Otro día con ración de fotos especiales, las que Ariel Schlesingerha tomado en el espacio público y que captan con gran creatividad, pequeñas e insignificantes incorrecciones arquitectónicas y urbanísticas o momentos en los que la casualidad o la mano del hombre han cambiado ligeramente el entorno para hacerlo más divertido, llegando en ocasiones al surrealismo más poético.
Cuando miro este trabajo, dudo si todos estos pequeños desastres urbanos han sido encontrados por casualidad o si realmente algunos han sido manipulados por el artista para que parezcan accidentales, cuando en realidad hay el trabajo preparatorio de gran finura. He intentado averiguar sobres esta cuestión pero no he llegado a ninguna conclusión clara…
Digo esto, porque este hombre además de ser un aventajado fotógrafo, es escultor de cierto talento y graffitero inventor de artilugios para automatizar la pintura en muros, de ahí la sospecha.
Os dejo una selección de sus imágenes para que disfrutéis de esos pequeños detalles divertidos y casi nimios, que nos rodean y en los que no solemos reparar. Dios mío, qué ojo tienen algunos…
Lo he conocido aquí y las fotos se las he cogido prestadas al autor.
Hoy dejo documentación fotográfica de las instalaciones de John Kormeling, donde podréis ver proyectos de mayor o menor envergadura, con vocación urbana y sentido del humor, que buena falta hace en nuestras ciudades.
Su último trabajo, unaHappy Street para el pabellón de Holanda en la World Expo 2010 de Shanghai… algo alejado de los alardes estilísticos del resto de trabajos que he visto en este magroevento…
Me gusta el trabajo de este hombre, que sabe convertir actividades diarias y rutinarias en diversion para los ciudadanos.
Nada más que decir por hoy.
No se donde conocí a este hombre, seguro que rastreando por festivales. Las fotos son del autor.
El trabajo de Michele Brody nos habla del cambio y el flujo constante de nuestro medio ambiente del que somos testigos, aunque casi no nos darnos cuenta de él.
Para que tomemos consciendia, crea sus esculturas y proyectos públicos, combinando plantas vivas, luz, cristal, metal, telas y arquitectura.
Su trabajo suele es efímero, y el ciclo vital de tres semanas en el que las plantas van evolucionando desde la germinación pasando por el florecimiento hasta llegar a la muerte quedan expuestos al público que visita su obra.
El uso de las plantas que hace este hombre no es grandilocuente, no emplea exóticas especies, no crea impresionantes centros florales metídos en sofisticados recipientes lo suyo son las pequeñas hierbas con las que va tejiendo paneles textiles que se acaban convirtiendo en verdes muros. También utiliza cristal e incluso botellas de plástico dentro de las cuales las hierbas, adquieren un valor estético.
Y sin más os dejo con las imágenes del trabajo que este hombre lleva a cabo, utilizando una materia prima tan delicada como son las plantas.
El nombre Truffe describe a la perfección la naturaleza de este pequeño habitáculo en forma de piedra, que ha sido creado para mimetizarse con un entorno natural privilegiado como es el de la Costa da Morte de Galicia, encontrandonos en el interior toda la esencia del proceso de contrucción, que ha dejado su huella relativamente azarosa en la configuración de los espacios.
Voy a copiar un texto en el que Antón García explica todo el proceso de construcción que es verdaderamente interesante.
«La Trufa es un fragmento de naturaleza construida con tierra, llena de aire. Un espacio dentro de una piedra que se posa en el terreno y que se mimetiza con el territorio. Se camufla, al emular los procesos de formación mineral en su estructura, y se integra con el medio natural al someterse a sus leyes.
Se hizo un agujero en el terreno con tierra vegetal sin consistencia mecánica, un dique de contención. Luego, materializamos el aire construyendo un volumen con fardos de paja e inundamos el espacio entre la tierra y el aire construido para solidificarlo. El hormigón en masa vertido envolvió el aire y se protegió de tierra. Pasó el tiempo y retiramos la tierra descubriendo una masa amorfa.
Con maquinaria de cantera hicimos unos cortes para explorar su núcleo y descubrimos la masa de su interior construida con paja, ahora comprimida por la presión hidrostática que ejerció el hormigón sobre la endeble estructura vegetal. Para vaciar el interior, llegó la ternera Paulina, que disfrutó de 50m3 de su más rico alimento, del que se nutrió durante un año hasta que abandonó su hábitat, ya adulta y pesando 300 kilos. Se había comido el volumen interior, y aparecía el espacio por primera vez, restaurando la condición arquitectónica de la trufa tras haber sido cobijo del animal y de la masa vegetal durante un tiempo largo.
