febrero 10th, 2008

Pintura de guerrilla


«El agua es vida», esta vez no estoy intentando dar una charla sobre el tema, es que esa es la frase que ha utilizado el artista Henk Hofstra para acompañar a los 1000 metros de pintura azul de su intervención artística The Blue Road en Drachten, Países Bajos.


Lo que ha hecho el artista, ha sido cubrir de viva pintura azul una carretera de 1.000 metros de longitud y 8 metros de ancho. El trazado coincide con un antiguo canal que fue anegado para construirla.


Todo lo que queda dentro de ese espacio ha sido pintado de azul y sólo permanecen en blanco las señales viales y las palabras «Water is leven» incluso se puede ver lo que parece un coche azul hundiéndose en el azul asfalto.


Para el proyecto se gastaron 4.000 litros de pintura y costó 75.000 euros y la mitad fue subvencionado por el ayuntamiento.


Esta instalación no es pesimista, no quiere dramatizar sobre la falta del agua, muy al contrario hacer una simulación gráfica de cómo va a quedar la ciudad en el futuro, porque durante el 2008 las aguas van a volver a su cauce primitivo recuperando la carretera su antigua condición de canal.


La pintura industrial es un material relativamente barato pero inteligentemente aplicada puede conseguir fines reivindicativos espectaculares.


Ya en el 2003 el artista Florentijn Hofman pintó de amarillo una calle de Schiedam uno de los pueblos más pobres de los Países Bajos.


Esta acción llamada Gele Straat quería marcar dicha calle en color dorado, para simbolizar la riqueza que iba a conseguir al convertirse en la nueva entrada principal al pueblo.


La obra Delete de Cristoph Steinbrener, reflexiona sobre la invasión de los espacios publicitarios en las grandes ciudades. Este artista, se atrevió a, literalmente, borrar todo tipo de publicidad de una calle comercial de Viena en el 2005.


Así comerciantes y anunciantes vieron como sus rótulos, señales y publicidades fueron cubiertos de amarillo, durante dos semanas, dejando así la calle muda de publicidad que pudiera servir de reclamo y perturbar a los transeúntes.


El artista anteriormente mencionado Florentijn Hofman utilizó pintura azul en su instalación Beukelsblauw con la que cubrió varios edificios del principios del s. XX en Róterdam. El artista se propuso mantenerlos de ese color hasta que se decidiera sobre el futuro incierto de dichos edificios. En realidad lo que consiguió fue que pasaran del anonimato a ser los más fotografiados de la ciudad.


La intervención ha durado del 2004 al 2006 y según el artista ha hecho que los habitantes de la ciudad reflexionen sobre la desaparición de edificios tradicionales para ser sustituida por una arquitectura de moda.


En el 2006, Florentijn comenzó una intervención similar con el color naranja Campagne voor Oranje que aplicó no solo a fachadas sino a soportes publicitarios.


La información la he sacado de Guerrilla Innovation.

febrero 6th, 2008

El arte flota en el aire…


Dos cosas que he encontrado y de las cuales no tengo opinión pero como son curiosas, ahí las dejo, por si a alguien le inspiran. Por cierto las dos necesitan aire para alcanzar su forma definitiva.


La primera es el Museo Aero Solar creado por Tomas Saraceno un artista especializado en instalaciones inflables, modulares y móviles con las que, según el artista, «el hombre puede experimentar sensaciones poco comunes».


Este museo es una especie de globo aéreo, fabricado exclusivamente con bolsas de plástico recicladas. Se eleva con aire caliente que se genera con energía solar.


El globo viaja de ciudad en ciudad y va creciendo con la colaboración de los artística artistas y ciudadanos que lo desean. Así las dimensiones, la forma, el color y la ubicación están mutando constantemente.


Podéis ver la mecánica del proyecto en este vídeo grabado en Medellín, Colombia.

Las próximas paradas de este ligero museo serán Tirana en Albania y Rapperswil-Jona en Suiza.


Lo he visto en Swissmiss.

La segunda cosa, también flota en el aire, y aunque se trata de un graffiti no huele a pintura ni mancha ni deja huellas indeleble en las paredes. Es muy especial y tiene nombre propio se llama Free-floating Graffiti.


Ha sido desarrollado por una agencia de comunicación alemana llamada Jung von Matt con la intención de establecer un puente entre el verdadero arte del graffiti y su representación virtual, casi nada.


El artista de graffiti DAIM fue elegido para el experimento. Equipado con la tecnología adecuada, DAIM dibujó en el aire su obra virtual que fue recogida por tres cámaras equipadas con un programa llamado Motion Capturing.


Estas 3 cámaras grabaron los movimientos que el artista ejecutaba con el spray virtual y que eran transmitidos a las gafas del artista en tiempo real. De esta manera podía decidir cómo y dónde aplicar sus trazos, y por medio de un controlador de bluetooth también determinar los colores, la fuerza de las pinceladas y texturas de su trabajo.


