Rafael Lozano-Hemmer uno de los artistas que más admiro del panorama artístico contemporáneo y del que ya he hablado alguna vez en el Ático, me ha vuelto a dejar con la boca abierta con su último y ambiciosísimo proyecto llamado Solar Equation y no ha sido precisamente por su despliegue de medios.
El artistas ha creado, un sol a pequeña escala que luce con todo su esplendor en las noches de Melbourne. Lo ha creado, partiendo de un gran globo de helio sobre el que proyecta una simulación de las turbulencias, las erupciones y manchas en la superficie solar compuesto por imágenes cedidas por el observatorio de la NASA.
Como era de esperar, tratándose de una instalación de este artista, la interacción con el público es imprescindible y así, cualquiera puede, mediante un dispositivo de Apple como por ejemplo un iPhone, seleccionar las visualizaciones que se proyectarán sobre el globo desde los 5 proyectores que cubren la superficie. Además, los visitantes de la instalación, podrán escuchar un bucle de sonidos que simulan la actividad solar.
Y aunque los entresijos técnicos no me interesan en absoluto, quería mencionar que para la correcta visualización de la instalación, han tenido que desarrollar complejos programas que mandan información constante a los proyectores, de manera que si siempre proyectan en el espacio correcto a pesar de los movimientos que pueda hacer el globo.
Me gusta leer que el autor no pretende con esta instalación darnos un mensaje, que sería bastante manido, sobre cuestiones ambientales, sino que deja la pieza abierta a interpretaciones quizás mar románticas y misteriosas.
Daría cualquier cosa por estar de noche delante de esta impresionante pieza, que me calienta el espíritu y hace que mi imaginación vuele a otros sistemas solares más románticos en los que el sol sale de noche y envuelve todo con su dorada y mágica presencia.
Un delicado trabajo, a pesar de su magnitud, hecho para mirar y disfrutar y en el que los grandes despliegue técnicos quedan mágicamente camuflados para presentarnos una imagen perturbadora e inquietante, que domina el cielo nocturno de la cuidad. Y aunque yo venero la luz de la luna, reconozco que no me importaría tener un tiempo este sol caldeando mis largas noches.
Como siempre, me quito el sombrero ante este hombre…
La pieza la he conocido aquí de donde he sacado algunas fotos, el resto son de aquí.









































































