junio 10th, 2018

Animales de otro mundo

No me gustan los insectos (vivos), pienso mientras intento espantar a una mosca que vuela atontada a mi alrededor. Me dan respeto, me pasa con todo lo que no puedo controlar con mis manos, y si los miro aumentados, un escalofrío me recorre la espalda.

Es visceral, reconozco que muchos de ellos son hermosos, a simple vista claro, ya que bajo sus espectaculares envoltorios esconden órganos viscosos, montones de patas, ojos, antenas, y aguijones que siempre se me muestran amenazadores, por no hablar de sus zumbidos y esa costumbres malsanas de comerse a sus parejas y progenies. Sí, ya sé lo de la polinización y todos los servicios que aportan a la naturaleza y la agricultura, lo sana que es la miel y lo bonita que es la seda… quizás alguna antigua peli de serie B tenga la culpa de mi fobia.

Bueno, para ser precisa, algunos insectos sí que me gustan, los que son de mentira o ya no se mueven… en fin.

Y entre los que me gustan y me asustan a partes iguales, quería hablar de los de Tyler Thrasher, un artista interesado en el arte y la química, al que sigo desde hace mucho tiempo. Y tanto me interesa su trabajo, que he tratado de copiar sus técnicas para aplicarla a mis objetos feeos imperfectos, sin ningún éxito, claro.

Utilizando animales, sobre todo insectos, reptiles y seres de las cuevas, pero también otros de los bosque y de mar, además de esqueletos y huesos que descubre durante sus aventuras espeleológicas, Tyler crea cadáveres cristalizados, que parecen ser rescatados de un mundo algo aterrador escondido en las profundidades de la tierra.

Según cuenta el artista, su afición por la química y la cristalización, empezó en la escuela y siguió investigando sobre el tema durante sus estudios superiores, asistiendo a clases avanzadas de química y observándola en la naturaleza, a la que conoció mas profundamente gracias a la espeleología, que le llevaba a pasarse mucho tiempo bajo tierra, metido en cuevas en las que pudo estudiar estas estructuras cristalinas en su entorno natural.

Consigue su principal materia prima, los animales que luego cristaliza, en estas cuevas, además, mientras practica senderismo va recogiendo cráneos y huesos. Sus amigos le donan los especímenes que llegan a sus manos, y recurre a entomólogos y coleccionistas para hacerse con los insectos muertos, ya que deben estar previamente estabilizados y preservados. Para ejemplares especiales, busca en tiendas especializadas y museos.

Su proceso de creación , es una colaboración afortunada entre la química, y la creatividad. Primero elige las piezas por su estética y dependiendo de su configuración decide qué compuesto va a utilizar, cual será la concentración y la cantidad y deja que los principios de la química molecular y los enlaces iónicos hagan su trabajo.

 

Crea las soluciones supersaturadas de los compuestos elegidos y, a medida que el recipiente se enfría, los iones se reconectan y según su geometría molecular se crean estructuras cristalinas de uno u otro tipo. Cómo y de qué manera lo hace, es su secreto, que tampoco es preciso que el mago nos revele todos sus trucos.

 

Cuando habla de los retos que tiene que superar para llevar a cabo su trabajo, además de la necesidad que tiene de ser muy cuidadoso por su salud, ya que usa elementos de gran toxicidad, debe preocuparse de deshacerse de los compuestos químicos de manera responsable, para no dañas el medio ambiente.

 

 

Es un trabajo que para el que ha tenido que experimentar y cometer muchos errores, debe combatir los efectos corrosivos que pueden sufrir las piezas al cristalizar, sobre todo debido a las altas temperaturas y la humedad que necesitan los químicos para decantarse. Los huesos por ejemplo, no pueden soportar muchos baños de cristalización, ya que hay riesgos de que se descompongan.

 

 

Según he leído, el artista a aprendido a aprecia los resultados insospechados que surgen a partir de una mínima variación  de las formulas, o con los cambio de los condicionantes externos, siendo sus piezas favoritas aquellas que no llegaron al resultado revisto.