En el vídeo es más fácil hacerse a la idea aunque desde luego a mi me hace gracia ver aun tipo tan serio, tocado con un casco de obra que lleva incorporado un cartel en la parte delantera, y que luego se quita, con unas extrañas gafas y una especie de paleta rectangular en la mano con la que va haciendo movimientos en el aire como si de un baile se tratara. Después, cuando ves lo que ha hecho pasado por el filtro de las cámaras, algo más entiendes, aunque sinceramente tampoco es que me encante.


Los creadores dicen que así será el arte de las calles de la próxima generación. Desde luego yo me resisto a ponerme esas gafas cada vez que salga por si hay alguna nueva obra de mis artistas favoritos. ¡Que no, hombre, que no!.


Lo he visto en Cool Design Ideas.

febrero 4th, 2008

Los relojes de sol encuentran su sitio en las calles


Me gusta la intervención urbana Streetclock que ha desarrollado 3eyes, una consultora de diseño especializada en acciones interactivas orientadas a clientes interesados en nuevos usos creativos de la tecnología y que desarrollan en el entornos de la movilidad, la conectividad y los factores humanos.

Bueno, pues precisamente la acción que me ha llamado la atención de esta empresa, es una de las menos tecnológica, pues se trata ni mas ni menos de crear relojes de sol a partir de mobiliario urbano.


Lo que hacen, es elegir elementos urbano como bolardos, perfiles de casas, postes de señales o farolas… que harán las veces de agujas de un reloj pintado por ellos en el suelo, y que funciona a medida que las sombras que proyectan van desplazándose a lo largo del día.

La configuración de sus relojes solares ha quedado reducida a unas marcas viales, propias del suelo urbano y anotaciones horarias que no tienen que indicar horas en punto, sino otras más personales como 10:19 o 5:02.


Según 3eyes, el tiempo no es sólo es que nos dan los relojes digitales, los móviles o las PDA´s, sino que su paso es algo físico, tangible y tan simple como las sombras que se desplazas y hacen referencia a la posición del sol en el cielo.

A lo mejor estas sombra no son tan precisas como los dígitos de nuestros relojes y además se distorsionan o desaparecen momentáneamente con el paso de los viandantes, pero tampoco dejan de funcionar nunca al no dependen de la tecnología.


No está entre sus preocupaciones la precisión horaria, sino más bien recuperar y acercas los territorios urbanos a sus habitantes y para ello se inspiran en la estética del propio lenguaje vial que satura los espacios públicos.

Buena y simple idea de cómo interactuar en espacios públicos sin dañarlos y que además aportar una beneficio para los habitantes de ese espacio que podrá saber mas o menos la hora pero sin estar sujetos a la tiranía de los fríos dígitos que nos acosan en nuestra rutina diaria.


Sutil y de lo más creativo.

3eyes, tiene más proyectos interesantes relacionados con el espacio urbano. Es el caso por ejemplo de su proyecto Loca, en el cual nos hacen reflexionas sobre la facilidad de ser localizados y vigilados a través de nuestros teléfonos móviles.

¿Qué pensaríais si de golpe empieza a pitar vuestro móvil y os llega un mensaje por bluetooth parecido a este «En estos momentos estamos teniendo dificultades con la supervisión de su posición: por favor, mueva su dispositivo de red en el aire» o «Usted ha estado en una floristería y 30 minutos en un parque ¿está usted enamorado?» os aseguro que a mi me da un pasmo y apago el móvil inmediatamente.


Preguntas como ¿Qué ocurre cuando es fácil para todo el mundo realizar un seguimiento de los demás?, ¿de qué manera la vigilancia de unos a otros se puede ver afectada por el nivel de consumo de tecnología peer-to-peer sin que se controle a través de un punto central? son algunas a las que 3eyes nos obliga a enfrentarnos con esta acción.

Son muy inteligentes estos señores y adelantadillos, porque en vez de platearse este tipo de acciones bajo un sello artístico, como sería habitual, ellos se lo ofrecen a clientes inquietos e innovadores para que de esta manera llegue su mensaje provocador al público final.


Si hasta han conseguido con su taller Feral London que un grupo de clientes ¿ricos? paguen por sobrevivan 48 horas sueltos en las calles de Londres, solos, sin dinero, sin llaves de casa, sin móvil, sin robar, desplazándose a pie y vestidos con un traje de chaqueta y corbata, y sin nadie que les ayude…

Perfecto, ellos viven estupendamente haciendo lo que les interesa y además grandes clientes les sirven como altavoz de sus subversivos mensajes.


enero 24th, 2008

Mamá, quiero ser curator


Matta Clark pensaba que todos podíamos y debíamos hacer arte.


