noviembre 23rd, 2007

Un ecosistema lleno de vida


¡Cómo me hubiera gustado pasar un ratito en la habitación en la que Emily Gobeille y Theodore Watson han plantado su particular Funky Forest!.


Instalación que han creado para el Cinekid Festival, un festival para niños que se celebra en Amsterdan durante el otoño y en el que este año se presentan más de 200 producciones de cine documentales, cortometrajes, animación, series de televisión, workshops y por supuesto instalaciónes tan especiales como la que hoy quiero comentar.


Funky Forest es una vídeo instalación que se proyecta sobre los enormes lienzos que cubren las paredes y suelo de una habitación, y que representa un maravilloso bosque lleno de árboles y animales fantásticos.


Este bosque tiene un ecosistema interactivo donde la gente con su cuerpo puede hacer que nazcan sus propios árboles. Una vez que se les da la vida, hay que aprender a gestionar bien los recursos con los que cuenta el ecosistema, para que crezcan y se mantengan sanos.


Para ello hay que utilizar el agua de un río que se proyecta por el suelo. El visitante debe conducir sus aguas hasta los árboles y regarlos con ellas, virtualmente hablando claro, para que así crezcan y mantengan con vida a las criaturas fantásticas que pueblan este mágico paisaje.


Y es de este modo como esta instalación además de bonita y divertida es muy educativa pues hace que los pequeños experimenten por si mismos la utilidad del agua y la necesidad de conservarla para que la vida continúe.


Mejor ver las fotos y dedicar unos minutos a contemplar los vídeos 1 y 2.

Lo he descubierto a través de Next Nature.

noviembre 21st, 2007

Pistolas que disparan semillas de la paz


Poseída aún por la música y el espíritu «guay» de Devendra después de asistir esta noche a su fantástico (no puedo ser demasiado objetiva) concierto en Madrid, me siento obligada a dedicarle mi post de hoy.


Y nada mejor que hacerlo con un proyecto artístico, inspirado en la paz, el anti militarismo y el flower power. Desde luego de lo más hippy.


La acción Plant the Piece, ha sido llevada a cabo por los artistas Christopher Humes y Noah Scalin, como parte de una exposición itinerante llamada Swords into plowshares, en la que intentan influir para que la gente que la visite se anime a plantar semillas generando un discurso antiviolencia que invita a la comunidad a crear vida y rendir homenaje a los que la han perdido.


Para lo cual, han sacado el molde de una pistola de verdad y han creado con él, multitud de pistolas de arcilla, en las que han insertado semillas de todo tipo, basándose en una técnica antigua, que consiste en compactar las semillas con humus y arcilla. También han creado unas bolas llamadas Seed Balls.


No hace falta plantar estos objetos, con dejarlos sobre la tierra basta, las semillas de su interior absorben la humedad y la conservan durante mucho tiempo, tardan poco en crecer y no se las comen los pájaros.


Y estas piezas son las que exhiben en sus exposiciones itinerantes. Pero también las venden por internet para que cada uno pueda hacerse su pequeño altar por la paz. Las Seed Gun cuestan 75 dólares y las Seed Bombs 12 dólares.


Una forma metafórica y bienintencionada de homenajear la vida y la paz, además de rendir un verde tributo a la muerte.


Lo he visto en Shelterrific, donde sugieren que sería una buen idea mandar un mailing masivo a la Casa Blanca con bombas de este tipo.


noviembre 13th, 2007

Una excavadora construida con enredadera


Si se cumplen las previsiones que auguran un paro forzoso en la construcción de nuestro país, no se me ocurre mejor uso para la maquinaria que quedarán en desuso que el que ha ideado el estudio Meesters & Marije van der Park para su proyecto Green Oasis.

Este estudio de diseño, ha concebido, para una zona verde urbana, una pieza que, de manera metafórica, habla de cómo las ciudades están cambiando rápidamente mediante la construcción y la destrucción de sus espacios, pero por desgracia, en este proceso imparable, la naturaleza siempre queda en un segundo plano.


Lo que en realidad han hecho, ha sido construir la estructura de una máquina excavadora, a tamaño real, utilizando para ello una retícula de acero perforada al láser y la han situado en un oasis urbano.

