julio 6th, 2008

Tirando la casa por la ventana

Por defenestración se entiende el acto de arrojar algo o a alguien por una ventana. Y eso es lo que ha hecho literalmente el artista Brian Goggin, muy interesado en sacar el arte de las galerías, como demuestra en su instalación Defenestration. Para ello ha arrojado un montón de muebles viejos e inservibles, por las ventana de un edificio abandonado, parando su caída para dejarlos como congelados en posiciones imposibles.


Algunos se han detenido en los alféizares, otros han continuado su descenso por la fachada y la sensación que da es que los propios muebles, dadas las condiciones del edificio, hubieran decidido salir en estampida de él, reptando por la fachada, como si de insectos vivos se tratara.


La visión es de lo más llamativa, porque el artista no se ha limitado a coger los muebles y descolgarlos, sino que ha dotado de movimiento a todas las piezas, relojes de pared contorsionados, patas de sillas en posición de marcha, sofás curvados en su caída, mesas unidas por el vértigo, armarios a medio caer, bañeras que se esfuerzan para no precipitarse, frigoríficos con las puertas abiertas de puro miedo, lamparas retorcidas por el terror y así un catálogo de hasta 23 posturas…


Con esta intervención, situada en la esquina de la Sexta con la Calle Howard de San Francisco, en un edificio abandonado de cuatro pisos, el artista ha querido poner en evidencia, la precaria situación del barrio, que soporta aún el estigma de decadencia de Skid Row.


El mobiliario utilizado, es también de la calle, ha sido recogido en los contenedores de basura, y esa es parte de la gracia de la pieza, que invita a reflexionar sobre los sitios precarios donde algunas personas viven y las circunstancias que les llevan a utilizar lo que otros desechan.


La pieza es de 1997 y ha llegado hasta nuestros días intacta.


Desde luego, si la obra se encontrara en otro tipo de edificio y otro barrio, no pasaría de ser una pieza con pretensiones estéticas, pero la ubicación y el haber sido montada por mas de 100 voluntarios del barrio, hace que la cosa trascienda un poco más.


En otras obras del autor, como Photogenesis, Metered Growth, Desire for the other, Samson, Herd Morality, Climbing Frenzy, los objetos también han sido dotados de vida propia.




Muy poética su última pieza, Language of the Birds, en la que 23 libros iluminados están suspendidos en el aire, como si una bandadas de palomas blancas volara por encima de las calles de San Francisco.



Lo he visto en Yatzer las fotos las he sacado de Flickr.

julio 3rd, 2008

Misteriosas líneas y textos en paisajes nocturnos


Como dije, voy a continuar hablando de la obra de la artistas checoslovaca Magdalena Jetelová, ya que el resto de sus intervenciones también merecen ser admiradas. Destilan sensibilidad y un sentido estético de lo más fino, esto suena algo ñoño, pero en realidad, su trabajo no lo es en absoluto.


Me quedo con sus intervenciones de luz, en las que con la misma soltura maneja grandes superficies, salas pequeñas, o espacios exteriores inmensos, que ella embellece con sus líneas de luz y sus mensajes poético/reivindicativos.


Me gusta el proyecto Iceland donde la artista, mediante un rayo láser, traza la frontera geológica entre Europa y América a lo largo de unos 350 kilómetros que transcurren por el crudo paisaje de lava, grietas, vapor caliente de géiseres, de Islandia.


El mismo tipo de luz fue utilizadas en 1996 para su proyecto Crossing King’s Cross en el que los haces de luz, recreaban el trayecto de las vías de un tren fantasma que cruzaba paisajes desolados que pronto iban a ser convertidos en zona de alta densidad industrial.


Otra intervención es la llamada Atlantic Wall, en la que bunkers que la Wehrmacht sirvieron a la artista como pantalla, para la proyección láser de textos del libro The archeology of the bunker.


