Suelo aprovechar estas fechas en las que poca gente está pegada al ordenador, para hacerme algo de autopublicidad y sacar del armario algunas de las extrañas piezas que durante las largas noches de invierno, me da por «perpetrar».
Estas FEEAS que ya os he presentado y que suelo usar como broches y anillos, se han ido convirtiendo también en pequeños contenedores de naturaleza viva, que más que adornar, se mimetizan con sus recipientes, proporcionándoles un aspecto de tumores verdes, algo insano.
Después de llevar más de 3 años ensamblando estos pequeños trozos de porcelana antigua, muchas del siglo XVIII , los materiales que uso, han ido transformándose y ahora además de recolocar las caras, cuerpos o extremidades de inocentes figuritas, han derivado a otro tipo de piezas, más «ortopédicas» o para ser más exactos, más vinculas con el cuerpo humano.