En el interior de esta maquina hueca y entrelazándose con su retícula, crece a su antojo la hierba y la enredadera, cubriéndola casi en su totalidad y dándole una apariencia verde y acogedora, que contrasta enormemente con la imagen agresiva de se asocia a una potente maquina de derribo.

De esta manera intentan volver a introducir la naturaleza en el universo urbano de una manera funcional y con su mismo tipo de lenguaje contemporáneo.


Que buena idea sería cubrir de enredadera todas esas cosas que nos molestan a la vista, así podríamos conseguir que se mimetizaran algo con el paisaje y no nos hirieran con su insolencia y altanería.

No sería ninguna tontería empezar a dejar caer «por casualidad» alguna que otra semillita aquí y allá.

Lo he conocido a través de The Style Files.

noviembre 4th, 2007

Yo he visto "La Grieta"

He descubierto que hay dos tipos de grietas, unas malas y otras artísticas. Y es que hay que viajar para conocer otros usos y costumbres, sobre todo en lo que se refiere a las grietas, que por España están muy desprestigiadas y que en Inglaterra se exponen en los museos.

Yo creía, hasta hace unos días, que en todos los países las grietas eran como las que yo conozco, esas fisuras que salen en las paredes o en el suelo y que se manifiestan cuando se producen fallos estructurales o desastres naturales.

Estaba convencida, ignorante de mí, que las había de tres grados. Las leves que poner en alerta a una comunidad de vecinos, las graves que pueden llevar a que una ministra (por ejemplo de Fomento) vea peligrar su puesto de trabajo o las muy graves que destruyen vidas y dañan peligrosamente las infraestructuras de un país.

Así tenía yo estructurado mi «universo grietil» hasta que, he visto con mis propios ojos, cómo hay grietas merecedoras de estar en un museos y no en el de los horrores, sino en uno de arte contemporáneo.


Y es que la artista colombiana Doris Salcedo ha creado una enorme grieta artística, a la medida de la Tate Modern de Londres, donde luce espectacular, a lo largo de los 167 metros de suelo de la Sala de Turbinas, desafiando las leyes de construcción de cualquier espacio público.

Tengo que reconocer que la obra es de gran belleza estética ademas puedo decir que es la grieta más grietas de todas las que he visto en cautividad.

Me he paseado por ella, la he mirado y remirado tratando de adivinar cómo han conseguido ese realismo y he disfrutado viendo la reacciones que provocaba en los demás visitantes, incluso he intercambiado opiniones sobre su construcción con ellos.

Y es que es una grieta la mar de interactiva, seguro que dentro de poco, acabaremos echando monedas dentro, como si de una fuente se tratara.


Me pregunté al verla, qué habría empujado a la artista a concebir para este museo una obra estéticamente destruida. Me he informado y cito textual la explicación que da la autora sobre su obra a la BBC.

«lo que intenta es marcar la división profunda que existe entre la humanidad y los que no somos considerados exactamente ciudadanos o humanos, marcar que existe una diferencia profunda, literalmente sin fondo, entre estos dos mundos que jamás se tocan, que jamás se encuentran. Yo creo que el racismo no es, digamos, un síntoma de un malestar que sufre la sociedad del primer mundo, sino que es la enfermedad misma. El odio racista marca la vida, define cómo vivimos las personas en el mundo».

Y creo que tiene razón en lo que dice sobre distancias insalvables entre el primer y el tercer mundo, pero no me parece que eso sea lo que transmite su obra en la Tate.

Porque al fin y al cabo es una grieta domada, no tiene rebeldía, está hecha con unas medidas determinadas, con un preciso plano y asegurando muy mucho que no va a pasarle nada al edificio.


Además es una grieta que no separa, todo el mundo puedes ir sin problema de un lado a otro de ella o cruzarla sin notar la diferencia. Todo en ella es seguridad, hay carteles de advertencia y vigilantes, vamos que la crítica y el espíritu reivindicativo no los veo.

Sigo leyendo la explicación de la autora sobre su grieta Shibboleth.

