septiembre 10th, 2018

La seducción del accidente

 

Preocupada que anda una por lo dañinas que pueden llegar a ser algunas obras de arte destinadas a perdurar en el tiempo y en el espacio. Sobre todo si son grandes y se hace de ellas un uso malintencionado, o peor, si su carácter bienintencionado las convierte en un estandarte de esto y de aquellos…

 

 

Que dios me aleje pronto (negaré haberlo dicho) de ese arte que llegó para intenta solucionar cuestiones vitales del individuo, que está exento de cualquier atisbo de sentido del humor pero sí lleno de consignas que impiden valorar objetivamente su calidad y que ojalá, como llegó, se vaya la próxima temporada, o las próximas elecciones.
Siento la simplicidad.

 

Por temas como estos, cada vez miro con mas arrebato todo lo que huele a accidental, lo que esta destinado a durar una exhalación y no pretende servir para otra cosa que para causar disfrute al artista y a quien tuvo la suerte de presenciar el momento de su desaparición. Nada nuevo, desde luego.

 

 

Pensando en un trabajo que me encandile en ese sentido, me ha parecido oportuno dejar por aquí al gran Roman Signer, valeeeee, que es muy conocido, pero para los que no sepa qué hace, diré que alguien describió su trabajo como “un amplio registro de acciones seducidas por el accidente”. Suena bien no?.

 

Me resulta muy complicado definir con propiedad su trabajo, la cosa tiene miga, por lo que esta vez echaré mano de palabras de otros o de las suyas propias para poder contarle.

 

 

Según leo en su web, en sus esculturas de tiempo (así define su trabajo) investiga la transformación de los materiales a través del tiempo, enfocando la atención del espectador en la experiencia del evento, los cambios realizados y las fuerzas involucradas.

 

 

Combinando diversos objetos tridimensionales, acción en vivo, fotografía fija e imágenes en movimiento, las esculturas temporales de Signer enmarcan episodios de contención y liberación de energía, siempre con ingenio, a menudo con cautivadora rapidez y humor irresistible.

 

 

En esta entrevista que le hizo  El Cultural en el 2010, logran aproximarse de manera bastante delicada al trabajo de Roman, yo entresaco aquí párrafos.

 

“Roman Signer parece un aprendiz de mago en cada uno de sus vídeos e instalaciones, que se caracterizan por una simplicidad desconcertante y por un resultado imprevisible. Un amor dadaísta por el absurdo.

 

Las historias que cuenta Signer nacen del instinto y la liberación que da el hecho de no atender a horarios, ni calendarios, ni modas. Asimismo, de una biografía marcada por haber vivido en una parte de Europa proclive a la observación de fenómenos devastadores, por las largas caminatas por la montaña con su padre, por los juegos fortuitos con los objetos de metal que le prestaba su abuelo, por los experimentos con explosivos a los que le instaba su tío, jefe de bomberos, con los petardos de su pequeña tienda… 

 

Roman Signer es como el Buster Keaton del arte: igual de inconsciente a la hora de encarar situaciones de riesgo.  

Tal vez sea una coincidencia, pero empecé a grabar en el mismo momento en que empecé a trabajar con explosivos. Entonces, no sabía nada de cine. Justo me acababa de comprar una Super 8 y un proyector. Las primeras cosas que grabé fueron explosiones de objetos, que tenían para mí un valor escultórico”.

 

 

Mi formación es la de escultor, aunque yo me considero un científico y un aventurero. 

Me interesa lo efímero porque es una forma de tiempo que me intriga. Además, hay algo de trágico, algo que pasa y se acabó. Me gusta la fuerza, la velocidad.

 

 

-Imaginar lo que puede llegar a suceder es lo emocionante del arte. Aunque no me decepciona si algo no sucede del modo que lo imagino. Al contrario, eso me da nuevas ideas.

El azar es importante, así como el suspense y la incertidumbre.

