enero 28th, 2008

Cómo comprar un barrio, para convertirlo en centro comercial


Hoy estoy algo disgustada, bueno bastante disgustadas, me he llevado una mala noticia, y aunque algo intuía, no sabía bien por dónde iban los tiros.

El País, en la sección de Madrid lo ha explicado clarito clarito. En su artículo Pelotazo de moda en las calles de la Ballesta y Luna han desvelado el futuro que le espera a mi barrio.

Contaré, para los que no lo saben, que la zona de La Ballesta y Luna perteneciente al barrio de Noviciado, en este momento es una zona deprimida y con mala fama al ser frecuentada por prostitutas, chulos y drogadictos, aunque en los últimos meses a fuerza de un estricto control policial ha mejorado algo.


Pero no toda la zona es mala, el resto conserva una identidad de barrio popular, con pequeño comercio, bares tradicionales, algunos restaurantes de cocina casera, tiendas de moda con encanto, dos teatros y uno de los pocos cines porno de la ciudad.

Además de trabajadoras del sexo y drogadicto, en él convivimos en bastante armonía: los que, como yo, añoran el barrios de la pequeña ciudad, con los vecinos de toda la vida, que se han podido mantener aquí porque la zona no se ha encarecido demasiado. También hay inmigrantes, mucha gente joven y algo bohemia y cada vez más famosos que encuentran aquí el anonimato.

Todo esto lo cuento para que os hagáis una idea del tipo de barrio que ha sido hasta ahora, se me olvidaba comentar, que la zona está muy muy céntrica, a dos pasos de Chueca, Malasaña y Gran Vía, es decir que para los especuladores inmobiliarios sería un pastelito si no fuera por el problemilla que existe en estas confictivas calles.


Pero de la noche a la mañana, sale a la luz, que casi todos los locales de este área degradada, han sido comprados por un grupo inversor con la intención de crear «el centro fashion de Madrid» conocido ya como Triball (debe ser un juego de palabra asociado a Tribeca) al que ya han sido invitadas, según el artículo, grandes firmas de ropa tentados por alquileres de 20 euros el metro cuadrado. No hay problema con eso, puesto que calculan que el precio de los pisos de la zona se incremente entre un 20% y un 30%, y seguro que ya tiene muchos en su poder.

Esta noticia, coincide en fechas, con iniciativas de rehabilitación de la zona por parte del ayuntamiento como son: la instalación de cámaras de vigilancia en la zona; con la reconstrucción de la Plaza de la Luna, jardín vertical incluido; con la propuesta de peatonalizar algunas calles; con la fuerte presencia policial, con la insistencia de desalojar a los propietarios de uno de los restaurante con más tradición del barrio, El Bocho. ¿No da que pensar?.

Esto es gordo pero lo que más me indigna, es esa manera tan agresiva de comprar el comercio de un barrio para convertirlo en una especie de centro comercial a pie de calle, diseñado por los intereses de unos cuantos , empeñados en convertir una zona marginal en el paraíso de las compras de lujo, actividad que por supuesto, nada tiene que ver con el nivel económico y las inquietudes de los habitantes de la zona.


En el artículo del País, los nuevos propietarios del barrio, comparan lo que pretenden hacer en esta zona, con lo que ocurrió en barrios como Chueca o Soho.

Para mí nada tiene que ver. Estos dos barrios llegaron a ser lo que son, a través de una lenta transformación, iniciada por colectivos con claros intereses comunes, a la busca de un espacio donde poder desarrollarse. En el caso del Soho fueron los artista necesitados de grandes espacios para sus estudios. En el caso de Chueca, el colectivo gay, necesitado de una zona donde vivir sin ser marginado, rehabilitó y sacó del anonimato, un barrio lleno de droga y marginación para convertirlo en el más famoso de Madrid.

Me salgo un poco del tema y del barrio pero no quería dejar pasar la ocasión sin decir que lo que ahora mismo es Chueca, no me gusta. Lo considero casi un parque temático, un reducto cada vez menos auténtico, lleno de locales de diseño e invadido por visitantes que «van a ver a los gays» después de un duro día de compras por Fuencarral.


Todo en él es caro, con una estética similar, e incluso me atrevería a decir que algunos vecinos homosexuales están huyendo a barrios más tranquilos, dejando la zona para el negocio y para los visitantes de fin de semana.

