noviembre 24th, 2010

Arcoiris a ras de suelo

Tiempo de mirar hacia atrás, intentando tomar un poco de impulso, también inspiración, para poder seguir mirando hacia adelante, que en este momento parece que cuesta… quizás estoy algo sobrecargada de información repetida en todos sitios.

Así que hoy os dejo una intervención que Patricia Johanson llevó a cabo en 1968.  La artista cubrió de bandas de color, 500 metros de vias de tren abandonadas en Buskirk, New York. La pieza se llamó Stephen Long en  homenaje al diseñador de locomotoras.

Según nos cuenta la autora, la intervenión funcionó casi como un pedazo de paisaje en el que se reflejaban los cambios que sucedían a su alrededor. Toda la extensión de la vía fue pintada de rojo, amarillo y azul … de manera que en ocasiones todo el espectro era visible, debido a la mezcla óptica de los bordes. Los colores estaban constantemente en proceso de cambio, debido a las variaciones de color de la luz natural. Al ponerse el sol, por ejemplo, cuando la luz roja caía sobre la escultura, la franja azul se volvía violeta y la franja amarilla se tornaba naranja.

Dado que el espacio de intervención escapaba al campo de visión, el movimiento y las vistas aéreas se convirtieron en conceptos imprescindibles para la apreciación total de la pieza.

Mucho estoy viendo en la actualidad que me resulta parecido…

Conocí la pieza aquí de donde he sacado las dos únicas fotos que hoy ilustran el texto.

Si queréis saber lo que ocupa mi tiempo, podéis ver más cosas en mi otro Ático, y también en los registros de mis paseos diarios.

noviembre 23rd, 2010

Heridas en el espacio urbano

Quería dejar al «ARTISTA» para mi post número 1.000, me faltan 10 para cumplirlos, pero después de 2 horas buscando algo que me motivase sin conseguirlo, he decidido que necesito levantarme el ánimo y que nada mejor, para ello que darme un homenaje visual en condiciones, así que voy a hacer un repasito a la obra de Gordon Matta-Clark.

Los que hayan pasado con frecuencia por el Ático sabrán,  siempre lo digo, que nada de lo que haya visto, artísticamente hablando, me ha impactado tanto como el trabajo en el espacio urbano, de este creador. Una búsqueda en google, os puede poner al día de lo que su inconmensurable obra, ha aportado al arte contemporáneo, pero, para el que no tenga ganas de indagar, os dejo un artículo de Darío Corbeira, editor del libro ¿Construir… o deconstruir? que fue publicado por el El País en el 2006.

«Su trabajo refleja desde sus comienzos su preocupación por los nuevos modos culturales en la vida cotidiana y por las nuevas subjetividades e identidades políticas posteriores a 1968: trabajando con basuras, ofreciendo oxígeno a los transeúntes de Nueva York, abriendo un restaurante gestionado y dirigido por artistas, poniendo en tela de juicio la propiedad privada del suelo… o subiéndose a la Clocktower para, colgado de su reloj, proceder a afeitarse, ducharse y lavarse los dientes.



Todas esas acciones tenían lugar en tiempo real, acotado y preciso, fuera de los sacralizados recintos de galerías o museos, pero previo a ellas realizó miles de dibujos, anotaciones y libretas de trabajo que, a la manera poussiniana, implican que concebía el dibujo como la imagen interior del proyecto. Del mismo modo, prácticamente todas sus acciones e intervenciones en edificios fueron fotografiadas, filmadas o grabadas en vídeo, y el modo en que las registraba estaba en perfecta coherencia con el discurso general que trataba de construir.



En donde realmente Matta-Clark dio el gran salto fue en sus trabajos con la arquitectura y el espacio. No veía en los edificios más que unas esculturas con tuberías y, en una sucesión de metáforas dentro de otras, buscó espacios internos más allá de la geometría construida. «La auténtica naturaleza de mi trabajo con edificios está en desacuerdo con la actitud funcionalista, en la medida en que esa responsabilidad profesional cínica ha omitido cuestionar o reexaminar la calidad de vida que se ofrece».