 

 

-No aparezco en mis obras de una manera exhibicionista ni como el típico performer que toca la flauta durante horas, haciendo un poco de humo aquí y allá. Lo que yo hago no es arte escénico. Más bien realizo un proceso de iniciación. A veces de sufrimiento, a veces de limpieza. 

-Para mí el arte es el silencio tras una explosión. Algo inmenso y espeluznante. 

 

 

En cuanto a los objetos, me gusta su función múltiple, las muchas posibilidades que ofrecen, aunque no en el sentido de los objets trouvées de Duchamp. No me interesa presentar un objeto y decir: “esto es arte”. En mi obra, los objetos tienen siempre una función y una estrecha relación conmigo.

 

 

¿Cree que su trabajo sigue siendo actual? Pues no sé…¡Espero que sí! Como artista espero no estar completamente desfasado”. 

 

 

No me negaréis que salen algunas frases de esas que tanto gusta publicar en FB. De mi cosecha diré que lo que Roman hace es un delicioso divertimento artístico, y lo que hacen/mos muchos otros… puro engreimiento.

 

 

Ya lo conocía y las fotos y videos las he cogido prestadas de san google.

 

agosto 9th, 2018

Huellas de la memoria

 

Hoy no os esperéis que me ponga a hablar de temas con enjundia, que hace calor y la cabeza no me da para grandes “ingeniosidades”.

Esta especie de pereza mental, me sirve para pasar de hacerme la interesante y mostraros, sin mucha mas cháchara intrascendente, el fresco trabajo de la artista Jazoo Yang que he conocido hace nada gracias a sus piezas en las calles de Besançon durante el festival Bien Urbain, que dicho sea de paso, es uno de los eventos que mas respeto, ya que se arriesga con propuestas urbanas no absolutamente complacientes, y alejadas de la “espectacularidades y desmesuras” a las que nos tienen acostumbrados.

Para este festival la artista ha llevado a cabo 2 piezas de gran delicadeza y sentido en el contexto, pura simplicidad en unas acciones que tratan de conservar recuerdos de cosas pequeñas e íntimas que ya pasaron.
La primera, Dots, es un mural colectivo en el que que mas de 200 inmigrantes, residentes en la ciudad francesa, dejaron estampada su huella dactilar en el muro de un colegio.

Esta serie, tiene su origen en una intervención que llevó a cabo en el pueblo coreano de Busan, donde la artista cubrió con miles de huellas impresas con tinta roja, todas las paredes de una casa tradicional a punto de ser destruida por causa de la desenfrenada especulación que arrasa el país en este momento.

Según cuenta la artista, en Corea del Sur, su país de origen, la huella impresa con una tinta tradicional, tiene un valor legal equivalente a la firma, y se utiliza comúnmente en oficinas públicas y en documentos importantes o contratos, también sirve como carta de presentación. Los dedos rojos en el edificio de Busan, que finalmente fue derruido, sirven para dar testimonio de las personas que lo transitaron y los recuerdos que habitaron en él y que se perderán bajo los cimientos de las ciudades del futuro.

La segunda pieza que ha dejado en Besançon es una variación callejera de su serie Stolen Time, en la que emplea restos encontrados en las ciudades en las que trabaja. También la realizó por primera vez en Busan, que debe ser donde ella vive. Viajó por sus calles y casas, condenadas a la demolición, recogiendo pequeños objetos que formaban parte de la pintura de los muros, de los colchones de espuma, mosquiteras, plástico agrietado, maderas, cascotes, y materiales de construcción que fue apilando y ordenando dentro de una casa elegida.

 

Para su trabajo en Francia ha recopilado minuciosamente material abandonado en las propias calles de la ciudad, con los que ha compuesto un collage abstracto en forma de charco de colores. Con él ha rellenado los baches de las calles, congelado la forma intacta de los recuerdos mediante una resina transparente que revela su fragilidad, y además facilita el transito de los peatones por el pavimento.

Ha complementado esta instalación con una expo en la que presenta piezas elaboradas con la misma técnica en formato cuadro, estos ya no me interesan tanto y me pasa en general con su trabajo de galería.

