noviembre 14th, 2007

Me deprime esa dichosa publicidad exterior

Siempre me ha interesado la publicidad y el marketing, entre otras cosas porque vivo de ello, aunque eso tampoco significa nada. Hace unos años, paralelamente a mi trabajo en agencia, monté junto con 3 socios una empresa de detección de futuros hábitos de consumo. Fuimos así pioneros «cazadores de tendencias» (me dan picores alérgicos sólo con escribir estas palabras).

Tampoco es que nos fuera tan mal, tuvimos algunos clientes, hicimos complejos informes, dimos conferencias he impartimos talleres. Pero a la larga tuvimos que rendirnos a la evidencia de que los clientes en general son muy conservadores.

Quieren saber lo que va a pasar pero en el fondo no quieren ser los primeros en experimentar, es demasiado arriesgado y alguien puede pedir explicaciones si sale mal. Así las cosas, cerramos con desilusión.


Mirándolo con algo de distancia, la experiencia fue buenísima, gracias a esto ahora tengo un compañero de fatigas editoriales de lo más interesante Ángel y nuestro Flylosophy, una continua fuente de satisfacciones, que nos permite escribir sin complejos sobre lo que nos interesa, además de conocer a gente increíble, con la que colaboramos.

Así es como he conseguido quitarme, fuera del horario laboral, ese complejo de trabajador-de-agencia-de publicidad a la vez que proveedor-acomplejado, obligado a justificar un trabajo que será cuestionado por sistema, por el cliente, el colaborador, el cuentacuentos, el director y hasta el vecino del quinto.

Y es que, he visto la luz y desde que salgo del trabajo ¡¡¡¡¡yo también soy cliente!!!!, sí, soy el potencial cliente de mis clientes y de los peores que se pueden echar a la cara. Porque soy como ellos, me gusta opinar, soy exigente, estoy informado, tengo claro qué es lo que quiero, no me gusta que me vendan nada y menos que me cuenten milongas y necesito probar antes de comprar.


Además tengo otras peculiaridades, tengo cierto gusto (perdón por la falta de modestia), estoy concienciada, preocupada, me he leído el Manifiesto Cluetrain y últimamente ando muy mosqueada con esa publicidad que invade mi espacio vital, que se cuela sin preguntarme, interfiriendo en mi vida y relacionándose de la peor manera con mi querida ciudad.

Tengo enfado para dar y tomar. Para las agencias (las grandes por supuesto, las pequeñas como la mía, me dan pena), para los anunciantes, también para los que comercializan los soportes de exterior, por supuesto para los ayuntamiento, para los funcionarios corruptos y para un señor bajito que pasaba por aquí y que dijo que le gustaban los mupis.

Desde hace algo más de un año vivo virtualmente en un ático ideal, lleno de flores y cosas bonitas, buenas y auténticas, donde todo es ecológico, sostenible, reciclado, humano, artístico, por lo que no me gusta un pelo que sea precisamente la publicidad la que me impida disfrutar a gusto de este paraíso que me estoy diseñando.


Así que, sentada entre mis flores, he leído interesada, varios post de Enrique Dans en los que habla del futuro de la publicidad. Por un lado me he puesto contenta, los estudios dicen que «vivimos una fortísima y rápida transformación de los medios tradicionales unidireccionales hacia Internet».

¡Qué bien!, he pensado, cuanto más gasten en la red menos dinero tendrán para fastidiar la ciudad.

Pero claro, si todos emigran a la red ¿que pasará con los soportes en desuso?, ¿los van a quitar o dejarán que se vayan deteriorando hasta convertir el paisaje, en un decorado de Mad Max, como cuenta Muack que ha pasado en Sao Paolo?

Después, he leído el comentario que Aloe ha dejado en uno de los post de Enrique y un escalofrío ha recorrido mi espalda. Transcribo alguna de las inteligentes cosas que comenta.


«Volábamos bajo el radar de los marketeros, pero tanta suerte tenía que acabarsenos. Qué poco dura la alegría en casa del pobre. A partir del momento en que se vayan dando cuenta de a donde nos hemos ido, empezarán a perseguirnos por métodos cada vez más ingeniosos, volviendo a su favor características como el anonimato, la dispersión, la calificación colectiva del interés, pertinencia o contenidos de los sitios…»

Porque esto que pasa en la red, también está ocurriendo en la publicidad que a mí más me importa, la exterior. Hasta ahora nos habíamos enfrentarnos a horrorosas marquesinas, vallas, mupis, rótulos luminosos, lonas, carteles y alguna cosilla más, ahora que les han dicho que no funciona, nos están agrediendo sin mesura con pretendidas estrategias publicitarias de «todo vale si consigo notoriedad».