Se que, al no conocerme, a alguien le puede molestar mi comentario, pido disculpas, pero no puedo dejar de decir que Chueca funciona en parte como un gran armario dentro del que se está tan cómodo que a veces cuesta salir.

También tengo criticas para la zona cercana de Fuencarral. Hace pocos años era el sitio al que ir si no querías vestir como los demás, tiendecitas de ropa alternativa jalonaban las calles, el Mercado de Fuencarral era un hervidero de tendencias, los jóvenes empresarios cuidaban la decoración el producto y por supuesto a los clientes.


Ahora las franquicias han tomado el terreno y ya da igual comprar aquí que en el Barrio de Salamanca, además las pequeñas tiendas han sucumbido al acoso de los caseros ambiciosos y ya no queda prácticamente ninguna.

Así, en un panorama comercial tan estandarizado, hubiera sido bonito que al ayuntamiento, dentro del plan de rehabilitación de la zona de Noviciado, se le hubiera ocurrido ayudar a jóvenes, con proyectos e iniciativas interesantes a instalar sus negocios en Ballesta y Luna.

Con esto se hubiera dando un poco de aire fresco al barrio y también la ciudad lo hubiera agradecido. Porque según mi modesta opinión, a esta ciudad le sobran franquicias y centros comerciales y le faltan pequeños comercios, estudios y talleres donde los jóvenes puedan desarrollar su creatividad y comercializar sus productos.


Encima cerraron los de El Ojo Atómico

Pero como esto ya no va a pasar porque alguien ha comprado el comercio del barrio en las rebajas de enero, es el momento de empezar a fantasear con lo que puede llegar a pasar.

Lanzo mis preocupaciones y preguntas al aire, si alguien tiene alguna respuesta me encantaría escucharla.

¿Quienes van a ser mis futuros vecinos?, (yo desde luego no me muevo de aquí, que trabajo cerca), ¿cuanto se van a incrementar los precios de los productos básicos?, ¿van a recibir mis vecinos, suculentas ofertas por sus pisos?, y si es así ¿donde se van a ir?, ¿voy a poder comprar una barra de pan normal cerca de casa? ¿el café me lo tendré que tomar en Starbucks? ¿van a subir por fin los precios en El Palentino?, ¿el Bocho cerrará y harán casas de 30 metros en el edificio?, Servirán brunch los domingos en Casa Julio y Casa Perico?, ¿qué mega centro comercial se instalará en los Cines Luna? ¿pondrán una pista de patinaje privada en la plaza Luna para las navidades? ¿limpiarán y adecentarán el cine porno para convertirlo en un local
multi disciplinar? ¿por fin el jardín vertical crecerá y reverdecerá? …

Como escribió SAM3 en esta misma calle Ballesta de la que estoy hablando… «gracias por su visita»…

Actualización 1-2-08

Al ir a sacar entradas para El Gran Atasco, programada por Escena Contemporánea 2008 me he llevado la desagradable sorpresa de que la obra, que en principio había sido programada en El Canto de la Cabra, ha sido reubicada en la que han dado en llamar Sala Temporal Triball, que está situada en Loreto y Chicote, 3.

Ni idea que ahí hubiera una sala y tampoco entiendo el cambio de última hora de una programación que se supone se hace con tiempo.

No se si será porque con la política de tirar precios que tienen estos señores hayan ofrecido mejores condiciones económicas. ¿Será que en esto también existe el regateo?.

Por ahora no he sacado la entrada, por no hacerlos el juego, pero claro, no me apetece quedarme sin ver la obra, ¿que hago?. Seguro que acabo yendo, así que ya os contaré.

También intentaré averiguar por qué no se ha representado finalmente en El Canto de la Cabra, un teatro alternativo con mucha solera y prestigio, que programa buen teatro alternativo contemporáneo. Seguro que perder una de las obra más interesantes de este festival, no ha sido bueno para ellos.

enero 24th, 2008

Mamá, quiero ser curator


Matta Clark pensaba que todos podíamos y debíamos hacer arte.


Si eso es posible… también podemos convertirnos de la noche a la mañana en curators, que para el que no lo sepa, son unos tipos con mucho poder en el mundo del arte que dicen lo que se tiene que programar o no en los museos. Últimamente han salido del anonimato y están más de moda que los propios artistas.