Debe dar mucho gusto pasear por las calles y encontrarse con esta pieza collagera, aunque en Besançon ya hubo otro artista que de relleno baches.

Fue el querido 3ttman, uno de los primeros artistas en trabajar las imperfecciones del pavimento en sus instalaciones urbanas, primero con cemento, puro y duro que luego tintó de colores, aun podemos disfrutar de sus reparaciones de albañilería por las calles de Madrid. En Bien Urbain dejó una bellísima intervención, Mirages (vista con mis propios ojos) en la que tomó moldes de agujeros del pavimento y los rellenó con piezas de cerámica de brillantes colores, hechas a la medida de cada hueco. Pura poesía urbana.

Y volviendo a Jazoo Yang, me quedo con una de sus frases “En una época como esta, las cosas frágiles y vulnerables se vuelven aún más valiosas”.

La conocí gracias a  Bien Urbain y he sacado las imágenes de la página del festival y de las de la propia artista.

 

 

  

julio 28th, 2018

Escenas de ladrillo

 

Los trabajos de Kate Newby me tienen encandilada, y desde que los descubrí, no hace tanto, me sorprendo tratando de encontrar en los #desordenesurbanos que meticulosamente catalogo en mis paseos diarios, coincidencias con el trabajo de la artista.

 

 

Y es que sus piezas encajan a la perfección con lo que me apetece mirar y admirar, un tipo de trabajo sensible con el entorno y de sorprendente levedad en la ejecución, un canto a las minucias… casi nada!!!!!

 

 

A golpe de sutileza poética, la artista es capaz de hacernos quedar enganchados a delicados montajes que de no estar en la galería, fácilmente podrían confundirse con azarosos accidentes en el paisaje que solemos pasar por alto, pero que son los que acaban dando identidad a los escenario en los que nos movemos.

 

 

Lo que esta mujer nos presenta, es una recreación mejorada de pequeños detalles de la vida real mirados desde muy cerca, y que al estar situados en un espacio expositivo, adquieren un valor inusitado. Una vez vistos a través de su mirada, nosotros mismos trataremos de encontrarlos a nuestro alrededor y para ello nos toca miran con mas detenimiento e intención, o algo así es lo que a mí me ha pasado.

 

 

Crea piezas muy variadas, resueltas con todo tipo de materiales de uso cotidiano, telas, guijarros, vidrio, cuerdas, cemento, Todos se pueden encontrar en la calle, ella consigue dignificarlos.

 

 

Pero, las que a mí más me interesan, son las que lleva a cabo con ladrillos rústicos con los que forma una plataforma ordenada sobre la que coloca sus “esculturas mínimas”. Otras veces directamente interviene en ellos, grabando a mano huecos en los que suele insertar objetos.

 

 

Estos elementos, muchas veces los encuentra en la calle y en otras ocasiones los compra, pero en cualquier caso, es importante que vengan de cerca.

 

Estudia minuciosamente el entorno, y se detiene sobre todo en escenas de carácter efímero en las que suelen estar reflejados los usos que el hombre hace de su espacio, después trata de recomponerlas a través de una interpretación personal de los materiales implicados.

 

 

Clavos, monedas, anillas de latas, vidrios rotos, maderas, hierros, plásticos y objetos inservibles del entorno son muy frecuentes en su trabajo, otras veces copia la forma de estos objetos de uso común y los reproduce con otros materiales, plata, metal, bronce, arcilla, latón… En ocasiones, también inventa ella misma piezas, que se puedan insertarlas en los huecos que previamente ha creados en los ladrillos.

 

 

Después, los muestra al publico, jugando con el espacio expositivo, difuminando los limites para conseguir que trabajo y entorno se mezclen, y en este juego consigue implicar al espectador que intentará descubrir dónde está la creación y qué es lo que ya formaba parte del paisaje. Para disfrutar de este juego, sólo se requiere sentido común y sensibilidad.

