enero 25th, 2008

La increible dureza de los lugares abandonados


Me da la sensación de que hoy el mundo es un poco menos bonito y luminoso. Desde mi ático se ve así de gris.


Todas las fotos están sacadas de www.google.com si buscas en imágenes gaza+ruins te saldrán estas y muchas más.

enero 24th, 2008

Mamá, quiero ser curator


Matta Clark pensaba que todos podíamos y debíamos hacer arte.


Si eso es posible… también podemos convertirnos de la noche a la mañana en curators, que para el que no lo sepa, son unos tipos con mucho poder en el mundo del arte que dicen lo que se tiene que programar o no en los museos. Últimamente han salido del anonimato y están más de moda que los propios artistas.


Pues esa es la personalidad que ha adoptado UrbanCurators, un grupo de ¿activistas?, ¿artistas? bueno, dejémoslo en jóvenes estudiantes preocupados por el estado de su ciudad, Providence en Rhode Island.


El grupo se lanza a la calle, armado exclusivamente con marcos, de esos que se cuelgan en las paredes y que de alguna manera están indicando que lo que hay en su interior tiene valor, bueno, eso antes de que apareciera Ikea. Los que portan estos curators, están vacíos y preparados para encontrar en la calle el objeto escena o decorado que según su criterio, sea digno de ser enmarcado.


Y lo que les interesa es todo aquello que demuestra la decadencia de la ciudad, allí donde hay grietas, oxido, destrucción, caos, abandono… allí aparecen esos cuadro, incidiendo sobre estos aspectos desagradables de la ciudad, que casi nadie quiere ver.


Así, al utilizar marcos que uno podría esperar encontrar en un museo o galería de arte, los espectadores se ven obligados a hacer conexiones entre el paisaje urbano y el de un museo y no tiene por menos que tomar consciencia de la realidad que le rodea.


Al igual que al hombre siempre le ha atraído las ruinas de antiguas civilizaciones, el proyecto de estos curators urbanos propone que deberíamos apreciar también las ruinas contemporáneas, que reflejan el consumismo y la industrialización a que está sometida la ciudad.


Los cuadros se cuelgan con cinta de doble cara y se pueden despegar fácilmente. Con esto se consigue un componente necesario del proyecto, la temporalidad, porque aunque la idea haya partido del grupo, su desarrollo requiere la participación espontánea de los ciudadanos que pueden mover y reubicar dichos marcos a su antojo, sin dañar el entorno.


El proyecto se inició auspiciado por 6 escuelas de diseño de Rhode Island, pero quieren que se extienda por todas partes y proporcionan la información necesaria para que cualquiera pueda emprender un movimiento similar en su ciudad.


Divertida manera de que los estudiantes salgan a la calle y se enfrenten a la realidad de su entorno, dialogando, colaborando con los compañeros y relacionándose con los habitantes.


Además la idea da para más, porque si a alguien particularmente le apetece ser curator por un día, también puede readaptar la idea a su gusto, incluso puede dedicarse a enmarcar cosa bonitas que encuentre por las calles que aunque parezca que no, también las hay, muchas y buenas, yo las he visto.


enero 22nd, 2008

Los bolis Bic ya no escriben como antes


Lo que puede dar de de sí un objeto tan humilde y tan de toda la vida como el bolígrafo Bic. Y es que se ha puesto de moda y en manos de traviesos diseñadores ha encontrado tantos nuevos usos que a los más jovencitos les costará creer que antes escribiéramos con ellos.

¿Os acordáis de la cancioncilla «Bic Naranja escribe fino, Bic Cristal escribe normal…? pues ahora, menos para escribir, sirve para todo, incluso han sido elevados a la categoría de arte, e incluidos en la colección permanente del Moma y del Pompidou.


Hablé en el pasado de las divertidas y decorativas lámparas Volivik, diseñadas por el estudio español EnPieza, Ya las veo referenciadas en muchos sitios y eso me alegra, porque son un ejemplo perfecto de los magníficos resultados que se pueden conseguir con mucha imaginación y objetos anodinos.