Las intervenciones en edificios (cortándolos, seccionándolos, troceándolos, agujereándolos, desplazándolos) le permitieron materializar ideas sobre el espacio que él intuía desde una dialéctica personal (designar espacios, crear complejidad). Las dualidades que fue descubriendo, impecablemente reflejadas en sus montajes fotográficos (vertical/horizontal, interior/exterior, vacío/lleno) resumen en términos de experiencia estética más de 2.000 años de ideas filosóficas sobre el espacio.



Esos cortes conforman una suerte de narración gráfica y textual que explica tanto el proceso de la obra como su contexto interno. Sus viajes al subsuelo de la ciudad pretendían descubrir espacios sin nombre, lugares ocultos: «Tengo interés en una expedición al subsuelo: una búsqueda de los espacios olvidados y enterrados bajo la ciudad… Esta actividad debería sacar el arte de la galería e introducirlo en las cloacas».



Su interés por los espacios intermedios, por los contenedores corporales y sociales, por la degradación urbana y los edificios okupados le permitieron trascender el conflicto que mantuvo con la Institución Arquitectura. Uno de los primeros episodios de dicho conflicto lo protagonizó al ser invitado a participar en una exposición en la Cooper Union. En este caso, su obra consistió en el desmontaje de las ventanas del lugar de la exposición para poner en su lugar fotografías de las ventanas reventadas de edificios degradados del Bronx, y sucedió que las ventanas fueron repuestas, la participación de Matta-Clark cancelada y que Peter Eisenman le acusó indirectamente de nazi. Este conflicto continúa hasta hoy y se hace visible cuando, por ejemplo, este artista sigue estando vetado en las bienales de arquitectura de Venecia.



Matta-Clark es el gran artista del espacio -éste fue su material de trabajo y proyecto-, de sus vacíos, no sólo del arte de las últimas décadas sino de lo que hoy conocemos como historia del arte. Muy inteligentemente estuvo al margen de las, aún hoy, difíciles -por no decir imposibles- relaciones artista/arquitecto, operando directamente sobre los sólidos construidos. «Los arquitectos construyen, los artistas destruyen», afirmaba Dan Graham a propósito de la obra de Matta-Clark.


En todo caso, su obra, que él se encargó de definir como hermenéutica marxista, posee la belleza convulsa de un tiempo de crisis vivido desde la lucidez. Matta-Clark es un antihéroe moderno y uno de los primeros artistas de la posmodernidad. Él, en definitiva, transformó en arte lo que las organizaciones ciudadanas, partidos y sindicatos no querían, no podían u olvidaban hacer: perseverar en el proyecto moderno de emancipación. Más que poner el dedo en la llaga, hundió, con toda la generosidad imaginable, sus manos y su cabeza en las heridas sistémicas del capitalismo tardío. Por eso es un artista ineludible a la hora de entender el arte de los últimos cuarenta años.»



Amen…


También os dejo un post (ahora sin fotos) que hice hace algunos años sobre el gran artista y otros que han seguido su estela.

Vaya hoy mi homenaje al maestro, en mi casi 1.000 post del Ático.

Bueno, pues definitivamente he terminado de elevar  el listón de los artistas invitados al Ático a la cotas más alta, a partir de ahora sólo puedo caer en picado… siento de veras no poder volver a estar a la altura…

Las fotos son de Google.

noviembre 21st, 2010

Papel blanco y sombras

En fin, la vida sigue después de Svankmajer, aunque no de la misma manera… tengo que contaros que tuvo el placer de conocer al maestro y a su grandeza como artista, tengo que añadirle una gran amabilidad y buen talante. En fin, que ha sido un fin de semana inolvidable y lleno de reflexiones.

Ahora, como no me es posible hablar de nada que esté a la altura, dejaré por aquí algo ligero para desintoxicar y limpiar las retinas.

