abril 5th, 2019

Desvaneceres

 

No sé qué me ha sentado peor, si leer que 450 discapacitados están ayudando a artistas a pintando silos en Castilla la Mancha, saber que mi querido pueblo, Plasencia, ya tiene su festival de arte urbano por todo lo grande o que se ha malogrado el proyecto mas importante que tenía en los próximos meses. Me lo tengo que pensar…

 

 

Para compensar, otras dos buenas noticias: que a JR se le han volado todos sus palelitos del Louvre (justicia poética) y que he ganado una pequeña batalla personal contra los malos, por unos derechos de autor pisoteados.

 

 

Con un estado de animo tendente a la desaparición de todo tipo de escenarios, que total para lo que hay que estar…, me parece oportuno dejar por aquí uno de los trabajo de Kansuke Yamamoto, My Thin-Aired Room, (1956) una serie de 4 fotografías que retratan con una secuencia narrativamente la evaporación del propio artista en el contexto de una habitación.

 

 

Una escenificación fotográfica de corte surrealista llena de belleza y poética que cuentan un momento congelado de la vida interior del creador y que a mi me parece una pura inspiración.

 

 

Además, este trabajo como casi todos los suyos, es una protesta contra la represión ideológica que se vivía en su contexto artístico.

 

 

Y luego está el misterio de la manzana que aparece y desaparecen en la primera foto de la secuencia…, algo debe significar.

Sólo añadir que me gustaría tener tan buen desaparecer como este señor y que merece la pena dedicar un rato a su trabajo, el resto de sus fotos son maravilla.

Las imágenes las he sacado de aquí.

febrero 21st, 2019

Máquinas gamberras

 

Las cosas que hace Anna Vasof parece que no llevan a ninguna parte, que no sirven para nada. Sus inventos trabajan en precario para automatizar errores y esto a mis ojos resulta inspirador, ya que siempre he pensado que los errores y los prototipos fallidos en las primeras fases de desarrollo, pueden resultar grandes experiencias artísticas.

 

 

Es más, reivindico que cualquier creador debería tener derecho a errar reiteradamente, que es muy sano y que quita transcendencia a todo lo que se hace, sin restarle un ápice de creatividad.

 

 

A lo que iba, que esta mujer es una auténtica maestra cacharrera y ha creado montones de inventos encantadoramente inútiles, incluso diría boicoteadores.

 

 

Sus maquinas está llenas de sentido del humor y de sentimientos propios, por no hablar de sus ocurrentes videos llenos de imágenes absurdas repetidas, que al encadenarse dan vida a películas cortas de insospechados resultados.

 

 

Ademas de divertirme viendo su trabajo, me ayuda a compartir ratos estupendos con mis sobrinos, que flipan con tanto objeto cotidiano mutado para especializarse en travesuras, si incluso los hay que se sublevan contra su propia creadora.

 

 

Por contar alguna pieza, está el autorretratos que se golpea, las maquinas que fabrican lagrimas, libros con palabras que caen, aspiradoras que se llevan el cosmo, martillos que clavan y desclavan al mismo tiempo, herramienta para brindar en solitario, libros que juegan al ping pong, lenguas gigantes que interrumpe el paso… Mis favoritas Mechanisms of Happiness y esos zapatos mecánicos, que no están nada mal tampoco.

 

 

Os invito a pasar un buen rato de videos, yo lo dejo aquí y me voy a morir un rato de la envidia al pensar en lo bien que se lo debe pasar esta mujer haciendo sus surrealismos de andar por casas, con esa apariencia lúdica pero que esconde mucha mas enjundia que casi todo lo que veo. Pero qué lista es esta mujer!!!!!!!.

 

 

Después, si os queda tiempo y ganas, podéis echar un ojo al trabajo de  Dominic Wilcox, dedicado a la creación de diseño de productos también absurdos e inútiles, pero que uno quería poder usar para sentirse algo mas niño.

 

 

enero 14th, 2019

Vamos pisando huevos…

 

A veces las cosas se ponen lentas lentas y no parece que se pueda correr más, por lo que lo mejor es ir a trote cochinero para no derrapar… Enero, hay qué ver lo cansino que eres.

 

 

Esto me ha hecho recordar una pieza llevada a cabo por la artista Ana María Maiolino en 1981.

 

 

Entrevidas que así se llama es una performance que trata de recrear la expresión “to walk on eggshells”, (en España creo que no se usa) y para ello, la artista cubrió una calle con montones de huevos de gallina a corta distancia, que luego transitó sin romper.

 

Según leo, esta pieza habla de temas esenciales en su trabajo, el género, la fertilidad y el alimento, yo, percibo también la dificultar, la fragilidad, los obstáculos, la obligada lentitud, la resistencia, la aparente dureza… etc, etc…

 

 

La performance tiene también una versión instalación, en la que los huevos cubren el suelo de una sala y en medio un podio blanco con un plato encima.

 

 

Esta artista tiene una amplia trayectoria artística de la cual no voy a hablar porque la red está llena de referencias, sobre todo desde que fue recuperada, hace unos años, y desde entonces ha  protagonizado abundantes retrospectivasalgunas en España.