Pues esa es la personalidad que ha adoptado UrbanCurators, un grupo de ¿activistas?, ¿artistas? bueno, dejémoslo en jóvenes estudiantes preocupados por el estado de su ciudad, Providence en Rhode Island.


El grupo se lanza a la calle, armado exclusivamente con marcos, de esos que se cuelgan en las paredes y que de alguna manera están indicando que lo que hay en su interior tiene valor, bueno, eso antes de que apareciera Ikea. Los que portan estos curators, están vacíos y preparados para encontrar en la calle el objeto escena o decorado que según su criterio, sea digno de ser enmarcado.


Y lo que les interesa es todo aquello que demuestra la decadencia de la ciudad, allí donde hay grietas, oxido, destrucción, caos, abandono… allí aparecen esos cuadro, incidiendo sobre estos aspectos desagradables de la ciudad, que casi nadie quiere ver.


Así, al utilizar marcos que uno podría esperar encontrar en un museo o galería de arte, los espectadores se ven obligados a hacer conexiones entre el paisaje urbano y el de un museo y no tiene por menos que tomar consciencia de la realidad que le rodea.


Al igual que al hombre siempre le ha atraído las ruinas de antiguas civilizaciones, el proyecto de estos curators urbanos propone que deberíamos apreciar también las ruinas contemporáneas, que reflejan el consumismo y la industrialización a que está sometida la ciudad.


Los cuadros se cuelgan con cinta de doble cara y se pueden despegar fácilmente. Con esto se consigue un componente necesario del proyecto, la temporalidad, porque aunque la idea haya partido del grupo, su desarrollo requiere la participación espontánea de los ciudadanos que pueden mover y reubicar dichos marcos a su antojo, sin dañar el entorno.


El proyecto se inició auspiciado por 6 escuelas de diseño de Rhode Island, pero quieren que se extienda por todas partes y proporcionan la información necesaria para que cualquiera pueda emprender un movimiento similar en su ciudad.


Divertida manera de que los estudiantes salgan a la calle y se enfrenten a la realidad de su entorno, dialogando, colaborando con los compañeros y relacionándose con los habitantes.


Además la idea da para más, porque si a alguien particularmente le apetece ser curator por un día, también puede readaptar la idea a su gusto, incluso puede dedicarse a enmarcar cosa bonitas que encuentre por las calles que aunque parezca que no, también las hay, muchas y buenas, yo las he visto.


enero 20th, 2008

Destrucciones artísticas de ayer y de hoy


Me está pareciendo que destruir o deconstruir o como cada uno quiera llamarlo, galerías de arte, se ha puesto de moda.


Ya hablé de la impresión que me causó ver la famosa grieta de la Tate Modern, y del mal rollo que me me produjeron los comentarios que sobre ella había hecho su autora Doris Salcedo. Me lo tengo merecido por leer más de la cuenta, ya me lo advirtió mi amigo Ángel.


Por eso cuando he visto que el suelo de otra galería ha sido destruido por amor al arte, he decidido leer lo imprescindible, evitando a toda costa las explicaciones de su autor.

Esta vez la grieta de Doris se convirtió en el cráter de Urs Fischer y es que este artista hizo desaparecer casi por completo el suelo de la galería Gavin Brown dejándolo convertido en un agujero de tierra rojiza de unos 11 x 9 metros y 2,5 de profundidad. El coste de esta instalación que más bien es una des-instalación ascendió a la bonita suma de 250.000 dólares pagados por el señor Brown.


La pieza se llamó You y ha permanecido en la galería hasta el pasado 22 de diciembre. En la puerta se advertía al publico del peligro que suponía internarse en este espacio que sólo conservaba a nivel, un pequeño pasillo alrededor. Aún así se permitía al público descender por la obra bajo su responsabilidad.

Alguna crítica que he leído sobre dicha exposición, definió la obra como lo más innovador que se había hecho en mucho tiempo en una galería de arte. Y desde luego debió ser impactante ver, que en un espacio de inmaculadas paredes blancas se habría un socavón de semejantes proporciones.

Este gusto moderno por destruir espacios públicos o privados, me ha llevado a pensar inevitablemente en un artista pero en mayúsculas, GORDON MATTA CLARK.