Se trata del trabajo en papel de Laura Cooperman, una artista que  con gran paciencia va creando figuras recortadas en blancas superficies, cuyas sombras, adquieren gran importancia en la composición, dándole efecto de tridimensionalidad.

Algunas además, están dotadas de movimento, conseguido mediante engranajes y cadenas que le dan la apariencia de un delicado y frágil reloj de cuerda.

Las composiciones, circulares en su mayoría, están compuestas por formas arquitectónicas, vegetales y geométricas, que van encajando cual máquina de precisión.

Nada más que añadir que no se aprecie en las imágenes. el trabajo lo he conocido aquí, las fotos son de la página de la artista.

noviembre 17th, 2010

Éxtasis emocional

Cuento las horas que faltan para ponerme delante del último trabajo del maestro de los maestros de la animación, el grandísmo Jan Svankmajer que estará estos días por Segovia presentandolo. Sobrevivir a la vida (teoría y práctica), un título que ya me motiva.

Como me suele pasar con los artistas que más admiro, su trabajo me deja con con la boca abierta y encefalograma plano y me resulta imposible decir y menos escribir, algo medio interesante, menos mal que la red está llena de artículos bien argumentados sobre este autor de culto, que os invito a leer.

Por no repetir cosas ya dichas por otros, me limitaré a mencionar, como algo personal, que  siento un extraño éxtasis  emocional ante sus animaciones, que al cabo de un rato de contemplación, me dejan exhausta, anonadada  y sin fuerza para asimilar nada más, así que siempre lo veo en pequeñas dosis para poder sacar jugo a tanto derroche de creatividad y fuerza narrativa.

También me pasa, que después, ya casi nada me parece interesante y tardo tiempo en recuperarme y tomar interés por otros temas artísticos.

Mi sobrina, que aun no tiene dos años, también es admiradora del trabajo de este hombre y lo solemos ver juntas a la hora del biberón, de esta manera, trato de compensar la sobredosis de Pocoyos y Cantacuentos a las que se ve sometida en su rutina diaria… ella también se queda como yo, petrificada ante el torrente de imágenes.

En fin, que me ha salido un post de lo más ñoño, que para nada hace justicia al potente trabajo de este hombre, pero espero que por lo menos estas pequeñas muestras que dejo, os motiven a una inmersión en su obra, pero por favor, dosificadlas, que corréis el riesgo de sufrir una sobredosis emocional de difícil cura, como me va a pasar a mí estos días en Segovia. A ver cuanto tardo en reponerme esta vez, presiento que va a ser larga la agonía.

No sigo poniendo vídeos porque no va a haber quien abra este post. Mucho más aquí o mejor en Segovia.

noviembre 16th, 2010

El cortando de historias

Sorprendida me quedé al enterarme, no hace mucho, que el malvado Hans Christian Andersen, no sólo había canalizado su creatividad en escribir cuentos perversos, para martirizar a niñas sensibles como yo, sino que también se prodigó en el difícil arte de recortar siluetas de papel.



Por lo que cuentan, tenía como afición hacerlo para divertir a sus amigos e hijos y acompañaba este acto con la narración de algunas historias, me imagino del tipo que serían, las piezas me hacen intuirlo, para al final de la narración, desplegar el papel y mostrar el resultado a todos los allí reunidos.

Los recortes de papel no estaban destinados únicamente a ser disfrutados con la vista, sino que eran un desafío para la mente. Poseían un significado oculto y misterioso, y aunque en apariencia eran puro divertimento, algunos de esos pedazos de papel, eran auténticos rompecabezas o representaban símbolo lingüísticos.



A mi me han encantado, más que sus cuentos despiadados, no sé, a lo mejor debería probar a leerlso de nuevo, uffff, perfiero no torturarme más de lo debido, mejor os dejo una selección de mis figuras favoritos.

Lo conocí trasteando por ahí, pero las imágenes pertenecen al Museo Odense y a The Royal Library.

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