 

 

Como mis explicaciones pueden ser muy básicas, es lo que hay, os dejo un texto mas sesudo que acompaña a su exposición en la Galería Lulu: “A menudo, apropiándose de los materiales y lo vernáculo de la arquitectura, Newby crea intervenciones escultóricas hechas a mano, que funcionan simultáneamente contra y, a su vez, con las condiciones de un ambiente dado. Evocando tanto las cualidades físicas como líricas de los materiales (usualmente mundanos, materiales corrientes como hormigón, textiles así como cerámica), su trabajo prevé un encuentro y dispone una acción –colapsando y confundiendo las líneas entre proceso y producto, el hacer y el documento.

 

 

Siguiendo su inclinación traviesa por dejar el espacio de exhibición, Newby ha creado una serie de intervenciones que se circunscriben pero a la vez van más allá del espacio habitual, el cubo blanco de Lulu, para discretamente fugarse en los alrededores.

 

 

Esta inclinación tiene poco que ver con un aire de rebeldía o de Crítica Institucional y más que ver con un rechazo explícito a situar un encuentro prefijado con el arte (es decir, como un fenómeno meteorológico). Newby busca, mejor dicho, poner en relieve, incidentalmente, las condiciones que ayudan y son cómplices de ello, la manera, digamos, en que los detalles o hechos potencialmente olvidables de un filme pueden intervenir en su trama.

 

 

A la vez cándido, simpático, y modesto casi al borde de lo imperceptible, lo que hace puede ser fácilmente confundido con un interés en lo cotidiano. Pero el trabajo de Newby no proclama necesariamente tener algún título especial o conocimiento sobre lo cotidiano, como la apreciación de lo extraordinario en lo ordinario. Está más interesada en preservar un cierto dejo, una apertura que provoca que ese tipo de percepciones sucedan”.

 

 

Un trabajo que me gustaría contemplar físicamente… pero por ahora me tendré que conformar con encontrar similitudes en los desordenes de mi calle.

 

 

Lo vi aquí y las fotos las tomé prestadas de su web y de san google.

 

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julio 13th, 2018

Aireando la casa

 

Con estos calores y contaminaciones, dan ganas de ponerse a vivir en espacios abiertos en los que corra el aire, mucho más que estar encerrado en casa, pegado al ventilador. Yo me quedaría a dormir en la placita frente a mi taller, uno de los sitios donde el verano es mas amable de Madrid. Las cañitas y los tintos de verano también ayudan.

 

 

Y hablando de hacer del espacio publico un hogar en toda regla, pienso en Thierry Mandon, un artista que se dedica a apropiarse de la calle de una manera poco invasiba, para hacer en ellas cosas tan cotidiana como acostarse y leer un libro, sentarse delante de la mesa de la cocina a tomar un vino a la luz de una lámpara, ver un partido frente al televisor, o cuidar sus plantas y embellecer su entorno.

 

 

Según cuenta el artista en su página: “Utiliza el vídeo, la fotografía, la performance y la instalación para expresar la naturaleza poética de la vida cotidiana, para hacer transformaciones sutiles, donde el espectador encuentre a la vez aspectos trágicos y cómicos de su existencia.

 

 

El personaje, una especie de arquetipo del individuo, se presentan en situaciones improbables, incómodas y absurdas. Se enfrentan con espacios de tiempo incompatibles, su condición humana, su límite, su debilidad o su poder creativo.

 

 

Estos temas dan como resultado trabajos en los que frecuentemente aparecen dos elementos, dos mundos planteados en un equilibrio precario; a menudo en busca de armonía, de una unidad estable entre el hombre y su entorno.

 

 

No todos sus trabajos están a la misma altura creativa, para mi gusto, pero bueno, un soplo de aire fresco es un soplo de aire fresco, y con estas temperaturas se agradece.

 

Me han entrado ganas de irme al campo a hacer mis propias performances, algo así como meterme en agua helada de la garganta y dar saltitos de frío.

 

 

Conocía la obra de este artista no sé bien por qué medio y las fotos las he sacado de su página web.