También conocía el mini jarrón Daisy Vase, de Giffin Termeer, que me ha servido para salir de algún apuro estas navidades. Está fabricado partiendo de un Bic Cristal y un lector me ha hecho reparar en su similitud con una pipa de crack, espero que nadie se lo esté fumando.

Y aún hay más creaciones que deben su existencia a este insignificante objeto y que hasta hoy no conocía.


Fantástico y lleno de sentido del humor, así veo yo el set de tenedor cuchillo y cuchara con forma de capucha Bic.

Andrea Cingoli, Paolo Bellisario, Cristian Cellini y Francesca Fontana, han gestado el Din-Ink para presentado al concurso organizado por Designboom con el título Dining in 2015. La idea de sustituir el capuchón de serie que viene con el boli, por otro en forma de cubierto para la hora de comer, es increíble, y claro, ganó el primer premio.


De la «Anemone Lamp», de Paolo Ulian, no tengo mucha información, sólo que se fabricó con 400 bolis con sus correspondientes capuchones y que formó parte de la exposición «la meravigliosa avventura del barone bic » que tuvo lugar en Aosta en 1998 y fue patrocinada por la propia marca Bic, en honor a su inventor.


Otra pieza, que personalmente me encanta, es la «Suck my bic» ideal para los que nos mordemos las uñas y devoramos bolígrafos. Se trata de una capucha de Bic, pero de caramelo. La propuso Clement Eloy, en un workshop de la marca y aunque aun es un prototipo, espero se llegue a realizar, aunque corro peligro de convertirme en una adicta y engordar con tanto azúcar.


El mundo del arte tampoco ha podido sustraerse a la moda Bic, en este caso a la del Bic Cristal de capucha azul. En la galería Georg Kargl de Viena, el artista Herbert Hinteregger ha tenido la santa paciencia de llenar las paredes de una de las salas y el escaparate, con cientos y cientos de estos objetos.


Seguro que pronto surgen otros tantos ejemplos porque cuando algo se pone de moda…


Esta vez todo el mérito es de Designboom.

enero 20th, 2008

Destrucciones artísticas de ayer y de hoy


Me está pareciendo que destruir o deconstruir o como cada uno quiera llamarlo, galerías de arte, se ha puesto de moda.


Ya hablé de la impresión que me causó ver la famosa grieta de la Tate Modern, y del mal rollo que me me produjeron los comentarios que sobre ella había hecho su autora Doris Salcedo. Me lo tengo merecido por leer más de la cuenta, ya me lo advirtió mi amigo Ángel.


Por eso cuando he visto que el suelo de otra galería ha sido destruido por amor al arte, he decidido leer lo imprescindible, evitando a toda costa las explicaciones de su autor.

Esta vez la grieta de Doris se convirtió en el cráter de Urs Fischer y es que este artista hizo desaparecer casi por completo el suelo de la galería Gavin Brown dejándolo convertido en un agujero de tierra rojiza de unos 11 x 9 metros y 2,5 de profundidad. El coste de esta instalación que más bien es una des-instalación ascendió a la bonita suma de 250.000 dólares pagados por el señor Brown.


La pieza se llamó You y ha permanecido en la galería hasta el pasado 22 de diciembre. En la puerta se advertía al publico del peligro que suponía internarse en este espacio que sólo conservaba a nivel, un pequeño pasillo alrededor. Aún así se permitía al público descender por la obra bajo su responsabilidad.

Alguna crítica que he leído sobre dicha exposición, definió la obra como lo más innovador que se había hecho en mucho tiempo en una galería de arte. Y desde luego debió ser impactante ver, que en un espacio de inmaculadas paredes blancas se habría un socavón de semejantes proporciones.

Este gusto moderno por destruir espacios públicos o privados, me ha llevado a pensar inevitablemente en un artista pero en mayúsculas, GORDON MATTA CLARK.