Así por ejemplo en Madrid estamos viviendo estos días una escandalosa «Invasión de los mamotretos». Además la zona centro sufren el asalto de todos esos incautos anunciantes que quieren publicitar sus productos con una cosa que su agencia les ha recomendado y que se llama «campaña teaser» que combinada con algo de «acción de guerrilla» y una «pegada de stickers» con enigmáticos mensajes, les proporcionará una notoriedad nunca vista hasta ahora.


Y ¿qué decir de todas esas acciones de publicidad no convencional en medios tradicionales?… mupis con pelo de los Simpson, soportes de los que sale humo, extraños corpóreos pegados a gigantescas vallas, marquesinas revestidas de vinilos con un agujero por el que se ve el pelo de la gente que está esperando el autobús… sin comentarios.

Lo que en principio era publicidad no convencional, con un discurso novedoso y bien traído, se está convirtiendo en un «cajón desastre» donde la notoriedad está por encima de la calidad. El lema «Que hablen de mí, aunque sea mal» está en la calle.

Confío en que esta estrategia, pronto morirá de éxito. Si estas iniciativas pretendidamente novedosas siguen aumentando, dejaran de cumplir su función y entonces quizás poner algo bonito en un soporte convencional será otra vez lo original. Así, todo volverá a empezar.


Mientras esto se normaliza, pongo mi grano de arena, para añadir más ruido, soltando ideas algo «raritas», por si algún anunciante o agencia está interesada en conocer la opinión de un potencial cliente como yo.

NO insertar publicidad en los mamotretos.
NO pegar mensajes chorras por mi barrio.
NO poner a gente disfrazada de cosas absurdas queriendo interactuar conmigo.
NO pegar vinilos extraños en las marquesinas.
NO poner caras gigantes de sus representantes en las lonas de los edificios.
NO aprovechar fiestas y verbenas populares para llenarme de octavillas.
NO utilizar la estética del street art para colarme publicidad, si lo consiguen les perdono.
NO utilizar marketing de guerrilla que no sea por una buena causa o verdaderamente original.
NO invadir las zonas publicas tanto exteriores (calles) como interiores (aeropuertos, estaciones, centros comerciales…) con objetos a gran tamaño envueltos para regalo o empaquetados cual bocadillo.
NO hacer ruido.
NO intentar venderme nada por la calle y menos decirme que están colaborando en un proyecto benéfico del Tercer Mundo…

Y es que a mí, lo que realmente podría convencerme, sería que el anunciante viera la publicidad como un servicio público que debe prestar al consumidor, renunciando en parte a hacer campañas tan evidente para intentar aportar soluciones a problemas reales de la comunidad. Esto sería apreciado por mí y creo que a ellos también les compensaría, pues conseguirían una repercusión mediática importante.


De este modo estará entre mis anunciantes preferidos, el que compre por un largo periodo el espacio publicitario de los mamotretos, para después dejarlos «totalmente vacíos», sin logos, sin iluminación y si puede ser sin parte posterior.

También serán reconocidos los que se nieguen a insertar su publicidad en ellos, con el argumento de que lo que no gusta a los ciudadanos a ellos tampoco. Y que si los compran será para utilizarlos como fuente de información útil, planos de situación, información de museos o simplemente para colocar reproducciones de cuadros o de fotos que alegren la vista.

Serán un anunciante querido el que como acción de guerrilla, acondicione espacios públicos como zonas de esparcimiento para los ciudadanos, habilitando zonas verdes provisionales donde se necesiten. El espacio no tendría por que ser muy grande, lo que ocupa una plaza de aparcamiento.


Nada me complacería más que el dinero que iba a gastar en una acción especial, lo invierta en plantar arboles en parques público, a los que además podría dotar de infraestructuras que invite a utilizarlos.

Que bueno sería, que en vez de contratan a personas para interactuar con los transeúntes, estas se ofrecieran para ayudar a transportar bolsas, hacer la compra o simplemente para charlar. Nada de dar abrazos, que está muy visto.

Y si alguno, huyendo de la publicidad exterior, patrocinara fuentes, (alguna se podría encargar a Jaume Plensa), infraestructuras públicas como piscinas, baños públicos, quioscos donde hacer un alto en el camino… todo con un alto criterio estético, yo caería rendida ante él.