También ha dejado sus mensajes de luz en el interior de edificios, como el Palacio Belvedere de Praga, la iglesia St. Nicolai de Alfeld o el Kunsthalle de Recklinghausen…


En dos proyecto Marking by smoke desarrollados en Praga, la luz es sustituida por el humo. Un cartucho rojo de humo se quema dentro de las casas y sale a través de las aberturas en el techo quedando marcada la zona. Esto hace alusión al mapa político de Checoslovaquia en los libros de texto de la década de los 60, en la que se utilizó el rojo para marcar la propagación del conglomerado rojo.


Uff, qué pesado se hace explicar proyectos tan etéreos y que densos son de leer, así que, como siempre digo… mejor ver las fotos, que he sacado del la página de la autora.









julio 2nd, 2008

Hallazgos extraños en los museos


Los edificios que albergan museos y galerías están empezando a sufrir de lo lindo, no lo digo en broma. La culpa es de los artistas, que ya no se limitan a depositar la obra entre sus cuatro paredes sino que se empeñan en variar, en algunos casos drásticamente, la configuración de sus instalaciones o en darles extraños usos, para los que nunca fueron concebidos.


Tampoco quiero extenderme mucho pero, últimamente me he encontrado con cosas verdaderamente raras, tras los muros de los templos del arte. El último caso, recientito, nos lo brinda la Tate Britain londinense, que ha permitido que el artista de moda, Martin Creed, haya instalado una pista de atletismo en sus pasillos, por la que cada 30 segundos cruzará un corredor. Así será todos los días, durante 4 meses. La pieza se llama Work No. 850.

Al artista, le gusta correr, lo considera la antítesis de la muerte y al director del museo, no le ha parecido muy mal que la marca Puma patrocine esta performance velocística en su interior. Mientras, a los visitantes del museo les está prohibido correr, para no interrumpir así la carrera de los atletas.


Otro ejemplo de actividad impropia dentro de una galería se pudo ver el pasado mes de marzo en la Aram Gallery de Londres que, por obra y gracia del diseñador/artista Martino Gamper, se transformó en un restaurante. La pieza se llamó Total Trattoria.


En dicha sala/trattoria, todo el mobiliario y los utensilios fueron diseñados por Martino y cada noche se sirvió la cena a 30 invitados que degustaron los manjares y se llevaron el mantel usado como pieza artística.


En el Palais de Tokyo de París han rizado el rizo un poco más al construir en la azotea del edificio el «Hôtel Everland» que permanecerá abierto hasta diciembre de 2008. Es el proyecto artístico de los suizos Sabina Lang y Daniel Baumann que han llevado a cabo una especie de construcción parásita en la azotea del palacio de exposiciones, a la manera de las que nos propone Santiago Cirugeda, que simula un hotel de una única habitación que puede ser contratada por los visitantes para pasar la noche en ella.


En él todo es real y funciona como en cualquier otro establecimiento hotelero, incluso es atendido por el personal altamente cualificado del Hotel Sezz de París. El precio entre 333 y 444 euros noche.


«Hotel Everland» es una obra cuyo principio es poner al visitante en la situación real de utilizar una habitación de hotel. La ilusión de ser perfecto, la realidad de la explotación de un hotel debe ser respetada, sin olvidar que el Palais de Tokio es un lugar de celebración de exposiciones. Es una obra de arte y no un hotel comercial y lo que podría parecer una ambigüedad es el fundamento mismo de la obra de artistas que desea que el visitante se convierte en una parte integral de la obra.»


A otros artistas, les ha dado por destruir partes de los edificios en los que exponen y el caso es que los galeristas se lo permiten, uno de los más famosos casos fue el de Doris Salcedo que construyó su impresionante Grieta en la Tate Modern, para lo que hubo que romper el suelo de la Sala de Turbinas.


Otro ejemplo de destrucción,
es el cráter de Urs Fischer. Este artista, hizo desaparecer casi por completo el suelo de la galería Gavin Brown, dejándolo convertido en un agujero de tierra rojiza de unos 11 x 9 metros y 2,5 de profundidad.


Y todo esto me lleva a lo que de verdad quería mostrar, una pieza de la artista Magdalena Jetelová con la que me he topado hace poco, aunque en realidad fue realizada en el 1992 y se presentó en el Irish Museum of Modern Art de Dublín, en el Mak de Viena y en la National Gallery of Contemporary Art de Varsovia. En 1994, en el Martin-Gropius-Bau de Berlín.