Ya he dicho en alguna ocasión que para mí es uno de los más grandes creadores del S.XX pero paradójicamente se ha considerado, hasta hace muy poco, un artista maldito, por intentar llevar a cabo hace 40 años, estas mismas intervenciones que ahora son aplaudidas como genialidades.


Matta Clark fue un arquitecto provocador, que nunca construyó nada y fue repudiado por sus compañeros de profesión. Su obra fue destructiva y destruida, sólo conservamos de ella fotos y películas, y esa era la intención del autor, ya que situó todas sus intervenciones en edificios de zonas deprimidas a punto de ser demolidos.


Así las cosas, fue excluido de una exposición de arquitectura en la Cooper Union porque su obra consistía en el desmontaje de las ventanas de la sala de exposiciones para poner en su lugar fotografías de las ventanas reventadas de edificios degradados del Bronx. Por lo que llevo visto, esta misma acción en este momento sería considerada de lo más innovadora.


Y es que este hombre, que vivió hace 40 años y murió con 35 años, fue autor de una obra impresionante que me recuerda muchísimo a algunas cosas que estoy viendo en artistas urbanos actuales cuyo trabajo también es efímero, provocador, crítico con lo establecido, basado en el activismo político y social…


A sus destrucciones las llamó anarquitecturas, y estaban inspiradas en la transformación de la materia. Dotaba de una segunda fugaz vida a edificios en estado de demolición, los diseccionaba y abría, sacando sus entrañas a la luz. Su mirada y punto de vista sobre las ciudades me parece de lo más viva y actual.


Como no soy experta en arte, he cortado y pegado a continuación párrafos que me han llamado la atención, donde se cuentan ideas y proyectos del autor que me son familiares. Están sacados de un artículo titulado Gordon Matta-Clark Una comunidad utópica: Soho en la década de 1970, escrito por Jane Crawford, esposa del artista y que ha publicado la revista Brumaria.


Podéis dejar de leer si os aburráis aunque os recomiendo que acudáis al artículo original, es interesantísimo y ameno. Yo aquí acabo mi intervención por hoy.

Jane cuenta cosas como estas:


«Diseñando para el fracaso
Diseñando para la ausencia

Diseñando para la memoria

Sin un lugar para vivir
Incómodo en tu propia piel»


«La ciudad de Nueva York que algunos veían como ruinosa y llena de basura, era considerada por Gordon Matta-Clark como una rica fuente de materiales a partir de la cual se podía producir arte. La propia ciudad era su paleta. Él se dedicaba a abrir agujeros que dejaban su piel y sus huesos a la vista. Su aproximación era la de un arqueólogo urbano que explora las capas y estratos de vidas previas desarrolladas en edificios ahora abandonados. Poca gente pudo ver el trabajo de Matta-Clark porque las galerías estaban enfocadas al trabajo tradicional que podían vender y casi nadie quería ir de visita a edificios abandonados del Bronx, el distrito más peligroso de Nueva York.


El enérgico idealismo que se encuentra presente en buena parte del arte del período se extendió al genuino deseo de esos artistas por ayudar a mejorar y restaurar la ciudad de Nueva York. Robert Morris, Robert Rauschenberg, Alanna Heiss y Gordon propusieron cada uno formas diferentes de llevar el arte a las comunidades más olvidadas mediante la instalación de centros de arte, exposiciones o proyectos. Gordon estaba interesado en los jardines comunitarios, una idea que había germinado durante sus días como universitario. Para eso propuso la idea de los jardines “relámpago”, según la cual los artistas y paisajistas debían reunirse por la noche en un solar vacío y trabajar hasta la salida del sol, de manera que cuando los vecinos se despertasen, encontrasen un hermoso jardín nuevo donde antes sólo había basura y desechos. Él y su amigo Robert Smithson discutían también la idea de los jardines móviles plantados sobre las barcazas del río, que podían ser desplazados flotando a diferentes vecindarios alrededor de la isla de Manhattan.