Ya he dicho en alguna ocasión que para mí es uno de los más grandes creadores del S.XX pero paradójicamente se ha considerado, hasta hace muy poco, un artista maldito, por intentar llevar a cabo hace 40 años, estas mismas intervenciones que ahora son aplaudidas como genialidades.


Matta Clark fue un arquitecto provocador, que nunca construyó nada y fue repudiado por sus compañeros de profesión. Su obra fue destructiva y destruida, sólo conservamos de ella fotos y películas, y esa era la intención del autor, ya que situó todas sus intervenciones en edificios de zonas deprimidas a punto de ser demolidos.


Así las cosas, fue excluido de una exposición de arquitectura en la Cooper Union porque su obra consistía en el desmontaje de las ventanas de la sala de exposiciones para poner en su lugar fotografías de las ventanas reventadas de edificios degradados del Bronx. Por lo que llevo visto, esta misma acción en este momento sería considerada de lo más innovadora.


Y es que este hombre, que vivió hace 40 años y murió con 35 años, fue autor de una obra impresionante que me recuerda muchísimo a algunas cosas que estoy viendo en artistas urbanos actuales cuyo trabajo también es efímero, provocador, crítico con lo establecido, basado en el activismo político y social…


A sus destrucciones las llamó anarquitecturas, y estaban inspiradas en la transformación de la materia. Dotaba de una segunda fugaz vida a edificios en estado de demolición, los diseccionaba y abría, sacando sus entrañas a la luz. Su mirada y punto de vista sobre las ciudades me parece de lo más viva y actual.


Como no soy experta en arte, he cortado y pegado a continuación párrafos que me han llamado la atención, donde se cuentan ideas y proyectos del autor que me son familiares. Están sacados de un artículo titulado Gordon Matta-Clark Una comunidad utópica: Soho en la década de 1970, escrito por Jane Crawford, esposa del artista y que ha publicado la revista Brumaria.


Podéis dejar de leer si os aburráis aunque os recomiendo que acudáis al artículo original, es interesantísimo y ameno. Yo aquí acabo mi intervención por hoy.

Jane cuenta cosas como estas:


«Diseñando para el fracaso
Diseñando para la ausencia

Diseñando para la memoria

Sin un lugar para vivir
Incómodo en tu propia piel»


«La ciudad de Nueva York que algunos veían como ruinosa y llena de basura, era considerada por Gordon Matta-Clark como una rica fuente de materiales a partir de la cual se podía producir arte. La propia ciudad era su paleta. Él se dedicaba a abrir agujeros que dejaban su piel y sus huesos a la vista. Su aproximación era la de un arqueólogo urbano que explora las capas y estratos de vidas previas desarrolladas en edificios ahora abandonados. Poca gente pudo ver el trabajo de Matta-Clark porque las galerías estaban enfocadas al trabajo tradicional que podían vender y casi nadie quería ir de visita a edificios abandonados del Bronx, el distrito más peligroso de Nueva York.


El enérgico idealismo que se encuentra presente en buena parte del arte del período se extendió al genuino deseo de esos artistas por ayudar a mejorar y restaurar la ciudad de Nueva York. Robert Morris, Robert Rauschenberg, Alanna Heiss y Gordon propusieron cada uno formas diferentes de llevar el arte a las comunidades más olvidadas mediante la instalación de centros de arte, exposiciones o proyectos. Gordon estaba interesado en los jardines comunitarios, una idea que había germinado durante sus días como universitario. Para eso propuso la idea de los jardines “relámpago”, según la cual los artistas y paisajistas debían reunirse por la noche en un solar vacío y trabajar hasta la salida del sol, de manera que cuando los vecinos se despertasen, encontrasen un hermoso jardín nuevo donde antes sólo había basura y desechos. Él y su amigo Robert Smithson discutían también la idea de los jardines móviles plantados sobre las barcazas del río, que podían ser desplazados flotando a diferentes vecindarios alrededor de la isla de Manhattan.