La pieza se llamó Domestication of a Pyramid y consistió en simular que una pirámide había penetrado en el interior de un museo. Para ello, fue rellenado partes de las salas, con arena rojiza, de manera que se formaron planos inclinados que daban la sensación de que una pirámide había invadido el espacio, reventando la superficie y anegando todo lo que encontró a su paso.


El efecto es increíble, me ha sorprendido darme cuenta, que la pirámide, que quería domesticar la artista, a pesar de que excede con mucho el tamaño del museo que lo acoge, en realidad sólo existe en nuestra imaginación.


Lo único de verdad, eran unos pocos planos inclinado, que la artistas colocó estratégicamente, para que nos pareciera que la pirámide completa estába ahí y que además podíamos visitarla desde dentro del edificio, aunque éste fuera mucho más pequeño que nuestra pirámide imaginaria.


Uff menudo lío tratar de explicarlo, recomiendo ver las fotos que se entiende mucho mejor.


El resto de la obra de esta artista, que a mí me parece muy especial, la comento creo que mañana, ya que merece un post monográfico, no éste, que ya anda muy embarullado.

Dejo por aquí un artículo que me ha enviado Info. Se llama El mundo al revés: arte urbano en las galerías y cuadros en la calle ha sido publicado en la web del MURAC y trata, como os podéis imaginar, de confusión, arte urbano y museos. Un poco más de leña al fuego…

julio 1st, 2008

Hablando de Splasher… sí, esos que tiran pintura a las obras de Banksy…


Llevo bastantes meses empezando esta entrada y dejándola aparcada por no saber bien qué enfoque darle, ni tener una opinión clara al respecto. Tanto tiempo ha pasado, que creo que ya llego tarde, pero bueno, como es ahora cuando me asaltan dudas existenciales en cuanto a la evolución del arte urbano, pues es buen momento para meterle mano. Empiezo a escribir y a ver por dónde me llevan mis propias pulsaciones en el teclado.


Quería contaros lo de Splasher, ese colectivo neoyorquino de «vándalos callejeros», con ideas de corte marxistas, cuyo trabajo consiste en rociar de pintura, las obras de artistas urbanos cotizados.


Así como suena, obra conocida con la que se topan en las calles, churretón de pintura que se lleva. Se podría decir, que la misma aversión que siente Zevs por los logos de grandes marcas comerciales, la tienen los chicos de Splasher hacia la obra de los artistas urbanos más de moda. En ambos casos, el objeto de su odio se transforma en churretosas y dramáticas imagen.


Desde el 2006, actúan en las calles de Soho y Williamsburg y se han cobrado más de 100 víctimas. No persiguen a todos los artistas de la calle, para nada, tienen bien definido su target, artistas cuyo trabajo se paga caro en los circuitos comerciales; recordemos que en Nueva York el graffiti lleva algunas décadas siendo un verdadero negocio.


Artistas como Banksy, Obey, Momo, Frank Shepard Fairey han visto dañada su obra, Faile o Swoon no se han quedado de brazos cruzados ante los ataques entablando una batalla que a mí me ha hecho pensar, en un momento de debilidad mental, que todo pudiera ser una acción de guerrilla, planeada por algún artistas urbano para darse notoriedad o por estar mosqueado con el éxito de los demás.


Cada obra que atacan, es adornada con uno de sus manifiestos, titulados: «Avant-garde: advance scouts for capital» o “Art: The Excrement of Action» en los que arremeten contra la hipocresía del arte de la calle.


Plantean dudas sobre la validez y la situación del arte en la calle, alegando que si la obra que se deja en ella es considerada provisional y colectiva por sus autores, entonces deberían admitir que otros artistas actúen sobre ella.


Al final del manifiesto, una advertencia » intentar quitar esos manifiestos de la pared puede provocar daños físicos, al haber sido mezclada la pasta de papel con cristales.


