junio 23rd, 2008

Con una manita de pintura…


He dicho algunas veces que estoy harta de escuchar y leer sobre las grandes inversiones en arquitectura de marca que se están realizando por aquí y por allá para tratar de dar lustre y prestancia a zonas con altos intereses especulativos, así que tenía ganas de dejar por aquí algún ejemplo de lo que la simple pintura puede conseguir en barrios o zonas degradadas, marginales o simplemente estéticamente feas.


En algunos casos, la intervención de color se ha limitado a la aplicación de una mano de pintura monocromática, en otros se han diferenciado distintas áreas de color y en un tercero, el más interesante para mí, ha hecho falta la participación de un artista. En ninguno de los ejemplos se han tocado elementos arquitectónicos ni se han añadido ornamentos.


El grueso de la información que aquí aparece me la ha proporcionado Juan Freire, fuente de inspiración constante, esta vez la he sacado de su artículo, Favela painting, ¿arte para cambio social?.


Ejemplo de cómo un color puede sacar a la luz una problemática social, lo encontramos en la intervención del artistas Florentijn Hofman, que utilizó la pintura azul para su trabajo Beukelsblauw, con la que cubrió varios edificios del principios del s. XX en Róterdam. El artista se propuso mantenerlos de ese color hasta que se decidiera sobre el futuro incierto de dichos edificios. En realidad lo que consiguió fue que pasaran del anonimato a ser los más fotografiados de la ciudad.


Con color también se consiguió evidenciar la decadencia de una serie de edificios en un área deprimida de Detroit. Esta vez, el culpable fue un eléctrico color naranja, el Tiggerific Orange, patentado por Disney. El proyecto, llevado a cabo por un colectivo de artistas, fue llamado Object Orange.


Aparentemente con intereses menos altruistas, el polifacético y todopoderoso artista Julian Schnabel ha intervenido de vivo color rosa, un antiguo edificio del West Village de Nueva York. Esto ha suscitado un fuerte debate y un conflicto vecinal lo que ha producido un eco mediático que ha dado relevancia al edificio en cuestión, intuyo que elevando su precio notablemente.


Uno de los casos en los que más fácilmente y a mayor escala se puede comprobar el efecto revitalizador que ha tenido la simple pintura, es el caso de Tirana la capital de Albania. Desde el 2000, su alcalde, Edi Rama, está empeñado en mejorar el aspecto de una ciudad gris, deprimida, descuidada y postcomunista, utilizando para ello un ejercito de pintores que han aplicado arriesgadas y coloristas composiciones a las poco atractivas construcciones comunistas.


Así, ha llenado de color la ciudad y este simple y no demasiado caro gesto, ha hecho que la calidad de vida de sus habitantes, por lo menos en apariencia, haya mejorado.


La iniciativa más interesante para mí, porque comprende otros aspectos como la participación vecinal, es la que se conoce como Favela Painting y que puede leerse con detalle en el artículo de Juan Freire.


Copio un párrafo, «Promovido por la Fundaçcao Firmeza pretende crear murales de gran formato en «lugares donde las personas están socialmente excluidas» con el fin último de apoyar un proceso educativo y motivar a las comunidades locales, especialmente a los más jóvenes, para que mejoren su imagen hacia al exterior y hacia el interior construyendo una identidad más positiva de sus propias comunidades».

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La idea surgió de los artistas holandeses Dre Urhahn y Joroen Koolhaas que en 2006 iniciaron el proyecto en las favelas de Vila Cruzeiro. Presentaron bocetos de lo que querían pintar a los vecinos y una vez elegido el que mas gustó, se pinto colectivamente.

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En paralelo, se organizaron cursos sobre arte, diseño, fotografía que proporcionaron a los vecinos herramientas para emprender sus propios proyectos artísticos de forma más autónoma. Todo el proceso está documentado en el blog Favela Painting.

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Con todos estos ejemplos de cómo la pintura puede redimir muros, edificios, barrios e incluso ciudades, me entristece ver que en ciudades como Madrid no se aprovecha ese fácil recurso para embellecer tanta anodina medianera. ¿No sería interesante que las calles se llenaran de la obra de artistas urbanos?…

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Pero mientras se pongan multas desorbitadas y los únicos espacios disponibles estén patrocinados por marcas comerciales, las calles se llenarán de esas rápidas, torpes y antiestéticas firmas, mientras los artistas interesantes, que dedican tiempo a su obra, se tendrán que ir a otros lugares, donde son mejor recibidos y valorados.