Si además donará todos los materiales y merchandising que no usa para elaborar objetos creativos en talleres prácticos sobre reciclaje que ellos mismos organizarán, a ese le compraría lo que me pidiera…

Deben saber los anunciantes, que si no hacen cosas así, serán castigados con el látigo de mi indiferencia, y entonces tendrán que limitarse a fabricar buenos productos y dejarme en paz para que pueda decidir lo que me interesa por mí misma.

Aunque todo esto es un cuento de ciencia ficción, sí que se perciben algunas maneras interesantes de hacer publicitar sin deteriorar los espacios públicos. Algo se está haciendo ya y mucho se puede aprender de disciplinas artística y técnicas, pero siempre mirando mas allá del coste por impacto.


Ya he comentado la iniciativa de algunos anunciantes que han contratado a graffiteros para que hagan para ellos publicidad reversible en zonas sucias de la ciudad. Con esto consiguen soportes gratuitos, y como no querrán que la competencia también los utilice, también saldremos nosotros ganando con túneles más limpios.

Que nunca va a querer prescindir el anunciante de lanzar su mensaje al exterior es claro, pero se puede hacer que estos sean provisionales. Sería altamente recomendable utilizar holografías (cuando la técnica se perfeccione), esculpir el producto en bloques de hielo, que pasado un tiempo desaparecerá sin dejar rastro. Se podrían utilizar proyecciones, o graffitis con luz. Todo para que no quede rastro una vez desaparecido el mensaje.

Además algunas acciones de guerrilla son aún buenos ejemplos a seguir, sobre todo las llevadas a cabo por ONGs, asociaciones ecologistas, de salud, escuelas y universidades, agrupaciones, artistas, organizaciones sin ánimo de lucro, publicaciones, y alguna empresa «iluminada«.

Algunas son muy sencillas y con gran poder de concienciación, además de no ser demasiado agresivas con el entorno urbano.


La mayoría de estos ejemplo los he sacado de tres blog que visito con asiduidad y que recomiendo Metablog v5, Marketing Alternatif y WebUrbanist.

Las maravillosas fotos pertenecen a la maravillosa serie de Tony de Marco titulada Sao Paolo No Logo que conocí a través de Muack, y que quería compartir con vosotros.

Siento el rollo pero necesitaba desahogarme un poco.


noviembre 13th, 2007

Una excavadora construida con enredadera


Si se cumplen las previsiones que auguran un paro forzoso en la construcción de nuestro país, no se me ocurre mejor uso para la maquinaria que quedarán en desuso que el que ha ideado el estudio Meesters & Marije van der Park para su proyecto Green Oasis.

Este estudio de diseño, ha concebido, para una zona verde urbana, una pieza que, de manera metafórica, habla de cómo las ciudades están cambiando rápidamente mediante la construcción y la destrucción de sus espacios, pero por desgracia, en este proceso imparable, la naturaleza siempre queda en un segundo plano.


Lo que en realidad han hecho, ha sido construir la estructura de una máquina excavadora, a tamaño real, utilizando para ello una retícula de acero perforada al láser y la han situado en un oasis urbano.

En el interior de esta maquina hueca y entrelazándose con su retícula, crece a su antojo la hierba y la enredadera, cubriéndola casi en su totalidad y dándole una apariencia verde y acogedora, que contrasta enormemente con la imagen agresiva de se asocia a una potente maquina de derribo.

De esta manera intentan volver a introducir la naturaleza en el universo urbano de una manera funcional y con su mismo tipo de lenguaje contemporáneo.


Que buena idea sería cubrir de enredadera todas esas cosas que nos molestan a la vista, así podríamos conseguir que se mimetizaran algo con el paisaje y no nos hirieran con su insolencia y altanería.

No sería ninguna tontería empezar a dejar caer «por casualidad» alguna que otra semillita aquí y allá.

Lo he conocido a través de The Style Files.

noviembre 9th, 2007

Cerámica muy contemporánea


Si tu familia está compuesta por 6 miembros o si cuando invitas a cenar procuras tener siempre 6 comensales, no te podrás resistir a la mesa que ha diseñado la ceramista Frida Mälarborn.


En su trabajo Tillbords, ha concebido una mesa con 6 servicios donde cada plato tiene un sitio concreto asignado en la mesa. Y esto es porque el tablero está decorado con dibujos en blanco y negro de personajes y objetos decorativos y los platos reproducen parte de ellos.


Eso sí hay que ser muy pulcro y ordenado en el comer para no estropear este bonito bodegón.