 

 

Además de todo el trabajo de campo que debe hacer para localizar las piezas, este artista está muy activo en las redes sociales en las que se maneja como pez en el agua, haciendo que su trabajo se conozca internacionalmente. Además, acaba de sacar su primer libro de cristalizaciones que ha financiado a través de una exitosa campaña de crowdfunding.

 

 

Me gusta su trabajo porque es inquietante, y logra armoniza a la perfección la fragilidad de los animales muertos con la dureza del cristal, además del uso exquisito que hace del color en sus composiciones. Emplea materias primas que él mismo puede conseguir en la naturaleza con escaso valor, y con ayuda de su particular alquimia, consigue darles una apariencia mas sólida y convertirlos en “objetos escultóricos” realmente interesantes.

 

 

Por otro lado, envidio el equilibrio personal que parece haber conseguido, amalgamando ese espíritu de aventura que le lleva a internarse en profundas cuevas para conseguir sus mejores ejemplares, con la paciencia y humildad que le exige los procesos químicos de cristalización. Yo me quito el sombrero.

 

Conocía al artista y las imágenes las he conseguido en google y en su página personal.

 

mayo 24th, 2018

Girando de frío

 

 

Por aquí ando de nuevo, como tantas otras veces, intentando recuperar las buenas costumbres aunque sin grandes cosas que contar, ya que prácticamente todo está dicho por otros, con tanta abundancia y lujo de detalles, que me da cierto reparo asomarme al teclado para escribir mas de 20 palabras seguidas sobre algo que no sean mis propios asuntillos y que se resumen en: proyectos, presupuestos, fichas técnicas, y memorias justificativas…. vamos, de lo más apetecible todo.

 

 

Pero bueno, ahora que he conseguido alejarme, emocional aunque no físicamente, de las redes sociales, y me encuentro con la cabeza algo menos sucia, me ha venido un sentimiento medio romanticón, y he pensado hacerme fuerte en el Ático de nuevo, el pobre ahora se encuentra en lamentable estado de abandono, después de mis vagabundajes. Así que, voy a tratar de adecentarlo con cosas  de esas que a mí me gustan y que iré seleccionando modo random según estado de ánimo.

 

 

Para empezar a calentar los motores de la desbrozadora, elijo la forma circular una constante en mi vida, que mil veces me veo andando en círculo cual burro maquinando, con orejeras puestas y tropezando con las mismas piedras del camino.

 

 

Los círculos de hoy son de hielo,  (muy conveniente también, estoy enganchadita a The Terror), y los está creando un señor finlandés llamado Janne Käpylehto experto en energía, que ya es muy popular en su país ofreciendo diversión helada a sus compatriotas, usando mínimos recursos.

 

 

Y es que el ingeniero, ha ideado una especie de atracción de feria para bajas temperaturas, que consiste en cortar enormes círculos en hielo, con la ayuda de una motosierra, a los que añade un motor para conseguir que giren sobre sí mismos con un movimiento que se asemeja al de un carrusel pero mas sereno y relajante, y que cuenta con el gran atractivo de estar instalado en medio de maravillosos parajes naturales a -20º.

 

 

Según cuenta el autor, el primero lo ideo para divertirse él mismo en el lago Kirmusjärvi cuando estaba congelado, y lo hizo de manera manual, cortando el hielo con una motosierra y algunas rudimentarias herramientas. Acto seguido, colocó una sauna, una barbacoa e invitó a sus amigos, que estuvieron encantados con la ocurrencia. En seguida se dio cuenta que la idea podría desarrollarse más y ni corto ni perezoso, construyó la primera máquina de sierra para cortar hielo y acometer así carruseles de mayor magnitud.

 

 

El segundo que hizo fue en Helsinki, más grande y para hacerlo girar utilizó dos motores fueraborda, eléctricos silenciosos y algo de energía solar. Al anochecer, había una banda actuando y mucha gente disfrutando de la enorme pieza (250 toneladas) de hielo giratorio, bellamente iluminado por luces LED. 