…También exploró la idea de una casa canasta en una serie de bosquejos, que no era otra cosa que un dispositivo que se podía cargar en la espalda, tal como los caracoles llevan consigo su casa. A Gordon le gustaba esta idea porque los alquileres eran muy caros para cualquiera que dependiese del dinero proveniente de becas y de las escasas ventas de arte…


…En 1973, en un esfuerzo por llamar la atención ante las difíciles circunstancias que debían enfrentar los sin techo, Gordon creó Dumpster Duplex, una casa hecha a partir de un enorme cubo de basura…


En 1971, Gordon abrió el Restaurante Food junto con la bailarina Carol Godden. En poco tiempo, el local se transformó en parte integral de la escena artística de Soho. Los artistas no sólo acudían a hacer vida social sino que además podían trabajar cocinando o limpiando, con lo que conseguían el dinero para llevar a cabo una exposición o una performance…


…Al igual que su padre, Gordon creía que todos podían y debían hacer arte. Quedó totalmente encantado cuando surgió el movimiento de los grafiti en el gueto y lo consideró como una suerte de revolución artística del proletariado. Se dedicó entonces a fotografiar esos grafitis sobre los trenes para luego imprimirlos como estampas fotográficas de 4,8 metros de longitud coloreadas a mano.


En su proyecto Splitting Gordon empleó una sierra para partir por la mitad una casa familiar de dos pisos, algo que reflejaba aquello que ocurre cuando una mitad de la comunidad resulta separada de la otra.

…Al entrar y ver esta casa, las personas también eran separadas de la comodidad, de la seguridad y del anonimato que reina en los museos y galerías. Matta-Clark sacó el arte del pedestal en el que lo colocaba el espacio institucional para traer al espectador dentro del trabajo artístico, de tal modo que ya no era cosa de pararse frente a la obra sino que había que desplazarse en o con ella. A medida que el público se movía, su perspectiva se veía modificada constantemente, ofreciendo múltiples puntos de vista en el tiempo y el espacio. En otras palabras, la participación de la audiencia era requerida para activar la obra, lo que significaba alterar la responsabilidad del espectador. Dentro de una escultura de Matta-Clark, los visitantes se encontraban en una situación que los llevaba a cuestionar todo lo que una casa representa. Para empezar, esta casa no ofrecía protección de ningún tipo; era realmente perturbadora. Me di cuenta de que los espectadores que se desplazaban al lugar de la obra de Gordon o a otras obras site-specific, eran más sensibles o, por decirlo de algún modo, más receptivos al arte planteado de un modo novedoso…


Day’s End fue un proyecto que se llevó a cabo en uno de los depósitos abandonados en los muelles de la ciudad. Hacía años que la mayor parte de la industria de transporte marítimo de Manhattan había dejado la isla para trasladarse a Nueva Jersey, a la orilla opuesta del río Hudson. Por esta razón, en el Lado Oeste de la ciudad quedaron abandonadas una serie de estructuras industriales en progresivo estado de deterioro. Gordon decidió que, con algo de trabajo, una de ellas podía convertirse en el lugar perfecto para un parque público. Durante el verano de 1975, por espacio de tres meses Gordon trabajó para hacer una disección en uno de los lados del galpón con la forma de una gran vela. En el ala que daba al oeste, cortó una enorme media luna. Cada tarde, cuando el sol se ponía sobre la ciudad, los rayos atravesaban la abertura hecha por Gordon e iluminaban por un momento el oscuro interior de ese galpón. Su parque se transformó así en una hermosa sinfonía de luz, aire y agua reflejados en todo ese espacio. Por desgracia, los burócratas del gobierno no fueron capaces de apreciar ese regalo hecho a la ciudad y sólo vieron un acto de vandalismo que los llevó a emitir una orden inmediata de arresto. Gordon se vio obligado a huir a Europa…


A través de una organización llamada “Sweat Equity”† consiguió comprar un edificio en la parte baja en el lado este de Nueva York por quinientos dólares. El edificio se encontraba en un estado lamentable y Gordon quería hacer unos cortes para ver si reunía algún dinero. Para ello organizó a un grupo de artistas como Richard Nonas, Jene Highstein y Gerry Hovagimyan, de modo que lo ayudasen a enseñar la construcción a los chicos del barrio. Se trataba de niños que habían abandonado el colegio para deambular por las calles, en las que conseguían drogas y no paraban de meterse en líos. La idea de Gordon consistía en darles clases de construcción a ese grupo de muchachos empleando para ello el edificio que acababa de comprar y que luego pasaría a pertenecer a los propios chicos. A continuación les ayudaría a vender el edificio para invertir en la reconstrucción de otro inmueble. Se trataba de la continuación de una idea que había tenido varios años antes, junto a Robert Morris y Bob Rauschenberg, y que suponía la transmisión de lo que ellos mismos habían aprendido colectivamente como artistas en Soho. Gordon Matta-Clark murió en agosto de 1978, víctima de un cáncer de páncreas, dejando el proyecto sin acabar.


