mayo 21st, 2008

Para más información, mira el reverso

Andrea Acosta, una joven artista Colombiana que trabaja en Alemania y cuyo proyecto se denomina I-mperfect 2.o, ha realizado intervenciónes en señales de tráfico, que poco tienen que ver con las que estamos acostumbrados a encontrar, mucho más reivindicativas y por supuesto siempre en un primer plano y por delante.

Pues esta artista lo que ha hecho ha sido utilizar la trasera de dichas señales y no precisamente para lanzar mensajes reivindicativos, sino para plasmar en ellas sutiles y delicadas formas vegetales.

Aún con el exceso de información que existe en los espacios públicos, la artista considera que poner estos casi imperceptibles dibujos en el reverso de las señales es un acto subversivo, que utiliza este espacio olvidado para cuestionar la funcionalidad de lenguaje de signos en el espacio público.


Este pequeño cambio en la superficie gris, tiene para mí el poder de interrumpir la vida cotidiana, hacer que la gente se pare a mirar, que cambie sus costumbres lo que inevitablemente conduce, a que reparen en esos pequeños detalles que les rodean.

La técnica empleada ha sido en algunos casos la pintura, en otro vinilos impresos y cortados y por último, directamente el dibujo ha salido a la luz limpiando la superficie.

Esta intervención tuvo lugar en una pequeña ciudad de Alemania, muy cerca de la ciudad de Bremen. La idea era conmemorar el 100 º aniversario de la muerte de la pintora Paula Modersohn-Becker. Desde luego a Andrea le salio un trabajo muy poético.

Echando un vistazo a su blog I-mperfect 2.o me han llamado la atención otra dos pequeñas y casi imperceptibles intervenciones que tienen como protagonistas al reino vegetal, pero en este caso a los más diminutos y humildes hierbajos que crecen a su libre albedrío en el pavimento.

La primera se llama Grasouflage y surgió cuando la artista fue invitada a realizar una intervención de un día, para conmemorar el 10º Mercado de la Flores en Weimar.

En primer lugar sacó el césped de su contexto y lo desplazó para acercarlo lo más posible al hombre, para eso lo colocó sobre los bancos y las sillas, de manera que se convirtió en parte del mobiliario que se uso durante la feria.

Además, colocó pequeñas etiquetas señalizadoras de color amarillo en las que escribió la cifra 0,00 marcando toda la zona donde habían surgido pequeñas hierbas salvajes entre el empedrado. Con ello la autora quería hacer un delicado comentario fuera de contexto sobre el valor y la propiedad en un espacio público.

La segunda intervención, llamada 0,00 fue una continuación de la anteriormente mencionada y consistió en llevar la acción de las etiquetas amarillas a una superficie mucho mayor.

Para ello, eligió una zona con muchas hierbas salvajes, situada en una isleta, en el cruce entre dos calles. Con esta acción, además de más espectacularidad, consiguió un público insospechado al verse obligados los coches a parar en el cruce.

Estas de Andrea son un tipo de intervenciones artísticas que según mi opinión pueden tener incluso más impacto que otras más agresivas, precisamente por apelar a la sensibilidad, a la delicadeza y a lo diminuto.

El resto de sus trabajos, que se pueden ver en su blog, responden a estas mismas característica.

Lo he visto en 72dpi.

mayo 13th, 2008

La arquitectura como regalo

Hoy me han hecho un regalo, de los que más me gustan, de esos que son desprendidos y que entrañan esfuerzo, que no se pagan con dinero y que requieren trabajo intelectual, vamos un regalazo del que no todo el mundo estaría dispuesto a desprenderse.

Se trata de un pedazo de artículo que el arquitecto Andrés Moya, autor del blog Bv Bitácora Virtual ha escrito para Flylosophy, otro espacio virtual que comparto con mi compañero y sin embargo amigo Ángel.

Bueno, pues el artículo viene adornado con el bonito título de: La arquitectura como regalo y no es pasión de madre, pero no tiene desperdicio, está contado desde un punto de vista tan cercano y personal que hace que según vas leyendo te impliques sin querer en las vivencias del autor.

En él, como os habréis imaginado, no se habla de esa arquitectura que depende de grandes presupuestos, que pretende convertirse en punto de peregrinación de turistas ávidos de una buena foto y que compite en magnificencia y lujerío con las piezas coleccionadas por el resto de ciudades con ese tipo de intereses.

Se habla de arquitectura que se sustenta en palabras tan frágiles y perecederas como: caducidad, gratuidad, temporalidad y todas las que que se relacionan con la cosa efímera.

Estas obras, tan meritorias y originales, que merecerían estar sujeta a una férrea legislación protectora, sin embargo se plantean como una donación desinteresada.

En el artículo se citan varios ejemplos. Por su espectacularidad no puedo dejar de mencionar el trabajo de Arne Quinze, para el Burning Man Festival del 2007, realizado en Death Valley.