«El título hace referencia a un pasaje del Antiguo Testamento que cuenta cómo los miembros de una tribu mataban a los de la otra que pronunciaban esa palabra de una forma diferente. También evoca el poema «Shibboleth» del escritor judío Paul Celan, Shibboleth, en hebreo, es una palabra que simplemente significa ‘espiga’, ‘espiga de trigo’, pero ha sido un examen de pertenencia o de exclusión en diferentes sociedades. En el poema de Paul Celan, él hace referencia al duelo permanente, porque no hay manera, a través del arte, de recuperar las vidas perdidas. El arte no tiene la capacidad de redención. El arte es impotente frente a la muerte. Sin embargo, tiene una habilidad y es la de traer al campo de lo humano la vida que ha sido desacralizada y darle una cierta continuidad en la vida del espectador».

Dios, ahora sí que no entiendo nada, ¿duelo permanente, muerte, vida desacralizada…?. y yo sin verlo.

Ahora, a mí el que me admira es el curator, (dícese de esa nueva raza de personajes todopoderosos y seguro caprichosos, que tienen en sus manos la programación de los museos más importantes del mundo. Ojo, no confundir con los comisarios, mucho más modestos) Achim Borchardt-Hume, que ha sido el que ha vendido al director, a los gestores y a los arquitectos del museo, la idea de crear en él una fisura que dejará en el suelo del edificio una huella indeleble difícil de ocultar.


Supongo que él sí habrá sabido explicar bien todos estos conceptos, ¿o le habrá bastado con decirles, como ha hecho a la BBC?: «Salcedo, en nuestra opinión, está entre los escultores más importantes de la actualidad. En los últimos años nos ha sorprendido mucho su gran sensibilidad hacia el espacio arquitectónico, la forma tan convincente en que puede involucrarse con espacios enormes y, al mismo tiempo, su atención a los detalles, el trabajo meticuloso que hace en las superficies y, por supuesto, las preguntas importantísimas que plantea su obra».

¿¿¿¿????. Seguro que si se lo propusiera este hombre, vendería nuestras «famosas grietas», como licencia estética de los ingenieros y arquitectos, que han diseñado el trazado del AVE.

Me encantaría oír la explicación de alguien que haya sentido, ante esta obra, algo de lo que nos cuenta la autora y que me lo contara con sus palabras.

Porque a mí en definitiva me ha parecido una «grieta de diseño», una grieta que ridiculiza en parte a las verdaderas grietas, esas que salen en las casas en mal estado o las que se abren en la tierra cuando no hay agua o las provocadas por los terremotos…

Eso sí, bonita es un rato y queda maravillosamente bien en el suelo del museo, como es tan industrial… Aunque si yo tuviera el poder de un curator, la cambiaría de ubicación, la pondría en la fachada, además la haría tan profunda y ancha, que traspasara los muros del museo y dejara ver la calle.

De esta manera el interior y el exterior entrarían en contacto y de la misma manera que se ha metido una grieta en un museo, también se podrían sacar algunas de las obras de arte del interior del museo, a la calle.

Para que nos topemos con ellas por casualidad, sin ideas preconcebidas, con la mente limpia y sin tener que leer un manual de instrucciones, para sacar algo en claro.

Seguro que a su autora no le importaría porque parte de su obra se desarrolla precisamente en las calles, y esa es la que me parece más interesante.

Pero como esto no van a pasar, yo seguiré ampliando mi modesta selección de obras de arte público, que voy sacando de lo que veo por las calles o de lo que descubro a través de otros blog.

¡Y que viva Gordon Matta-Clark!.



octubre 25th, 2007

Estanterías con forma de escultura


Hay muchas razonas por las que es una pena tener un piso pequeño. A las que todos conocemos, hoy quiero añadir una más, no poder poner las estanterías de la empresa Sloom & Slordig que he visto en Swissmiss.


Más que de una librería, debería hablar de una escultura muy especial, porque en ella las aficiones literarias del dueño son las que van conformando la apariencia de la pieza y de esta manera, forma y contenido se acoplan a la perfección en un desorganizado orden de lo más interesante.


Me gustan los dos modelos, el Stapelkast, donde cada libro tiene su propio espacio independiente, con lo que se consiguen mil formas distintas y además es fácilmente adaptable a cualquier espacio.


En el modelo Extended Kast cada pieza puede contener varios libros colocados unos encima de otros.


Ambos modelos están fabricados en madera, con acabado natural y en los laterales se pueden elegir colores. Además se pueden comprar en multitud de tamaños, para que quepan todo tipo de libros.


No se si ahora entenderéis, por qué me gustaría tener una casa más grande.

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