febrero 25th, 2014

Tejiéndose un hogar

Con tanto artista/galerías y ferias de arte que hemos tendio por Madrid esta semana, dan ganas de hacer lo que la artista Bea Camacho, tejer un capullo autoportante  y no salir de él en una temporadita.

Hay que ver cómo son capaces de manipularnos y nosotros dejarnos arrastrar a una alucinación compartida en la que parece que una ciudad como Madrid, consumida por la crisis y la miseria social y cultural, se muestra a nuestros ojos y a los de todo el mundo, como abanderada del arte más vanguardista. Tanto exceso concentrado, me parece francamente obsceno, como un orgasmo multitudinario y retrasmitido que una vez pasado nos deja sumirnos en la más profunda y terrible oscuridad.

En fin a lo que voy, que pierdo el hilo, hoy os quiero dejar la obra de una artista que no conocía y que el otro día se cruzó en mi camino virtual para alegrarme el día. Se trata, como ya he dicho, de Bea Camacho, que teje como modo de expresión de sus sentimientos, y no, no forra bolardos de la calle, gracias a dios…

 

En muchas de sus piezas performativas, las que más me interesan, la lana y el crochet son los los instrumentos de los que se vale para hablarnos del confinamiento, el aislamiento y la ausencia. La artista construye a la vista de todos, su propia envoltura, tejiendo sobre sí misma, y desde que da la primera puntada hasta que su persona desaparece completamente en ella,  graba todo el proceso sin interrupción, con una duración de unas 10 horas, en las que no deja de tejer ni un momento. De esta manera, convierte el acto de la costura en un proceso de creación de su propio medio ambiente proporcionando además archivos del proceso constructivo en el que su cuerpo va desapareciendo dentro de su cálido entorno.

 

Según nos cuenta la artista, habiendo vivido separada de su familia desde pequeña,  trata de ilustrar con su trabajo las experiencias de aislamiento creadas por esta separación física, mental o emocional, e ilustrar su particular e idealizada idea del hogar y la pertenencia.

Asocia el crochet con el hábitat, el calor y la seguridad, pero cuanto más tiempo pasa dentro de su crisálida, experimenta la sensación contradictoria de comodidad e incomodidad de familiaridad y alienación. Además, el ganchillo, por su naturaleza repetitiva y meditativa es una manera de visualizar la cualidad obsesiva de su trabajo.

 

 

Un trabajo interesante por lo que representa. Lo encontré por casualidad no recuerdo dónde.

 

3 comentarios »

  1. Muy interesante…

    Comment by Carmela — 25 febrero, 2014 @ 15:24
  2. Muy triste, todo…

    Comment by Papá — 25 febrero, 2014 @ 15:40
  3. muy emocionante

    Comment by Maria Gitterbox — 3 marzo, 2014 @ 18:58

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