 

En la mayoría de ellas se recrea la performance de los huevos, y cuando veo estas representaciones callejeras “teatralizadas” en un centros de arte, me da un cierto repelusillo, tan asépticas que creo que la fuerza sel mensaje se diluye hasta casi desaparecer. Serán prejuicios, perooooo…

 

Paradójico que no me haya sido posible ver la pieza tal como la llevo a cabo la artista, pero no he tenido ningún problema en encontrar versiones más o menos dignas.

 

 

En fin, que escrito todo resulta más ridículo…

 

 

Las fotos las he sacado de google.

 

enero 10th, 2019

Encerrando el lujo

 

Leo juntas las palabras, Boa Mistura, Málaga, intervención participativa y empiezo a sudar. Si le siguen frases como “humanizar las ciudades para devolvérselas a los ciudadanos”,  “generará una nueva memoria en el lugar” o “El arte como herramienta de cambio”,  fibrilo. Si esto va acompañado de nombres propios como Cerveza Alhambra, Maus, y MAC y Fernando Francés (que pongo de mi cosecha), yo solita me pido los santos oleos…

 

 

Gracias amigos bienintencionados por ponerme rápidamente al día de asuntos que me hacen mal, yo es que precisamente había dejado el caralibro para evitarlos, pero mi eficiente wassap se encarga de informarme al momento.

 

 

Los asuntillos que menciona el artículo de Rogelio López Cuenca son de sonrojo y no van a parar por mucho que nos hartemos de ponerlos en negro sobre blanco, de todos es sabido que esto de los grandes murales “patrocinados” es la manera mas barata de hacer publicidad en formato gigante, con la más amplia repercusión mediática y sine die, ya que ni el Tato va a estar interesado en reponer el soporte urbano/publicitario/público, a su estado original por mucho que se haya firmado su temporalidad por contrato.

 

 

Los anunciantes se relamen con el chollo, también los politicos, a los que estas lavadas de cara urbanas les salen gratis y les da para algunas fotitos, muy útiles en campaña electoral, que es siempre…

 

 

Con un mal cuerpo que me dura días, me retiro a mis archivos de invierno para tratar de encontrar algo de frescura en la calle, allí donde ya casi no queda, y tengo suerte, ya que guardé una preciosidad en forma de fotografía urbana, cuyo autor es el artista plástico Baptiste César.

 

 

La serie se llama Les Vitrines Minimales y me causa una gran satisfacción visual a la par que envidia cochina, ya que lo que ha conseguido este hombre es armar un proyecto redondo, que ya me hubiera gustado para mí. Lástima que no tenga ese buen ojo ni la capacidad de seleccionar de una manera tan talentosa.

 

 

Este artista, que también hace instalaciones y esculturas, ha conseguido inmortalizar 60 magníficos cerramientos de escaparates de tiendas de lujo de la capital francesa, de los que se usan para proteger los escaparates, (benditos sean los carpinteros parisienses), mientras se realizan reformas en los locales.

 

 

Los resultados añaden geometría, simplicidad y cierto orden a una ciudad llena de color y estímulos visuales en sus vitrinas.

 

 

No puedo dejar de admirar la finura del trabajo fotográfico así como la habilidad para llegar al lugar de los hechos antes de que los grafiteros y cartelistas se ensañen con tan impolutos soportes, mucho tiempo en la calle debe pasar este hombre.

 

 

En fin… que dejo por aquí mi admiración a tan buen ojo fotográfico para captar y dar entidad a pequeñas obras que se repiten en el espacio público sin que la mayoría de los humanos reparemos en ellos, aunque vistas todas juntas cualquier artista urbano mataría por firmar como de creación propia.

 

 

Madrid no tiene presupuesto para tan ilustres acabados y yo lo lamento…

 

 

Vale, ya me siento mejor…

 

 

He sacado las fotos de aquí.

 

 

diciembre 19th, 2018

Flores de tráfico

 

Me resulta gratificante pararme en las menudencias del día a día, me satisface sobremanera, sobre todo si me topo con circunstancias casuales o fuera de lugar, pequeñas cosas que están mal o que se descomponen por el paso del tiempo, eso me lo apropio en forma de imágenes en mi móvil.

Y no soy la única que se fija en estas cosas, hace tiempo sí creía que era original, hasta que llegó Instagram y me desveló que todo el mundo anda la caza de sus #desordenesurbanos, como yo los llamo, (creo que merecen tener nombre, vista la profusión).

 

 

Pero hay gente que además de observar las insignificancias, las interviene para hacer de ella algo casi mágico, y me causa tanta admiración esa habilidad, por no decir envidia, que doy vueltas a la cabeza para ver cómo yo misma puedo pasar de mero observador pasivo, a activista de lo cotidiano.

 

 

Mientras lo consigo… o no.., dejo aquí un divertimendo del artista Mathieu Tremblin que me ha provocado un calorcito en el corazón.

 

 

La pieza se llama Parking Tickets Bouquet y como su nombre indica, se trata de un ramillete de papiroflexia hecho con tickets de parking, bueno, más bien son multas de aparcamiento, encontrados en los parabrisas de los coches de alguna calle belga.

 

 

Esto es todo, y es mucho… por lo que sin mas que decir, os invito a ver mas acciones de este artista callejero, que tienen su gracia.

 

 

Además, bajo el nombre de Les Frères Ripoulain ha trabajado con el artista David Renault en muchas otras pequeñas acciones urbanas.

 

 

Encontré su trabajo en Tumbr y las fotos las he sacado de las páginas del autor.

 

 

 

 

 

 

 

 

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