Durante los años 80… ante los nuevos mercados surgidos en Europa y en los EEUU, el mundo del arte se convirtió en algo de orientación mercantil, el propio arte se volvió una actividad más comercial y menos idealista y la vida democrática en comunidad pasó definitivamente a convertirse en algo del pasado…»

¿No os resultan familiares y cercanos estos conceptos?.

Las fotos de Matta Clark las he sacado de Artnet y de la galería David Zwirner.

enero 15th, 2008

Cielo azul por arte de la publicidad


Un día dije por aquí que estaría eternamente agradecida a las empresas que comprara espacios publicitarios y los llenaran de cosas bonitas, sin marcas, sin logotipos, sin mensajes, simplemente algo para disfrutar, altruistamente.


Pues no os hagáis ilusiones, aún no ha pasado ni creo que pase en mucho tiempo. Pero los artista, que son los que suelen ir más adelantados en proyectos innovadores, ya se han dado cuenta de las posibilidades que brindan los soportes publicitarios como medio de expresión de un arte reivindicativo muy cercano a una juventud desencantada.


Ya hablé del artista Helmut Smith, un holandés que se dedicó a plantar arboles delante de las antiestéticos soportes publicitarios. Esta vez ha debido pensar, si no puedo con el enemigo era mejor que me alíe con él. Así que se ha valido de una gran valla publicitaria para enseñarnos lo que es un cielo verdaderamente azul, sin contaminación, sin nubes, sin aviones… lo que se dice un azul inmaculado.


Y no se trata de un degradado de color hecho por ordenador, ni una pintura, es una auténtica fotografía de un cielo rotado 180 grados, que ha sido situada en medio del OdaPark de Venray, y que pertenece a la exposición Rock My Religion.


Hasta el 27 de enero todos, los que pasen por allí podrán disfrutar de este ejemplar cielo por gentileza de Helmut.

Debe ser divertido sentarse delante de un soporte como este a contemplar el cielo, pero también da cierta grima, ¿y si dentro de poco, esta es la única manera que tenemos de verlo?, no lo quiero ni pensar.


Este artista al que le gusta intervenir los espacios urbanos, es el autor de otra curiosa iniciativa relacionada como el cielo azul. En el 2002 añadió una nube de helio, a los soleados días de verano, hasta que las autoridades se lo prohibieron, por cuestiones relacionadas con el tráfico aéreo.


Curiosa es también la Paddling Pool Fountain, una especie de fuente pública pero con la estética y el colorido de las piscinas hinchables de los niños.

Otra serie, llamada Territories, ha secuestrado al puma de la marca Puma, al cocodrilo de Lacoste y a otros animales de la fauna empresarial y los ha soltado en medio de la naturaleza. Seguro que ahí no sobreviven por mucho tiempo.


Además en su Parking for white cars only, las mejores plazas están reservadas sólo para coches de color blanco.

Tiene más intervenciones interesantes y divertidas, mejor mirar en su página, dónde también podréis conocer sus esculturas y sus divertidos objetos que merecen una referencia especial, que guardo para otro día.


Ojalá el cielo siga siendo azul por mucho tiempo para que no tengamos que disfrutarlo, por gentileza de la publicidad.

Lo he visto en Guerrilla Innovation.

enero 3rd, 2008

Pero ¡qué modernas son estas oficinas!

Cada vez oímos hablar más de esas oficinas maravillosas que construyen algunas empresas «guays» a las que el dinero les sobra y que tratan de facilitar el trabajo a todos los que habitan en ella.


Son casi auténticas ciudades, habitadas por miles de trabajadores que pasan la mayor parte de su tiempo allí, más que con su familia o en sus propias casas.


Esas oficinas-ciudades tienen de todo, restaurantes temáticos, zonas comerciales, gimnasios, centros de peluquería y estética, guarderías, áreas de esparcimiento, no suele falta un lago con barcas y grandes zonas verdes, y se me olvidada, una masajista a disposición.