Si no queremos desprendernos de nuestra mesa de toda la vida pero nos gustan los platos Fabulerande fat nos los ofrece y amplia con otros modelos de lo más divertido.



También son interesantes otros trabajos de esta ceramista. En Strö lite rosor på den väg vi vandra, reproduce objetos del tocador de una mujer eliminando de ellos la funcionalidad y elevándolos a preciosos objetos decorativos.


Fusioner es una serie artísticas de piezas en las que blancas figuritas de porcelana tradicionales parecen emerger o despedazarse dentro de recipientes de cerámica.

De lo que tengo dudas, es si su obra se comercializa en serie o se trata de piezas de artista.

En cualquier caso es un trabajo muy creativo y sensible que he conocido a través de Emmas Desingblogg.

noviembre 8th, 2007

Lo que da de sí un enchufe


Al diseñador industrial Karl Zahn le gusta jugar con los enchufes. Su mamá no se lo debió prohibir lo suficiente de pequeño.

Y ha creado 3 piezas, partiendo de la forma básica de un enchufe de pared, que me parecen divertidas, aunque son prototipos que difícilmente saldrán a la venta. Aún así, como ejercicio de estilo, están bien.

En el Wall Cleats ha suplementado el enchufe tradicional con dos pestañas que sujetan los cables de los aparatos eléctricos cuando no están enchufados así no estarán rodando por el suelo todo el día. Simple pero útil.

La pieza Covering Plates parte de la forma básica de la carcasa pero sin los agujeros para meter el enchufe y hace uso de ella como si de una baldosa se tratara. Así se puede forrar con ella superficies grandes aunque hay que tener paciencia para atornillar a la pared cada una de las piezas.


La tercera pieza Energy Savings, es la que más me gusta porque de manera simbólica y ocurrente hace referencia al ahorro energético.

Parte también del mismo tipo de carcasa pero esta vez ha sustituido los agujeros para el enchufe por una ranura de hucha. De esta manera se puede ir metiendo dentro de ella el dinero que nos ahorramos si hacemos un uso responsable de la energía eléctrica.

No estaría mal tener una de estas en cada casa y cada vez que bajemos un grado la calefacción y apaguemos todas las luces antes de salir, podemos meter un eurito en nuestra hucha enchufe.

Lo he visto en Cribcandy.

noviembre 7th, 2007

Bombillas recicladas que sirven de lámparas

A través de Craft Magazine he tenido conocimiento de la existencia de un curioso y sencillo sistema para reciclar bombillas incandescentes tradicionales.

Gracias a él podría pedir a mis familiares y amigos que me guardasen las fundidas y cuando llegaran sus cumpleaños, recibirán un regalo acorde al numero de las que me hubieran proporcionado.


Porque, mediante un aparatito llamado Inkubator, que ha sido desarrollado por la empresa Bulbs Unlimited, es relativamente fácil fabricar, con todas las bombillas inservibles, originales lámparas que además pueden ser iluminadas con bombillas de bajo consumo.

Y si no son tan originales pues tampoco pasa nada, estaremos igualmente orgullos de ellas por haber sido hechas con nuestras propias manos… y eso vale mucho.


El mecanismo, que se vende en 3 tamaños, consiste en una especie de carcasa de plástico donde se mete la bombilla, ésta tiene incorporados unos agujeros en su superficie en los que cabe la punta de un rotulador indeleble con el que marcaremos tantos puntos como agujeros tiene el Inkubator.

Esos puntos, indican el sitio exacto en el que hay que aplicar el pegamento que suelda los Snap Buttons a las bombillas, consiguiendo que queden así unidas al resto de las que conformarán la estructura de la lámpara.


En la página web de la empresa se pueden adquirir todos los utensilios necesarios para realizar nuestras creaciones. Pueden comprarse por separado o en packs de construcción de uno o varios modelos. Su precio, de 23 a 64 euros. En realidad no es tan barato contando que las bombillas y la mano de obra van a parte.

Pero el ahorro de luz que se consigue es evidente, muchas bombillas se iluminan con el gasto de 1 y además es un buen sistema para reciclar todas esas lámparas incandescentes que un días de estos acabarán prohibiéndose.


Si se utilizara un sistema similar a este en la iluminación navideña, mataríamos dos pájaros de un tiro. Reutilizaríamos todas las bombillas que hay que dejar de usar y ahorraríamos energía mediante el efecto óptico que se produciría cuando enorme cantidad de bombillas en realidad fueran iluminas por muy pocas.



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