…También exploró la idea de una casa canasta en una serie de bosquejos, que no era otra cosa que un dispositivo que se podía cargar en la espalda, tal como los caracoles llevan consigo su casa. A Gordon le gustaba esta idea porque los alquileres eran muy caros para cualquiera que dependiese del dinero proveniente de becas y de las escasas ventas de arte…


…En 1973, en un esfuerzo por llamar la atención ante las difíciles circunstancias que debían enfrentar los sin techo, Gordon creó Dumpster Duplex, una casa hecha a partir de un enorme cubo de basura…


En 1971, Gordon abrió el Restaurante Food junto con la bailarina Carol Godden. En poco tiempo, el local se transformó en parte integral de la escena artística de Soho. Los artistas no sólo acudían a hacer vida social sino que además podían trabajar cocinando o limpiando, con lo que conseguían el dinero para llevar a cabo una exposición o una performance…


…Al igual que su padre, Gordon creía que todos podían y debían hacer arte. Quedó totalmente encantado cuando surgió el movimiento de los grafiti en el gueto y lo consideró como una suerte de revolución artística del proletariado. Se dedicó entonces a fotografiar esos grafitis sobre los trenes para luego imprimirlos como estampas fotográficas de 4,8 metros de longitud coloreadas a mano.


En su proyecto Splitting Gordon empleó una sierra para partir por la mitad una casa familiar de dos pisos, algo que reflejaba aquello que ocurre cuando una mitad de la comunidad resulta separada de la otra.

…Al entrar y ver esta casa, las personas también eran separadas de la comodidad, de la seguridad y del anonimato que reina en los museos y galerías. Matta-Clark sacó el arte del pedestal en el que lo colocaba el espacio institucional para traer al espectador dentro del trabajo artístico, de tal modo que ya no era cosa de pararse frente a la obra sino que había que desplazarse en o con ella. A medida que el público se movía, su perspectiva se veía modificada constantemente, ofreciendo múltiples puntos de vista en el tiempo y el espacio. En otras palabras, la participación de la audiencia era requerida para activar la obra, lo que significaba alterar la responsabilidad del espectador. Dentro de una escultura de Matta-Clark, los visitantes se encontraban en una situación que los llevaba a cuestionar todo lo que una casa representa. Para empezar, esta casa no ofrecía protección de ningún tipo; era realmente perturbadora. Me di cuenta de que los espectadores que se desplazaban al lugar de la obra de Gordon o a otras obras site-specific, eran más sensibles o, por decirlo de algún modo, más receptivos al arte planteado de un modo novedoso…


Day’s End fue un proyecto que se llevó a cabo en uno de los depósitos abandonados en los muelles de la ciudad. Hacía años que la mayor parte de la industria de transporte marítimo de Manhattan había dejado la isla para trasladarse a Nueva Jersey, a la orilla opuesta del río Hudson. Por esta razón, en el Lado Oeste de la ciudad quedaron abandonadas una serie de estructuras industriales en progresivo estado de deterioro. Gordon decidió que, con algo de trabajo, una de ellas podía convertirse en el lugar perfecto para un parque público. Durante el verano de 1975, por espacio de tres meses Gordon trabajó para hacer una disección en uno de los lados del galpón con la forma de una gran vela. En el ala que daba al oeste, cortó una enorme media luna. Cada tarde, cuando el sol se ponía sobre la ciudad, los rayos atravesaban la abertura hecha por Gordon e iluminaban por un momento el oscuro interior de ese galpón. Su parque se transformó así en una hermosa sinfonía de luz, aire y agua reflejados en todo ese espacio. Por desgracia, los burócratas del gobierno no fueron capaces de apreciar ese regalo hecho a la ciudad y sólo vieron un acto de vandalismo que los llevó a emitir una orden inmediata de arresto. Gordon se vio obligado a huir a Europa…