 

 

En la actualizad, los círculos cada vez son mas grandes y el creador invita a que en cualquier parte del mundo con hielo, se replique el modelo. El record de esta año lo ha ganado uno de 130 metros de diámetro que ha sido hecho en Long Lake, Maine EEUU.

Ahora Janne está pensando en prototipos para interior, que parece que la cosa da para mucho mas.

 

 

Y aquí lo dejo por hoy, pensando que ante tanta tecnología de vanguardia, esta se presenta una buena manera de pasar tiempo sobre el hielo.

 

 

No sé de donde saqué la info, pero sí que fue lo último que dejé a la espera en la bandeja de borrador cuando desaparecí de aquí por tanto tiempo.

 

 

Pues qué queréis que os diga, me siento genial haciendo algo tan obsoleto y fuera de toda lógica como escribir en formato blog. Volveré pronto. SI queréis seguirme… había una cosa que se llamaba lector de feeds. ahora nadie los mira, yo acabo de desempolvar el mío y madre mía lo que ha salido!!!!!!!.

 

agosto 5th, 2016

Pez, tinta y papel

Con un poco de retraso en las actualizaciones, de nuevo asomo la nariz por el Ático para regar y ya de paso dejar historias que me interesan y que se salen estrictamente de la cosa artística.

En este caso, comparto una técnica de estampación muy antigua, que empezó siendo un reclamo comercial en las pescaderías japonesas, para acabar considerándose una popular forma de estampación.

La disciplina se  llama Gyotaku y se practica sobre todo en Japón, de donde es originaria, siendo en la actualidad una práctica artístico poética muy popular, y en las que se consigue estampaciones únicas, que reflejan la belleza del mundo submarino y a la que acompañan textos poéticos alusivos a cualidades del pez representado.

 

Conocí este mural, en el libro de Joan Fontcuberta. “El beso de Judas. Fotografía y Verdad”, en el capítulo 4, titulado “Los peces de Enoshima”, escribía sobre esta antigua técnica de grabado, que algo tiene que ver con los antiguos daguerrotipo fotográfico.

 

Copio los primeros párrafos de este capítulo, porque no quiero, ni por asomo, hacer una reescritura de la literatura de Foncuberta, líbreme Dios.

 

 

“En Enoshima, una pequeña localidad pesquera cerca de Tokio, las barcas salen cada tarde a la mar. Al regresar, los pescadores seleccionan algunas de las piezas cobradas, las empapan de tinta e imprimen con ellas sus propios carteles. Los peces hacen las veces de nuestras planchas de grabado: la presión sobre el papel les permite transferir su propia imagen. Su tamaño, su silueta, la textura de sus escamas, la transparencia de sus aletas… Los pescadores solo se permiten el retoque de los ojos, una licencia que me gustaría creer más emparentada con la magia y el juego que con la obsesión realista de fidelidad al modelo. A continuación, con una caligrafía grácil anotan la clase, el peso y el precio del pescado. Cuelgan el cartel en el interior de su tienda, junto a los otros muchos peces que ese día están a la venta y que van desapareciendo a medida que los clientes los compran y se los llevan”.

 

 

Según leo en el blog Técnicas de grabado y copio textual: “el Gyotaku es una forma de estampación muy extendida en algunos países asiáticos. Practicada por artistas, también es una actividad popular en las escuelas, en fiestas organizadas y en muchos programas turísticos de las zonas costeras. Se trata tanto de una experiencia creativa, como de un registro documental y una forma divertida de enseñar a los niños a reconocer las especies marinas.  Para este último fin, además de utilizar peces reales existen innumerables kits de plástico de todas las formas y colores.


Se originó a mediados del siglo XVIII, tal vez procedente de China, aunque las últimas investigaciones le dan su localización exacta en Japón. La impresión más antigua se remonta a 1862 durante la época Edo. Unos lo atribuyen a Lord Sakai, dirigente de la Prefectura de Yamagata y otros al samurai Naotsuna Ujiie. Indistintamente del pescador, el origen fue registrar las capturas de una buena noche de pesca, conservando la memoria de los trofeos mediante sus huellas. Un concepto tan hermoso como práctico. El artesano que los realizó quedó en el anonimato.