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Y por cierto ¿qué pasa con los muros privados?, ¿es que a nadie le apetece tener una obra de arte en su fachada, en su tapia o en su pared medianera?.

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Animo, a quién tenga alguno disponible, que lo diga, habría lista de espera para pintárselo sobre todo si está en el centro. Estoy segura de que se sentirá orgulloso de los resultados…

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junio 16th, 2008

El increible artista menguante

Llevo tiempo queriendo escribir sobre uno de los artistas urbanos que más me interesa, que no son demasiados, todo hay que decirlo, él es Sam3. Que me gusta, lo sabe todo el que pare por aquí, aunque hasta ahora no había visto el momento de invitarlo a mi ático y pasar un rato con él.

Ha sido por pura timidez no por falta de ganas, pero es que me parecía tan ocupado, yendo de un blog a otro, siempre en los mejores y no sólo en los específicos de arte urbano… que tampoco veía la oportunidad de conversar sobre alguno de sus trabajos que no se hubiera tratado hasta la saciedad en la red.


Pero, parece que algo de lo que ha hecho últimamente ha pasado desapercibido en el radar de altos vuelos de la bloggosfera y a mí, que tengo un detector de corto alcance, me ha llamado la atención especialmente.

Se trata de unas pequeñas sombras, que claramente se reconocen como suyas y que ha recortado y pegado por las calles de Londres. No tengo ni idea de cuantas habrá dejado, pero seguro que han sido más de las que yo he encontrado.


Me ha alegrado verlas, porque estaba pensando que últimamente todos los artistas urbanos sufren un exceso de megalomanía que les hace confundir el tamaño con la calidad, generándose así exceso de obra de gran formato que no aporta nada al resultado artístico.

Pues en este panorama de street art king size, Sam3 me ha sorprendido gratamente, se ha recogido, hecho pequeñito y manejable, simplemente porque le ha apetecido, desde luego no por falta de espacio donde trabajar, ya que en este período ha tenido a sus disposición pedazo de muros londinenses.


Así, mientras fecundaba muros en el Cans Festival, invitado por el todopoderoso Banksy ¿he dicho alguna vez que este hombre me cansa con sus evidentes intentos de provocar? o daba su particular visión sobre los 60 años de ocupación de los territorios Palestinos, en compañía del que nunca me cansa, Blu, estaba también recortando sombras para dejarlas por la ciudad, un pequeño obsequio para paredes con menos categoría… (tengo que vigilar mis frases subordinadas, parece que no van a acaban nunca).


Le sigo la pista a través de su blog y me gusta que, además de reducir tamaños, Sam3 esté eliminando muchas otras cosas superfluas de su obra, quedándose con lo que de verdad le vale para contar sus historias, esas que hablan de personajes mitológicos, de seres grandes relacionándose con otros pequeños, de sexo, de soledad, de vida, de amor, de árboles, de mensajes publicitarios, de lo cotidiano, de política, de animales con raíces, de escaleras y zancos, de hombres con la cabeza en otra parte…


De este período, más sobrio y maduro, por supuesto me quedo con sus sombras, no podía ser menos siendo yo admiradora del trabajo de maestros como Rober Wilson, o Paul Chan y es que a mi entender, las sombras son la esencia de lo mínimo, de lo efímero, también de lo que desaparece cuando se va la luz, todo lo cual me atrae.

Me ha gustado encontrarme con él en las medianeras y solares abandonados de The Unconscious Art of Demolition, he admirado sus dibujos en los cristales de una fábrica abandonada de Bucarés, muy intensos todos ellos y no he podido evitar quedarme enganchada a su contemporáneo Mr. Hulot de Radiografía Urbana.


Ahora, a Sam se le han escapado esos los pequeños personajes que acompañaban a tus sombras gigantes, han decidido huir antes de que los destruyan, como a sus mayores y andan sueltos por la ciudad en busca de lugares donde pasar desapercibidos y evitar así ser exterminados; puro instinto de supervivencia.

Ojalá algunas de sus pequeñas sombras de papel se reproduzcan por Madrid, nos hace falta fauna de calidad en nuestra jungla de asfalto, ya que el servicio de limpieza del ayuntamiento sólo nos ha dejado una patética combinación de colores grises, al hacer desaparecer definitivamente su obra de los muros.