A través de una organización llamada “Sweat Equity”† consiguió comprar un edificio en la parte baja en el lado este de Nueva York por quinientos dólares. El edificio se encontraba en un estado lamentable y Gordon quería hacer unos cortes para ver si reunía algún dinero. Para ello organizó a un grupo de artistas como Richard Nonas, Jene Highstein y Gerry Hovagimyan, de modo que lo ayudasen a enseñar la construcción a los chicos del barrio. Se trataba de niños que habían abandonado el colegio para deambular por las calles, en las que conseguían drogas y no paraban de meterse en líos. La idea de Gordon consistía en darles clases de construcción a ese grupo de muchachos empleando para ello el edificio que acababa de comprar y que luego pasaría a pertenecer a los propios chicos. A continuación les ayudaría a vender el edificio para invertir en la reconstrucción de otro inmueble. Se trataba de la continuación de una idea que había tenido varios años antes, junto a Robert Morris y Bob Rauschenberg, y que suponía la transmisión de lo que ellos mismos habían aprendido colectivamente como artistas en Soho. Gordon Matta-Clark murió en agosto de 1978, víctima de un cáncer de páncreas, dejando el proyecto sin acabar.


Durante los años 80… ante los nuevos mercados surgidos en Europa y en los EEUU, el mundo del arte se convirtió en algo de orientación mercantil, el propio arte se volvió una actividad más comercial y menos idealista y la vida democrática en comunidad pasó definitivamente a convertirse en algo del pasado…»

¿No os resultan familiares y cercanos estos conceptos?.

Las fotos de Matta Clark las he sacado de Artnet y de la galería David Zwirner.

enero 19th, 2008

Objetos para amantes del bricolaje


Un poquito de humor nunca viene mal y menos ahora que estamos en la cuesta de enero, y eso es lo que nos brinda el artista, arquitecto, diseñador industrial, diseñador gráfico y aficionado al bricolaje Alexander Reh.

Su trabajo es divertido, gamberro y algo absurdo. Está muy influenciado por la filosofía del hágalo usted mismo, de hecho la serie de sus diseños industriales se llama Time to D-I-Y, tiempo para el bricolaje.


Y esa es la apariencia que tiene por ejemplo la Milky Way Outdoor Chandelier, una lámpara construida a partir de envases de leche, de los de plástico con asa, tan comunes en EEUU.

En un soporte circular, concrétamente un hula hoop, ha insertado por el asa, 14 de estas botellas y ha metido en ella bombillas. De un modo tan simple ha conseguido una impresionante lampara de exterior, barata y muy decorativa.


Otro de sus proyectos, la Fully Loaded Chair es una silla cuya superficie está construida con 400 cartuchos de escopeta. La parte dorada es lo que conforma la superficie de apoyo y el plástico rojo queda en la posterior.


Al sentarse en ella, los cartuchos producen un suave masaje en la espalda, beneficioso para la salud, algo que está en contradicción con el primitivo uso asignado a los cartuchos.


Pero para objeto casero y hecho por uno mismo, nada como el deFlower vase, lo puede hacer cualquiera en su casa, un vaso de tubo, un condón de colores colocado en la boca y un agujero para la flor. Esta es la propuesta de jarrón que nos ha hecho Alexander y se ha quedado tan ancho.


Mi favorita es la mesa expositora Card Table, que el diseñador creo para el stand de la empresa Elsewares. Tan simple como una caja de cartón de embalar a la que se ha pintado la silueta blanca de una mesa con patas torneadas y añadido un tablero blanco en la parte superior. Útil, simple, barata y decorativa.


Otro objeto que esconde sorpresa es el No-no Knives. Cuatro cuchillos insertados en una base de porcelana blanca, a simple vista de lo más anodino, pero al sacar los cuchillos, quedan al descubierto dos enchufes comunes (ingleses) por cuyos huecos se introducen dichos cuchillos.


Y en estos proyectos «yo me lo guiso, yo me lo como» anda metido nuestro diseñador. Desde luego el chico promete, estaré muy atenta a su evolución. Y además me quedo con la idea de pintar cajas y de poner botellas del leche alrededor de un hula hoops.


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