 

 

El término significa gyo-tah’-koo, “frotar” y “pescado”, una palabra registrada en la primera exposición celebrada en la Galería Matsuyade Tokio en 1955. Hay dos métodos para su realización: el método directo o chokusetsu-ho, en el que se aplica la tinta directamente sobre el pez y se deposita el papel encima frotando hasta obtener la impronta. Es de mayor dificultad, pero capaz de registrar con precisión las textura de las escamas y la transparencia de las aletas. El segundo, método indirecto okansetsu-ho es menos preciso y se realiza aplicando el color con una muñequilla sobre el papel apoyado sobre el animal.

 

 

Desde el punto de vista artístico muchos recogen la huella del animal con multitud de colores aplicando las técnicas del monotipo o iluminando la estampa; tampoco se limitan a estampar peces en solitario, sino que crean complejas composiciones que pueden incluir otras especies como cefalópodos, moluscos o crustáceos e, incluso, plantas y piedras. A veces el aspecto de estas impresiones es discutible desde el punto de vista estético, ya que su finalidad da más importancia al proceso y  a la fidelidad de la huella. Recuérdese que se originó con la identidad de autentificar la escala para que ningún pescador, vendedor o deportista, dudara del tamaño de una pieza si hubiera sido impresa por los medios veraces del gyotacu. Es conocida la oración…”Dios mio, permíteme pescar un pez tan grande que no tenga que volver a mentir a mis amigos”.

 

 

También contuvo connotaciones espirituales, de hecho la tinta que se utilizó fue la tinta Sumi, a la que se le conceden ciertas atribuciones mágicas para captar el alma de lo que representa. Su uso fue más allá de lo técnico para unirse al espíritu de las cosas. Analizado desde un punto de vista más prosaico, quizá este tipo de tinta fue utilizada por ser una sustancia acrílica derivada del carbón vegetal. Así el pez, una vez estampado, se disfrutaba por los placeres del alma, del orgullo…y también del paladar”.

 

 

Si tenéis curiosidad por practicar os dejo información aquí y aquí, y el trabajo de algunos artistas reconocidos que emplean esta técnica, como el maestro Mineo Ryuka YamamotoNaoki. Heather FortnerBarry SingerOdessa Kelley…

 

 

Y bueno, como el post me lo han dado hecho me voy a dedicar a ilustrarlo con imágenes que he sacado directamente de google, y tan rícamente.

 

 

junio 16th, 2016

Andando y construyendo

 

Siguiendo la idea que me ha llevado a retomar este blog para deslizarme de puntillas por las fronteras difusas entre el arte y la realidad, hoy dejo por aquí un proyecto de vida, que nada tiene que ver con la creación, aunque podría parecer… No quiero dar ideas.

 

Y es que el el señor Liu Lingchao, como si de un atlético y empecinado artista de la performance se tratase, lleva casi 10 años viajando a pie por China, transportando su vivienda sobre los hombros.


Esta hazaña le ha dado fama en China, donde le apodan el “Hombre Caracol” ya que va despacio y lleva su casa a cuestas, una construcción precaria, soportada por una ligera y resistente estructura de bambú que Liu va cubriendo con el materiales de deshecho que va encontrando a lo largo de su viaje. Capa a capa de basura, acaba convirtiéndo los palos en una ligera cabaña andante, pensada para ser transporta a hombros, en la que guarecerse de las inclemencias del tiempo. Un ejemplo de autoconstrucción a coste cero de la que habría mucho que aprender.

Para moverla, sólo tiene que introducirse en su interior, echarse el armazón, (pesa unos 60 kg  y mide 2,2 metros de altura por 1,5 metros de ancho) a los hombros, y erguirse completamente para elevar la estructura del suelo y poder caminar hasta 20 km, si el día le es propicio.