 


julio 7th, 2018

Contaminación como bandera

Días estos de profusión de banderas multicolor, que han venido a sumarse a las abundantes rojas y gualdas que ahora lucen algo desgastadas a causa del sol y la contaminación.

Lo siento señor Flaubert, usted dijo que debían desaparecer todas las banderas por estar manchadas de barro y sangre, pues no le hemos hecho caso y ahora tenemos banderas para cualquier ocasión… son como los rótulos publicitarios de las “grandes causas”.

Con esa sobredosis, me ha dado ganas de dejar por aquí la bandera de John Gerrard hecha de humo y contaminación.

Esta pieza, llamada Western Flag, parece una auténtica instalación site-specific y muestra una bandera negra hecha de humo oscuro y que trata de representar la amenaza que representan los niveles crecientes de dióxido de carbono en la atmósfera de la tierra.

Pero, en realidad se trata de una simulación virtual, que fue proyectada en una gran pantalla en el patio de Somerset House en Londres durante una semana, coincidiendo con el Día de la Tierra del 2017.

En este video, el humo sale de siete boquillas que se unen en una nube rectangular de humo espeso que se extiende formando la forma de una bandera harapienta movida por el viento. El escenario, un terreno estéril con piezas de maquinaria abandonada, y en el que se dividan unas pocas plataformas petrolíferas sin uso..

La película está “ambientada” en Spindletop, un yacimiento petrolífero de Texas que llegó a producir más de 100.000 barriles de petróleo por día y que se convirtió en símbolo del auge petrolero de Texas. Hoy día es completamente estéril.

Según explica el artista, los mayores legados del siglo XX no son sólo la explosión de población o los mejores niveles de vida, sino haber conseguido elevar alarmantemente los niveles de dióxido de carbono en la atmósfera. Esta bandera intenta dar visibilidad a este gas invisible, es pues la bandera que representa un nuevo tipo de orden mundial.

Además de esta reivindicación medioambiental, la obra cuestiona los límites de la realidad, dado que esta representación nítida del paisaje de Texas se construye a partir de un registro fotográfico integral del sitio, ¿quién se atreve a decir que sus imágenes en movimiento sean menos “reales” que un video digital de la misma ubicación?

Las instrucciones de esta pieza de software, son procesadas en tiempo real por un ordenador a una velocidad de 50 frames por segundo, lo que hace que cada imagen sea única y una vez proyectada es instantáneamente descartada, lo que significa que el trabajo tiene un espíritu más cercano a la transmisión de información en vivo que a la grabada.

Los espectadores pudieron ver el amanecer y el atardecer en el momento preciso y observaron los niveles cambiantes de luz y sombra a lo largo del día. La fidelidad a la vida real, simulada por el paso del día a la noche, es fiel a la naturaleza viva de la obra, constituida por momentos que desaparecen sin esperanza de recuperación.

Este paisaje post-apocalíptico se presentaba al público sobrepuesto sin ningún tipo de separación óptica, a la elegante arquitectura de Somerset House, y según he leído, si se veía desde la puerta de entrada, parecía un gran foto montaje, una imagen superpuesta groseramente sobre otra.

Chanel 4, además retransmitió por televisión,la pieza en formato de clips cortos que interrumpieron la programación regular sin ningún título o explicación, como si de un acto de piratería se tratase.

Como veis, todo un alarde tecnológico perfectamente ejecutado, para dar forma a una pieza de apariencia simple y que lanza a la atmósfera un mensaje de lo mas contundente.

Os recomiendo echar un vistazo al resto de trabajos de este hombre, todas sus piezas plantean problemas reales mediante la tecnología de la simulación, con gran ingenio y dosis de buen gusto y meticulosidad.

Después de ver sus piezas, y conocer cuales son los problemas que plantea, uno debe decidir cómo le afectan y cómo actuar,  ya que él tiene el buen criterio de no dar ningún tipo de solución.

Yo lo conocí aquí y las fotos las he sacado de la página del autor y google.

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