Recomiendo perderse un rato por su web y blog para disfrutar el resto de su obra, igualmente interesante, o más… no he hablado mucho de ella, porque está en todos lados.

Si encuentro más sombras recortadas, las iré añadiendo.

junio 15th, 2008

El artista del taxi


Hace unos meses, alguien me dijo que existía un taxista, que cuando no llevaba pasajeros se dedicaba a intervenir subversivamente los espacios publicitarios que le provocaban, en su transito por las calles de Buenos Aires.


Buscando, buscando, llegué al artista Oscar Brahim, que efectivamente conduce un taxi aunque en realidad estudio diseño y dibujo. Se define a si mismo como «diseñador gráfico en libertad» y dice que su cruzada antipublicidad es una catarsis, un mecanismo de defensa que tuvo que desarrollar en una época de crisis personal para no estamparse contra un muro con el taxi.


«Oscar maneja un taxi 12 horas diarias para ganarse la vida. Constantemente es atravesado por el bombardeo publicitario de la ciudad. En el baúl del Peugeot 504 lleva botellas con engrudo, pintura y recortes de afiches que le sirven para intervenir y «mejorar» el entorno visual de su ciudad. «El problema es que la gente toma la publicidad como algo natural, ni se le ocurre reaccionar frente a los avisos. Sería buenísimo que cada uno reaccionara, que se pusiera a pintar las propagandas callejeras como se le cante.»


Según cuenta en su conferencia para The Influencers, él empezó recortando elementos de carteles pegados en la calle para colocarlos en vallas publicitarias, eso fue al principio, luego se hizo amigo de los que pegaban dichos carteles, los cuales le contaron dónde tiraban los que no pegaban, ahí Oscar encontró un filón para su trabajo.


Él recoge estos carteles, recorta en casa todo lo que le parece interesante de ellos y lo guarda en el maletero del coche, sin saber exactamente qué uso le va a dar. Cuando encuentra alguna valla que le provoca, repasaba el material que tiene archivado, coge pegamento y brocha, se sube a su escalera y lo añade al cartel publicitario en cuestión, para tratar con su intervención, de dar su particular versión de la realidad que le rodeaba. De esta manera, va añadiendo sus mensajes subversivos, perfectamente camuflados, en su personal cruzada contra la publicidad.


También utilizaba pintura, con la que dibuja directamente en las valla, sin preocuparse demasiado por los colores, simplemente lo hace con la que tiene a mano, añadiendo detalles, quitando personajes o aponiendo elementos humorísticos, pero sin dejar a un lado un trasfondo muy crítico con la sociedad de consumo, la política, la educación…


Ha travestido a políticos, ha pegado precios en las caras de los personajes de la publicidad, ha cambiado consignas comerciales convirtiéndolas en mensajes anticonsumo, ha añadido personajes en situaciones surrealistas, ha puesto su ácido sentido del humor en funcionamiento para hablar de la crisis argentina del 2001, ha expresado, sin tapujos, su ideología, sus preocupaciones en educación, en religión y todo esto lo ha hecho desde su taxi.


Ahora, también pone mensajes tipográficos en puentes sobre autovías, como por ejemplo «necesitamos niños», «no hay hachís», «nadie tiene que perder», «escoja su recompensa» palabras fuera de contexto, que invitan a la reflexión, además él pregunta a los pasajeros su opinión sobre la intervención, intentando sonsacarles y generar debate e interacción, sin decir, claro, que él ha sido el artífice.


Es muy interesante escuchar la conferencia que dio para The Influencers en el 2006 narra anécdotas de su vida y comenta su obra con estilo desenvuelto y gran sentido del humor. En ella se percibe, cómo ha sabido hacer de la necesidad virtud y convertido su terapia en una obra muy personal, además de en una manera de vida con la que parece que Oscar se divierte.


El director Sergio Morkin lo siguió y filmó mas de 60 horas entre 1998 al 2002, la película no la he visto, me gustaría mucho hacerlo, más después de haber escuchado su conferencia, si alguien tiene información sobre ella…


Copio la reseña que apareció en el diario Clarín sobre ella. «Oscar Brahim podría ser un tipo cualquiera, pero no lo es. O tal vez sí lo sea, con la única diferencia de que es talentoso, ocurrente y muy lanzado. Oscar Brahim podría ser un taxista más de los que circulan por Buenos Aires quejándose de todo y de todos. Pero no lo es. O, bueno, pensándolo bien, tal vez sí lo sea, con la distinción que sus quejas son inteligentes, generalmente muy atinadas y que, encima, el hombre pone sus pensamientos en acción.