Las inclemencias del tiempo y los básicos materiales acaban deteriorando la casa, y Liu tiene que fabricarse una nueva cada año, por lo que ha mejorado sus capacidades de construcción, llegando incluso a concederse algunas licencias estilísticas, como flores de plástico y cintas de colores. Él comenta con humor que así puede aparcar en zonas nobles sin llamar la atención.

Comenzó este nomadismo de reciclaje, después de la depresión que sufrió a raíz de que muriera su padre, perdiera el trabajo y su mujer lo dejara. En situación tan lastimosa, decidió buscarse la vida recogiendo basura en la ciudad, que es donde más residuos se generan. Pero esta actividad no le daba para vivir ya que el alojamiento le costaba todo lo que ganaba, por esta razón decidió hacerse una casa portátil a coste cero, y llevarla consigo lo que le permitía trabajar y vivir sin apenas gastos, ahorrando un poco para la vuelta al pueblo.

He leído dos versiones de su viaje, uno más romántico, en la que se cuenta que se fue muy lejos hace 20 años huyendo de la desgracia, y cuando por fin decidió volver, tardó 5 años, ya que lo hizo andando y con la casa a cuestas. La segunda versión mas pragmática, es que debido a la crisis, cada poco tiempo se marcha del pueblo a una ciudad que está a 3 días de distancia, allí recoge residuos, y cuando lo vende, regresa al pueblo donde sí que tiene una casa tradicional. Cuando se le acaba el poco dinero que gana con la basura, coge de nuevo su casa móvil y vuelve al trabajo.

 

 

Su rutina es andar 50 metros con la casa, dejarla aparcada y a la vista, para volver sobre lo andado a recoge material que mete en grandes bolsas, con ellas llenas vuelve a por la casa y sigue avanzando otros 50 metros… lento pero seguro.

 

 

Y nada mas que contar ya que hay mucha información en internet por si queréis seguir investigando sobre este increíble ejemplo de resiliencia, y adaptación al medio hostil. Sólo añadir que es uno de los ejemplos de autoconstrucción con mayor sentido y dignidad que he visto en mucho tiempo, vamos que no me extrañaría que pronto me lo encontrara en alguna de esas bienales en las que tango gusta premiar iniciativas arquitectónicas casuales.

 

Definitivamente no me pongo de acuerdo conmigo misma sobre si sentir pena por las circunstancias en las que vive Liu o considerarlo un verdadero afortunado… no sé… ¿cómo lo veis vosotros?.

 

 

Lo encontré hace tiempo y las fotos la he sacado de aquí y de allá gracias a san Google.

 

 

Por cierto sin que tenga mucho que ver, me acordé del trabajo, esta vez sí artístico, de Jordi ColomerAnarquitekton se llama y hace tiempolo  dejé por aquí, aunque el sino tecnológico me mutiló las imágenes.

 

 

 

 

 

 

agosto 27th, 2014

Agua que acoge a la naturaleza

Os dejo el inspirador trabajo paisajístico que el colectivo de arquitectos gallegos Citylaboratory ha llevado a cabo en los jardines de Grand-Métis, en Quebec.

La pieza que han creado se llama Rotunda y consiste en un gran recipiente negro y circular, con un diseño que trata de mimetizarse con el entrono y que funciona como  contenedor de agua, a modo de charco gigante y elevado, en el que se pretende registrar la evolución del paisaje circundante con el paso del tiempo que poco a poco lo irá colonizando hasta que sin apenas hacerse evidente, consiga dar al entono una nueva apariencia en la que plantas y animales encuentren su espacio de convivencia.

Debe ser muy bello ver como en la superficie de agua se refleja todo el entorno, pero también resultará inquietante apreciar de como el paso del tiempo hará que este paisaje exterior que ahora tiene cabida en él sea desplazado por la propia naturaleza en su interior, que poco a poco irá tomando el espacio. Espero que no lo limpien nunca.

Según los creadores cuentan en la web, Rotonda es un jardín que se basa en la percepción atmosférica y poética de los materiales, la luz, las plantas y el paso del tiempo, una reflexión clásica en el arte de los jardines.

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