Yo me pregunto si… eso es porque de verdad aprecian al trabajador en lo que vale… o porque lo quieren tener en una jaula de diseño, de la que no quiera escapar, que pase la mayor parte de su tiempo allí, hablando de trabajo, conviviendo con otros compañeros y gastando su tiempo libre en el mismo espacio, cuando no su dinero.


Pero bueno, yo sólo he venido aquí a hablar de las oficinas centrales que Google tiene en California. Este megacentro de trabajo tiene el nombre de Googleplex y según nos cuentan en Wikipedia allí se trata muy bien a los empleados. «Brinda una infraestructura enorme para que disfruten de un espacio muy amplio, patios enormes, permite el acceso de perros a las oficinas y el estacionamiento de bicicletas en los pasillos, posee futbolines, mesas de ping-pong, mesas de billar y pistas de vóley y, como servicios adicionales, guardería, lavandería, sala de masajes y un gran restaurante con varios cheffs y menús variados, todo completamente gratuito».


Es divertido leer lo que cuenta Ojobuscador de su visita a las instalaciones. A él le convenció esa filosofía de trabajo. Yo me quedo además con algo que dice «Necesidades básicas cubiertas al 100% y de forma inmejorable, solo marchas para ir a dormir. ¡Seguro que más de uno echa en falta habitaciones!».


Pero a lo que vamos, el diseño interior de estas instalaciones ha sido encargado al estudio , los cuales han acondicionado el espacio, conservando la apariencia de una nave diáfana de gran altura que ha sido compartimentadas parcialmente en su interior para crear las áreas de trabajo y esparcimiento.


En general la estética es muy industrial, muy high tech, los techo sin revestir, todos los conductos a la vista, escaleras y áreas de trabajo similares a casetas de construcción. Además cuenta con grandes ventanales por los que entra a raudales la luz y ofrece vistas a cuidados jardines.


Cada planta del edificio se divide en cinco o seis zonas separadas pero que comparten espacios públicos. Hay cocinas llenas de bocadillos, salones con mesas de billar y confortables asientos, y bibliotecas con montones de libros apilados. En el centro del atrio, con vistas a la escalera, están las más grandes y lujosas salas de reuniones, otras más pequeñas y acolchada están por todas partes y son fácilmente desmontables y transportables.


Los muebles de las zonas comunes parece que están dejados provisionalmente en cualquier sitio, las salas de reunión pueden ser tomadas al asalto por todo el que lo necesite así como las zonas de descanso. Incluso bicicletas y los perros tiene derecho a estar donde quieran.


Materiales típicos de la oficina clásica, conviven sin complejo con suelos de césped artificial, plásticos acolchados, y maderas nobles. Colores vivos se mezclan con el metal, la madera y el blanco.


Todo tiene cabida aquí, siempre y cuando vaya con la forma de trabajo informal y sin aparentes reglas impuestas por sus dueños.


El espacio de trabajo tiene buena pinta y parece muy apropiado para desarrollar disciplinas creativas, pero como en casi todas las cosas, no es oro todo lo que reluce, si no, que se lo pregunten a los Xooggles (ex trabajadores de Googgle) que acusan entre otras cosas a la empresa, de jornadas maratonianas y de no poder salir de allí ni los fines de semana.


Y si algo de verdad hay en esto que cuentan, la cosa ya no me parece tan interesante. La conciliación del trabajo con la vida familiar cobraría otra dimensión y se traduciría en que los niños pueden estar más tiempo con los padres en la medida que se incorporen también al entorno laboral.


Pero ¿no se estaba tendiendo al teletrabajo?… Es muy deseable que el marco donde se trabaja sea agradable, con buena luz, cómodo, con zonas para relajarse, amplio… pero esto no puede sustituir en ningún caso al propio hogar, ni quitar tiempo de ocio porque una cosa es el trabajo y otra la vida personal, y hay que tener tiempo para ambas.


Las primeras fotos son de los arquitectos, más cuidadas y estéticas; las ultimas, de la revista Time, en ellas ya no se aprecia tanto el diseño y la estética sino el ritmo trepidante de trabajo y cierto desorden que personalmente me molesta.

Lo he visto en la revista Time.

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