¿Qué es lo que hace Oscar para transformarse en un tipo tan particular y merecer una película cuyo título sea su nombre? El Oscar que cuenta Oscar, el brillante documental de Sergio Morkin, es un artista gráfico, un diseñador, dibujante, un creativo que «interviene» sobre las publicidades callejeras hasta tornarlas irreconocibles: las dibuja encima, las pinta, las mancha, les agrega cosas, las escribe.


Lo que hace es invertir su significado, deformarlo, transformar un espacio comercial que, asegura, ofende a los sentidos, en un espacio artístico, de conversación, de debate estético y político. Esto puede resultar muy teórico, pero en la práctica es divertido, arriesgado y por momentos muy duro.


El filme de Morkin muestra la vida cotidiana de Oscar. Casado, con tres hijos, con muy poca plata en los bolsillos y a punto de ser desalojado de su departamento, Oscar no puede dejar de ponerse en riesgo (descuidando su trabajo como taxista y siempre a punto de caer en manos de la policía) en esta tarea de combate estético que ha dispuesto hacer con su vida.


Viendo las publicidades antes y después de sus intervenciones no quedan dudas de que, además de sentido del humor, el hombre tiene un gran talento artístico que de otra manera sería desaprovechado.


El filme muestra sus pequeños triunfos: el reconocimiento de dibujantes como Sergio Langer, a quien lleva a pintar un afiche en una secuencia muy graciosa; las conferencias que da en la Facultad de Arquitectura y en el Instituto Goethe, y su sorda batalla contra los publicistas Agulla & Baccetti, a quienes considera sus enemigos.


Casi todo el filme transcurre en los años 2000 y 2001, cuando esa agencia intentaba lanzar al «Super De la Rúa», modernizando su imagen gráfica. En vistas de lo que va ocurriendo en el país en esos años —y que el filme usa como trasfondo más que significativo— se puede observar que la lucha de Oscar precede y anticipa el estallido de la crisis, en sus observaciones sobre el combate entre una sociedad casi desnutrida y un apabullante aparato publicitario para vender enormes cantidades de productos inservibles.


El filme, de apenas una hora de duración, logra ser crítico, ácido, divertido y hasta emotivo al contar los sufrimientos físicos que padece Oscar por culpa de su tarea. Con un ritmo y montaje furiosos, que se asemejan a la urgencia cotidiana que envuelven al hombre y su taxi, el filme es un retrato cariñoso y también un compartido grito de fastidio».


Nos cuentan además en Venecia se Hunde, que una de las escenas más divertidas de la película es cuando le invitan a dar una conferencia para una importante agencias de publicidad de Argentina «Agulla & Bacetti lo invitan a Oscar a dar una charla en una especie de escuela de publicidad que ellos tienen. Verlo decirles a un grupito de estudiantes barsotos y a un Director Creativo de la misma agencia (con una pinta de pendejo garca que mata) que detesta la publicidad, que le parece patética, pésima, poco creativa, nefasta, etc.; y ver a los estudiantes acusarlo de publicista frustrado y de resentido porque él tiene que manejar un taxi es un placer del que nadie debería privarse».


Siento un post con tanto refrito, pero como ellos lo han expresado tan bien… para qué intentarlo yo.


Sólo añadiré que me gusta la manera en que este modesto superheroe porteño, lucha a su manera contra lo que le porvoca, ojalá los demás tuviéramos sus narices y empezáramos a acometer nuestras pequeñas y modestas cruzadas personales contra las cosas de las que tanto nos quejamos, yo la primera.


Las fotos las he sacado de su colección en Flickr.

junio 12th, 2008

Confidencias urbanas alrededor del fuego


Encender hogueras en las calles fue la feliz idea que se le ocurrió al artista Steven Matthew Brown, para el Wackelkontakt en el que partición con otros 19 artistas y que fue convocado por la Bauhaus Universität-Weimar. Su proyecto se llamó Gather Change Gather.

El escenario, la ciudad alemana de Jena, concretamente la puerta del mercado central; allí fue donde Steve construyó con adoquines, un cuadrado a modo de chimenea improvisada, dentro del cual prendió fuego cada noche durante 1o días.

El fuego actuó como faro atrayendo a todo tipo de personas, que se aproximaban a preguntar al artista, cual era la razón de estar allí.


