
Desde noviembre del 2008 se celebra una iniciativa ejemplar en el espacio público, de esas que a mí me gustan, en la que un grupo de amigos se reúnen libremente, para festejar imaginativos desayunos mensuales en los que sacan a la calle tus tazas, comida, café, periódico, juegos y música para compartirla con amigos y vecinos.

La iniciativa se llama Desayunos con Viandantes, se celebra en Valencia, se ha hecho tremendamente popular y en algunos casos multitudinaria.

A diferencia de los Desayunos en la Luna, que en el pasado convocábamos en la Plaza de la Luna, con la intención de usar, de manera comunitaria, un espacio feo, duro y mercantilizado de Madrid, estos desayunos valencianos cambian de ubicación en cada nueva edición, lo que hace que siempre haya expectación por conocer el nuevo y original emplazamiento.

Hasta ahora se han celebrado en pequeñas plazas, parques, jardines, ermitas, en la huertas, en un cruce… podéis verlos todos en su blog, seguro que os entran tremendas ganas de salir a la calle con vuestras viandas, ahora que llega el buen tiempo. Como veréis, cualquier hueco urbano vale, por muy anodino, solitario o peligroso que parezca…

Yo me he quedado verdaderamente impresionada con su último desayuno en Puente del Mar, no sólo por la gran afluencia de público, 200 comensales, también por su impactante puesta en escena, no podía ser menos ya que se organizó en colaboración con el Festival de Artes Escénicas Veo.

Cuando le pedí a David Estal, uno de los impulsores de esta iniciativa, que me contara más sobre el desayuno, me escribió textualmente:

Es un desayuno muy especial para nosotros. La idea, que se consiguió gracias a la amplificación que significaba convocar junto con el VEO, es muy sencilla: convertir un espacio de paso en un espacio de estar, no con el diseño, sino con el uso, es como hacer ciudad caminando.

Además, las chicas del conservatorio de música aceptaron nuestra propuesta para ‘taconear’ en el puente, simbolizando la fuerza del que camina.

Lo más interesante fue, mientras montamos las mesas (100m) y la larga moqueta (400m2), a lo grande como las fallas!, ver todas las sillas vacías, esperando con miedo si vendría alguien… el efecto moqueta sobre el pavimento es para psicoanalista: pues aunque no haya nadie dentro, la gente que pasa no se atreve a chafarla!.

Y claro, enternecedor el regalo de los croissants gigantes por parte de la panadería! …

A mí me ha impresionado la imagen de esa larga fila de mesas y sillas blancas, sobre moqueta roja, a lo largo del puente. Qué maravilloso desayuno popular… lo que me hubiera gustado estar allí…

Enhorabuena, amigos Viandantes por vuestro saber hacer, creatividad y persistencia… ¡ah! y por las fotos.