Si eso es posible… también podemos convertirnos de la noche a la mañana en curators, que para el que no lo sepa, son unos tipos con mucho poder en el mundo del arte que dicen lo que se tiene que programar o no en los museos. Últimamente han salido del anonimato y están más de moda que los propios artistas.


Pues esa es la personalidad que ha adoptado UrbanCurators, un grupo de ¿activistas?, ¿artistas? bueno, dejémoslo en jóvenes estudiantes preocupados por el estado de su ciudad, Providence en Rhode Island.


El grupo se lanza a la calle, armado exclusivamente con marcos, de esos que se cuelgan en las paredes y que de alguna manera están indicando que lo que hay en su interior tiene valor, bueno, eso antes de que apareciera Ikea. Los que portan estos curators, están vacíos y preparados para encontrar en la calle el objeto escena o decorado que según su criterio, sea digno de ser enmarcado.


Y lo que les interesa es todo aquello que demuestra la decadencia de la ciudad, allí donde hay grietas, oxido, destrucción, caos, abandono… allí aparecen esos cuadro, incidiendo sobre estos aspectos desagradables de la ciudad, que casi nadie quiere ver.


Así, al utilizar marcos que uno podría esperar encontrar en un museo o galería de arte, los espectadores se ven obligados a hacer conexiones entre el paisaje urbano y el de un museo y no tiene por menos que tomar consciencia de la realidad que le rodea.


Al igual que al hombre siempre le ha atraído las ruinas de antiguas civilizaciones, el proyecto de estos curators urbanos propone que deberíamos apreciar también las ruinas contemporáneas, que reflejan el consumismo y la industrialización a que está sometida la ciudad.


Los cuadros se cuelgan con cinta de doble cara y se pueden despegar fácilmente. Con esto se consigue un componente necesario del proyecto, la temporalidad, porque aunque la idea haya partido del grupo, su desarrollo requiere la participación espontánea de los ciudadanos que pueden mover y reubicar dichos marcos a su antojo, sin dañar el entorno.


El proyecto se inició auspiciado por 6 escuelas de diseño de Rhode Island, pero quieren que se extienda por todas partes y proporcionan la información necesaria para que cualquiera pueda emprender un movimiento similar en su ciudad.


Divertida manera de que los estudiantes salgan a la calle y se enfrenten a la realidad de su entorno, dialogando, colaborando con los compañeros y relacionándose con los habitantes.


Además la idea da para más, porque si a alguien particularmente le apetece ser curator por un día, también puede readaptar la idea a su gusto, incluso puede dedicarse a enmarcar cosa bonitas que encuentre por las calles que aunque parezca que no, también las hay, muchas y buenas, yo las he visto.


enero 8th, 2008

Señales de tráfico como esculturas


Hace tiempo que tengo guardada en mi archivo de cosas interesantes la obra de Brad Downey, un joven artista, bastante conocido, que trabaja con material urbano, transformándolo a su antojo para crear con él esculturas que son pura poesía urbana.


Y no sabía cómo hablar de él, por un sentimiento contradictorio hacia su obra. Por un lado me encanta su trabajo, por otro me da bastante reparo que se deterioren irreversiblemente las señales de tráfico y material urbano en general. Reponer esas señales le cuesta dinero a la ciudad y además puede generar confusión.


Aunque muchos lo condenan, entre ellos las autoridades, por lo que podría considerarse actos vandálicos, ya hay muchos de esos gurús, que nos dicen a quién tenemos que considerar verdaderos artistas, que han puesto sus ojos infalibles en él.


En 2005 fue considerado por ArtReview un artista a tener en cuenta. Se ha hablado de su trabajo en The New York Times, Creative Review, Atlanta Journal Constitution y BBC y ha expuesto en Manchester, Berlin, Miami, Londres y USA según nos cuentan en Wikipedia.


Lo que pretende con su obra, es variar intencionadamente los movimientos que las señales de tráfico nos obligan a realizar en el curso de nuestro recorrido por la ciudad. Para ello manipula las señales, les dota de vida asignándoles atributos humanos y alimenta mediante ellas la interactividad, pero a veces lo hace de un modo tan sutil que consigue que no te des cuenta de sus manipulaciones.


Sus instalaciones son ilegales y actúa siempre vestido con uniforme de un trabajador publico lo que hace que pase desapercibido, que sea prácticamente invisible cuando lleva a caso sus intervenciones, nadie se suele fijar en unos operarios instalando mobiliario urbano . En algunos casos ha colaborado con otro artista de la calle, Leon Reid conocido como Darius Jones.


Además de street art, de exponer y de dar conferencias, ha realizado alguna obra cinematográfica. En su documental Public Discourse habla sobre el arte de la calle y la manera en que los artistas de su entorno realizan el trabajo.


Después de conocer algo más sobre Brad, aún soy menos capaz de desaprobar totalmente su trabajo.


Lo he visto en Web Urbanist y Wooster Collective.


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