La pieza arquitecto-escultórica, formada por 150 kg de listones de madera, se construyó durante 3 semanas y en las que trabajaron 25 personas hasta completar una estructura de 60m x 30m x 15m de alto, fue quemada en una gran hoguera de fin de fiesta que en el contexto del festival debió simbolizar algo así como un ritual de purificación, o no.

Mas allá de si la pieza es poco ecológica, si contaminó la atmósfera, si destruyó arboles o si fue patrocinada por una marca comercial, lo siento no se puede ser perfecto, el resultado me parece de una complejidad y calidad estética que se agradecería hubiera sido indultada, como el mejor ninot de las Fallas.

Otras piezas que se nombran en el artículo son las realizadas por la Escuela de Arquitectura de la PUCV que lleva más de 20 años realizando arquitectura efímera por América la cual desprendidamente dona a todo el que quiera hacerse cargo de ella, porque en este caso no se destruye, simplemente se abandona.

Al tipo de arquitectura que realizan la llaman Arquitectura de travesía increíble definición para referirse a un tipo de construcción que ni se encarga ni se vende, en la que no hay clientes.

«Los arquitectos y alumnos que las diseñan, son los que las construyen (y los que las financian). Su emplazamiento en lugares remotos conlleva a que tampoco hay muchas leyes o regulaciones urbanísticas a seguir en su diseño y construcción. Es decir involucran un alto grado de libertad.

Se trata de obras, que se construyen como acto concluyente de un viaje de estudio de profesores y alumnos (travesía). Suelen estar asentadas en lugares muy remotos, y definidas en el momento y lugar mismo del viaje».

Como ejemplo, por su similitud con la obra de Arne el artículo nombra la pieza realizada por la escuela de arquitectura en Tehuaco, Chile, en 1986, además, en el archivo de la propia escuela, se pueden conocer el resto de sus trabajos.

Como aportación personal una obra reciente que «algo» tiene que ver con todo lo anterior, quizá no esté creada con un concepto tan romántico, pero en la que se puede ver un buen ejemplo de arquitectura efímera aplicada a los entornos urbanos.

Se llama Cityscape y el autor… pues también es Arné Quinze, que esta vez ha pensado en una intervención cuyo fin es llenar un solar a la espera de la construcción de, desgraciadamente, un centro comercial.

La obra tiene como fin ser cobijo para los transeuntes, y aunque está financiada por la promotora del centro comercial, la realidad es que es un magnífico ejemplo de cómo una construcción efímera puede tener un impacto positivo en un barrio, aunque este esté a la espera de un centro comercial.

Para terminar con este post no puedo evitar copiar íntegros los dos últimos párrafos del artículo de Andrés es que me siento incapaz de expresarlo mejor.


«Ciertamente hoy, mucho de la arquitectura más reconocida, y elaborada por arquitectos destacados, proyecta una imagen de tendencia internacional y fuertemente ligada a lo comercial. Una arquitectura mercantil. De producto de marca, que la hace ser costosa para la ciudad que la acoge. Se vuelve adorno y por tanto se cree que deben ser trascendentes e intocables. Arquitectura de lujo, tan exclusiva que las vuelve también poco sociales.

Pero existe también la arquitectura que es obra como la de Quinze y la propia Escuela de la PUCV. Una arquitectura casi antagónica a la tendencia de la mercantilización de hoy. Es una arquitectura, que apela a los actos espirituales, que rescatan o vuelve a aflorar ese vínculo social con los actos urbanos de encuentro y ocupación. Una arquitectura que da lugar a la celebración de fiestas y juegos. Y que contempla en su sentido mismo actos de entrega y compartir desde una gratuidad, como es el donar o el regalar. No son efímeras en el sentido de una anti arquitectura que desaparece y no trasciende. Puesto que su objetivo principal es constituir actos llenos de sentido. Son arquitecturas llenas de actos de libertad de toda atadura. Tanto materiales como temporales».

Y digo yo… ¿que pasaría si en estos párrafos cambio la palabra «arquitectura» por «arte urbano»? ¿No conservarían todo el sentido?.

Hoy estoy contenta, he recibido un magnífico regalo y he aprendido lo que es «Arquitectura de travesía», seguro que no se me olvida. Lo he leído en Flylosophy.

En la linea del anterior proyecto, aunque más modesto e independiente, gracias a Miguel, he conocido la intervención de mis admirados Ecosistema Urbano, llamada La Playa Bola.

Desde el pasado octubre, han ocupado un solar vacío de Embajadores con una estructura esférica realizada con tablas de madera, han completado el espacio con mesas y sillas y han creado un espacio de ocio vecinal, sin entrar en conflicto con nadie puesto que el terreno ha sido cedido por los dueños hasta su edificación.

Me avergüenza no haberlo sabido antes, ahora ya lo han desmontado a la espera de encontrar una nueva ubicación.

This work is licensed under GPL - 2009 | Powered by Wordpress using the theme aav1