de los artistas que trabajaban en la calle. Ahora la cosa ha cambiado y los medios de comunicación nos obligan a familiarizarnos con algunos nombres, cuyo trabajo no siempre está a la altura de su fama, y que tienen copado un mercado artístico cada vez más globalizado.
Desearía… que a alguno de los que mandan en esto de la cosa urbana, se le encendiera la bombilla del entendimiento y obsequiara a los muros de nuestra ciudad y si no puede ser, a los de otra cercana, con algún proyecto como el de Cartagena, pero esta vez realizada por un artista en mayúscula como es Jorge que vive y trabaja por aquí.
¿O es qué hay que esperar que lo reclamen de fuera para después hacerlo volver por la puerta grande, como le está pasando a unos cuantos?.
Si sirve para convencer a los que mandan, diré que ha sido mencionado por «la influyente»Francesca Gavin en un artículo para The Guardian en el que hace una selección de los 5 artistas más interesantes que no necesitan recurrir al spray ni a los estereotipos, para realizar trabajos creativos y subversivos. El resto de los seleccionado… mi admirado Cayetano Ferrer… los algo menos admirados Truth… y los nada CutUp collective y Zezao…
La instalación que me ha sorprendido se llama Die for You y ha sido concebida por la artista Charlotte Gyllenhammar hace ya unos cuantos añitos, 15 para ser más exactos.
Lo que hizo la tal Charlotte, fue colocar un enorme roble de 120 años 1,6 toneladas de peso y 12 metros de alto, suspendido boca abajo en una concurrida calle de Estocolmo.
El resultado es impresionante, ver ese árbol seco con raíces y todo, flotando sobre las cabezas de los peatones llama la atención, pero lo que me ha dejado verdaderamente boquiabierta ha sido ver el making of de la instalación.
Y es que el proceso mucho tiene que ver con el nombre que la artista ha dado a la instalación, puesto que el árbol verdaderamente ha muerto para esta creación «artística».
Según se puede apreciar en las fotos, fue desplantado de su lugar de origen cuando aún estaba vivo, transportado por un río, dejado secar, cercenado y subido a lo alto de la calle.
Alucino con la sangre fría que ha demostrado la creadora dejando morir sin pestañear a un ser vivo de 120 años y además lo ha expuesto boca abajo para el «disfrute artístico» de los paseantes.
Si lo que quería era ser epatante, misión cumplida si lo que quería era demostrar algo, yo desde luego no lo he entendido, eso sí impactar me ha impactado, pero una barbaridad…
Hoy un poquito de arte publico de camuflaje, obra de Joshua Callaghan, artista que también flirtea con la calle y que aún no ha sido fichado en Eko System y Wooster Collective. Digo esto porque tengo por norma, rota alguna vez, no comentar nada que haya salido recientemente en estas dos publicaciones, tienen tanta difusión que no me gusta ser repetitiva.
Bueno pues la obra de este artista consiste en camuflar mobiliario urbano, pero del más feo que existe y que son esos armarios donde se guarda, yo qué se qué y que, y que se reproducen como setas en medio de las calles.
Lo que él hace es tomar fotos del entorno en el que está situado el armario, caseta o como se llame, elige una para cada uno de los lados y vinila con ellas el objeto seleccionado. Se supone que si te situaras en el punto de vista desde el que se disparó la foto, el mamotreto pasaría totalmente desapercibido.
Para sus intervenciones, ha elegido sobre todo paisajes con gran profusión de vegetación, muy playeros y que se reconocen como típicamente californianos.
Este artista también expone en galerías y como digo siempre, es fácil que lo que en la calle parezca bueno, en interiores desmerezca. Aquí creo que tenemos un claro ejemplo.
El arte urbano de este artista tiene grandes coincidencias con un trabajo que me encanta y que para mí tiene una calidad artística muy superior a la de Joshua, se trata de las maravillosas intervenciones de Cayetano Ferrer de las que ya he hablado en este blog, no hay color….
Anoche asistí al espectáculo más grande del mundo, fui al circo y vi magia musical, sí, el mago fue Tom Waits, que con su garganta herida, su desamparada y cruda poesía, su trabajado piano y sus infernales acordes, fue capaz de ponerme en estado de levitación, sin truco ninguno.
Tengo que decir que para este acontecimiento, esperado durante años, ya llegaba preparada, había estado concentrada en él durante semanas, me había escuchado todos sus discos y había hecho introspección con ellos, así que ya llevaba de casa los sentimientos a flor de piel de gallina.
Ya con la segunda canción empecé a notar que jugueteaba con mi estómago, sentí una especie de sensación de vértigo y creí que me iba a doler, pero para nada, no se cómo lo hizo, el truco del artista no se puede revelar, que cuando me di cuenta, había abierto la jaula donde guardo las mariposas que me habitan el estómago y que baten sus alas en momentos de gran emoción y las había dejado en libertad.
Con el ritmo desquiciado de su música, este Flautista de Hamelin, de mariposas, se las llevó todas consigo, creo que las del que estaba sentado a mi lado también se fueron y las de muchos otros.
Él se las guardó en su ajado sombrero de hongo y en un momento dado, creo que cuando cantó You´re innocent when you dream las esparció por la sala, después le acompañaron en su recorrido musical por el infierno y otros sitios tristes y decrépitos de la creación, dejándome a mí un hueco en el estómago.
Seguro que a estas horas las está domesticando para que actúen en su circo de pulgas o es posible que las haya pinchado con alfileres en su colección particular.
He leído que para alguno, el concierto no fue perfecto, que el sonido fue deficiente, que no hubo total comunión con el público y lo único que yo puedo decir es que a mí me dejó sin fuerzas, sin palabras y sin mariposas con lo que me había costado guardarlas para que me hicieran cosquillas…
Y bueno, como no quiero que esto se convierta en un blog donde cuento mis historietas personales, voy a ilustrar todo este rollo sensiblero con la obra de dos fotógrafos que de alguna manera me han hecho pensar en la música de Tom.
Puede ser entre otras cosas porque sus trabajos de rara delicadeza y universos oníricos, son muy apropiados para portadas de disco o porque me transportan a mundos artificiales, habitados por seres extraños y crueles, tendentes al blanco y negro, como la música de Waits.