Grupos tipo Splasher podrían ser considerados por sus defensores, los modernos dadaistas o situacionistas, que gritan para reivindicar que el arte urbano es mercantilista, que está ayudando a la gentrificación de los barrios marginales de Nueva York y que los artistas urbanos más cotizados, son niños bien de la burguesía blanca.


En el artículo de The Guardian, The Splasher: art or vandalism? la autora concluye que las acciones de Splasher desfigura el trabajo de otros, pero dando tiempo a que la obra sea vista por unos pocos, que opinarán sobre ella y eso le parece algo válido ya que la obra en la calle no puede ser estática, sino que tiene que evolucionar. Pone el ejemplo de cómo Banksy creo un mural callejero de la Mona Lisa vestida como el Ché y al día siguiente, alguien cambió la cara de la Mona Lisa por la de Bin Laden, con lo que consiguió un resultado bastante más relevante que el de la obra original. Según ella: «El arte urbano es algo que progresa, en lugar de algo para vender en Sotheby’s. Tal vez los Splasher tienen su punto …».


Copio un fragmento del artículo Street Art is Dead, publicado por Adbuster. «Todo el arte está sujeto al mismas ciclo evolutivo. Es creado, absorbido en la conciencia colectiva y, a continuación, codiciado.
No es suficiente que exista, debe ser de la propiedad de alguien. El arte de la calle surgió como resistencia a este hecho. Fue como decir
«fuck you» a los pequeños galeristas y a su fastidioso 50% de comisión. Un rechazo a la explotación de la naturaleza coleccionista. Fue una «democrática rebelión», arte para todos. Pero entonces empezamos a comprarlo y ahora nosotros, como cultura que demanda la propiedad e insiste en que el arte se cuelga en las paredes de color blanco brillante, hemos sido los «salpicados».


En las calles algunos se quejan de su manera de actuar, mientras que otros les demuestran su admiración al atreverse a vandalizar el vandalismo. Los más visionarios, ya se imaginan, la obra de este colectivo en las galerías de arte, codeándose y compitiendo en precios con los mismos a los que atacan.


En la línea de pensamientos de Splasher, el grupo Street Art Blows, invita a los artistas a guardarse su arte para ellos mismos.


Como apunte personal, diré que no me gusta la idea de que para reivindicar haya que destruir el trabajo de otros, aunque si alegasen que no están destruyendo sino modificando y mejorando una obra, volvería a no tener argumentos. Total que sigo tan liada como al principio.


Ahí dejo un montón de información más, que cada uno saque sus propias conclusiones porque yo me bajo aquí.


FlowerFaceKillah on the Splasher
GowanusLounge on the Splasher, y a followup post
Curbed on the Splasher
Streetsy pix of the splasher
I’m Not Saying on the Splasher, y la gallería de Splasher.
Splasher Strikes Again Across Williamsburg
Crappy wheatpasted edicts in Williamsburg: The excrement of lazy action
Informe New York. Judith Supine (¿y The Splasher?) en Bleecker St.







junio 30th, 2008

Diseños hechos como quien no quiere la cosa


Hace tiempo hablé con gran admiración del trabajo del artista urbano Helmut Smits y dejé para otro momento repasar sus incursiones en el campo del diseño. Bueno, pues ese momento ha llegado.


Ingenio no le falta y sentido del humor tampoco, también en sus piezas de diseño, era de imaginar conociendo sus intervenciones, me da verdadera envidia porque viendo sus muebles y lámparas sólo puedo pensar que han sido hechas con una facilidad pasmosa.


Tienen una apariencia tan fresca, que parecen ideadas con el mínimo esfuerzo. Como si de un juego se tratara, se agrupan algunas cosas de por aquí y de por allí y ya ha surgido, por ejemplo, una divertida y barata lámpara, hecha de envases de plástico… y además esta reciclando y reutilizando.


Para comprobar lo que estoy diciendo, sólo tenéis que pasaros por su web, de paso no olvidéis deteneros en sus esculturas y sobre todo en sus intervenciones, desde luego son de lo mejorcito.


Hay que ver,… unos tanto talento… y otros tan poco….


Lo he visto, je, je, en Flores en el Ático.








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