La Trufa es un fragmento de naturaleza construida con tierra, llena de aire. Un espacio dentro de una piedra que se posa en el terreno y que se mimetiza con el territorio. Se camufla, al emular los procesos de formación mineral en su estructura, y se integra con el medio natural al someterse a sus leyes.
Se hizo un agujero en el terreno con tierra vegetal sin consistencia mecánica, un dique de contención. Luego, materializamos el aire construyendo un volumen con fardos de paja e inundamos el espacio entre la tierra y el aire construido para solidificarlo. El hormigón en masa vertido envolvió el aire y se protegió de tierra. Pasó el tiempo y retiramos la tierra descubriendo una masa amorfa.
La tierra y el hormigón intercambiaron sus propiedades. La tierra proveyó al hormigón de su textura y color, su forma y su esencia, y el hormigón le entregó a la tierra su resistencia y estructura interna. Pero aún no era arquitectura lo que habíamos creado, habíamos fabricado una piedra.
Con maquinaria de cantera hicimos unos cortes para explorar su núcleo y descubrimos la masa de su interior construida con paja, ahora comprimida por la presión hidrostática que ejerció el hormigón sobre la endeble estructura vegetal. Para vaciar el interior, llegó la ternera Paulina, que disfrutó de 50m3 de su más rico alimento, del que se nutrió durante un año hasta que abandonó su hábitat, ya adulta y pesando 300 kilos. Se había comido el volumen interior, y aparecía el espacio por primera vez, restaurando la condición arquitectónica de la trufa tras haber sido cobijo del animal y de la masa vegetal durante un tiempo largo.
La arquitectura nos sorprendió. Su ambigüedad entre lo natural y lo construido, la compleja materialidad que un mismo elemento constructivo, el hormigón en masa sin refuerzo armado, podía dotar al pequeño espacio arquitectónico de distintas escalas. Desde la textura informe de su exterior, hasta la violenta incisión de un corte que revela su vocación arquitectónica, llegando a la expresión fluida de la solidificación interior del hormigón. Esta materialidad espesa, que dota a las paredes verticales de una escala almohadillada proviene de la dimensión de los fardos, y contrasta con la liquidez continua del techo que evoca al mar, petrificado en el dintel del marco espacial que mira de modo sublime al océano Atlántico, resaltando el horizonte como única línea tensa de todo el espacio interior.
Para dotar al espacio de todo el confort y habitabilidad necesaria en la arquitectura, tomamos como motivo el “cabanon” de Le Corbusier, recreando su programa y dimensiones. Es el “cabanon de Beton” la referencia que hace de la trufa un espacio habitable y disfrutable en la naturaleza, que nos ha inspirado y sometido. Y la lección que recibimos es la incertidumbre que nos guió, en el deseo de construir con nuestras propias manos, un fragmento de naturaleza, un espacio contemplativo, un pequeño poema.»
Un ejemplar método de trabajo que respeta a la perfección la naturaleza en la que se integra, aun así no puedo evitar pensar que, a pesar de su apariencia o quizás debido a ella, lo que de verdad es un desproporcionado lujo en este proyecto, es que ese entorno tan maravilloso sea de uso privado…
Lo he recordado aquí. Las fotos se las he cogido a los autores y también aquí.
No he podido evitar traer al Ático la serie Somalia Houses del fotógrafoOlaf Unverzartque durante el 2009 se dedicó a fotografiar, ingeniosas construcciones, hechas con todo tipo de telas y materiales reciclados.
Quizás me han llamado la atención especialmente, porque en estos días, me asaltan constantes imágenes de la vida en la Plaza de Tahir, en El Cairo que se ha convertido en una pequeña ciudad improvisada dentro de otra ciudad, que ha decidido vivir en la calle.
Poco más que decir en una histórica jornada, en la que la voluntad de una mayoría, ha conseguido doblegar los intereses de unos pocos… Hoy es un bonito día, espero que mañana salga el sol, sin tanques en el horizonte…
He conocido este trabajo aquí. La fotos son de esta otra página.