El calor del fuego, parece que fue derritiendo la desconfianza natural de la gente al ver a un tipo sentado frente a una lumbre hecha por él mismo, en plena calle, y acabaron acomodándose ellos mismos alrededor y hablando y contando sus propias historias, algunas de las cuales se remontaban a un pasado bastante lejano, como la de Gertrude una anciana señora a la que el fuego le hizo recordar la tragedia que sufrió cuando en el 45 los aliados bombardearon la ciudad.

Para documentar todo el trabajo, cada jornada, el artista guardaba entre dos cristales la ceniza acumulada en el hogar de la lumbre. Además, apuntó as experiencias vividas y lo que le contaron. Todo está guardado en el Schott Glasmuseum & Villa de Jena.

Qué maravillosa idea, aplaudo al tal Steve que con dos narices se plantó en la calle, encendió una hoguera y se quedó allí esperando a que los paseantes se acercara y se pusieran a hablar con él. Y parece que la gente se dejó llevar y acabó regalándole interesantes confidencias.


Y es que el fuego, además de ser purificador, tiene una especie de efecto sedante y tranquilizador que consigue, que al mirar la evolución de sus llamas y escuchamos el crepitar de la leña, nos inunde una especie de laxitud y de abandono que puede llevar a decir o hacer cosas… que en fin…

A mí, las escenas que mas me gustaban en las pelis del oeste, son precisamente las que se desarrollaban alrededor del fuego ¿a vosotros no?.

Esta vez y sin que sirva de precedente, lo he sacado de Wooster Collective, aunque es algo antiguo, de enero del 2007. Las fotos también son de ellos.

Otra acción con fuego, esta bastante menos sutil, es la que ha tenido lugar ayer en Berlín y que ha tenido como intervinientes, una hoguera en un descampado, y 8 coches BMW atados con una cuerda y girando alrededor de ella.

Se llama The Landreform Carousel y ha sido ideada por Aram Bartholl, Matthias Einhoff, Philip Horst, Markus Lohmann, Harry Sachs y Daniel Seiple para la Berlin Biennial.

junio 8th, 2008

Luces en la ciudad


¿No es increíble que toda una ciudad se ponga a disposición de diseñadores, arquitectos, iluminadores, artistas urbanos y paisajistas para que la intervengan única y exclusivamente con luz?


Pues eso pasa en Bruselas, desde 2004 en que tuvo lugar por primera vez BENEFLUX, un evento artístico cuya temática común es la luz y que recoge 30 proyectos de iluminación vanguardistas con los que se engalana cada rincón de la ciudad durante tres días.


Y como la luz no conocen fronteras, en él pueden participar proyectos de cualquier parte del mundo. Este año la entrega termina en junio, si a alguien le puede interesar, aún está a tiempo, la luminosa fiesta se podrá disfrutar el próximo diciembre.


Intervenir con luz la ciudad me parece una idea brillante puesto que nada queda afectado definitivamente y una vez apagadas las luminarias todo vuelve a la mas absoluta normalidad.


El evento es organizado por la asociación «Gang des Lunettes» y el artista Jean-Lucien Guillaume es su director artístico. Ha sido patrocinado por «Brussels City» y la «Brussels-Capital Region» lo que significa que no intervienen marcas comerciales en la convocatoria, cosa que personalmente agradezco.


Dejo por aquí fotos del evento para que veáis el magnífico nivel artístico de las instalaciones, tanto de exterior como de interior. Algunas son increíblemente bellas y simples.


Vamos, casi igual que los cutreproyectores que han instalado los del ayuntamiento este fin de semana en Lavapies para publicitar un festival hindú.


Que suerte tienen los belgas, ojalá pudiera acercarme en diciembre…


PD. ¿no sería fantástico que algún colectivo de artistas de los que trabajan con residuos, planteara para la famosa iluminación navideña, una propuesta en la que se utilizaran elementos encontrados en la basura para iluminar con ellos la ciudad?.


Es que veo estas bolsas de basura con luz o las lamparas medio rotas en las medianeras destruidas y me parecen de lo más inspirador. Sería muy educativo, y si se pudiera gestionar que todas las bombillas fueran de bajo consumo pues se produciría una conjunción perfecta… Además, se demostraría que no hay por qué realizar una iluminación extensiva y cara que consume escandalosamente, para tener unos resultados creativos.


Si alguien se decide a hacerlo, espero que se acuerden de mí, se me ocurren mil cosas…






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